Escucha este artículo
En San Petersburgo, más de cuarenta buques de guerra desfilan ante los ojos de Vladímir Putin. Es 31 de julio, Día de la Armada, y el presidente quiere hacer de Rusia una potencia naval con influencia en todo el mundo. Inspirado en la época imperial, con la bandera y la cruz azul de San Andrés ondeando sobre los cañones de los navíos, semanas antes había firmado la nueva estrategia naval de Rusia bajo la imagen del zar Pedro el Grande.
Esta estrategia reemplaza la de 2015 y amplía los retos, intereses y objetivos de la seguridad del país. Es un reflejo de las aspiraciones globales del Kremlin, con una guerra en curso y Rusia enfrentada a Occidente. Sin embargo, existe una brecha entre ambiciones y capacidades: la industria rusa no está preparada para construir la cantidad de buques de guerra que exige, necesita bases para operar lejos de sus puertos y la flota de superficie ha sufrido contratiempos en Ucrania que han dejado al descubierto sus deficiencias. Ante la incapacidad para alcanzar sus objetivos, Moscú intenta ser pragmática con sus cartas.
El sueño de Rusia en los mares
Suscríbete a EOM para seguir leyendo este artículo
Lo que pasa en el mundo te afecta. Comprenderlo es más necesario que nunca
Continuar
Anual · Cancela en cualquier momento