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El populismo y la corrupción también han llegado a la República Checa

El populismo y la corrupción también han llegado a la República Checa
Andrej Babiš y Miloš Zeman al frente del gabinete. Fuente: Gobierno checo

Simbiosis, una palabra que describe con precisión la relación que une a los dos principales mandatarios checos: el primer ministro Andrej Babiš y el presidente Miloš Zeman. El primero, un oligarca que posee mayor fortuna que Donald Trump, y controla de facto los medios de comunicación del país. El segundo, un septuagenario que fue elegido por voto popular para representar al Estado, pero no se conforma con el papel protocolario que le asigna la Constitución. Las convulsiones políticas de los últimos meses no han hecho más que estrechar su interdependencia.

Casi tres décadas han pasado desde que la Revolución de terciopelo puso fin al régimen comunista en Checoslovaquia. Cuatro años más tarde, la República Checa y Eslovaquia se convirtieron en países independientes mediante un proceso de separación pacífico y cargado de símbolos de amistad. Además de la soberanía, el pueblo checo recibió el 1 de enero de 1993 una nueva Constitución, que convertía el país en una república parlamentaria. Con el recuerdo fresco de las décadas de autoritarismo y para evitar que el poder ejecutivo se volviese a concentrar en manos de una sola persona, la Carta Magna establecía dos altos cargos al frente del poder. Mientras que el primer ministro dirigiría al Gobierno, al presidente le serían delegadas funciones fundamentalmente protocolarias y representativas. En un principio, ambos cargos eran elegidos indirectamente por el poder legislativo.

Un mes después del “divorcio de terciopelo”, Václav Havel, el último presidente de Checoslovaquia y símbolo de la lucha contra el comunismo, fue investido como el primer presidente de la República Checa por mayoría absoluta en el Parlamento. Cuando, diez años más tarde, Havel dejó el cargo, le sucedió Václav Klaus y a este, desde 2013, Miloš Zeman. 

Para ampliar: “Checoslovaquia: bodas de brillantes, divorcio de terciopelo”, Abel Gil en El Orden Mundial, 2017 

Miloš Zeman, el presidente del pueblo

A diferencia de sus predecesores, el tercer presidente checo no fue elegido por las Cámaras, como lo estipulaba originariamente la Constitución, sino por voto popular. La reforma constitucional por la que el cargo del jefe de Estado pasó a depender directamente del pueblo fue aprobada por las Cámaras en 2012, a pesar de que el entonces presidente Klaus lo veía como “un error fatal”. Un año más tarde, Miloš Zeman fue elegido nuevo jefe de Estado checo.

De raíces socialdemócratas —partido que encabezó entre 1993 y 2001—, Zeman abandonó la política por siete años cuando perdió ante Klaus las elecciones presidenciales de 2003. A su retorno, hizo tabula rasa: rompió con su formación política anterior y fundó el Partido de los Derechos Civiles, o SPO por sus siglas en checo. La importancia de la figura del fundador del partido era tal que un año más tarde se aprobó un cambio de nombre, añadiendo a SPO la letra Z, que equivalía a Zemanovci, o ‘gente de Zeman’. De este modo, SPOZ se fundó y giró en torno a su líder desde su creación hasta hoy. 

Tras haber llegado a la presidencia en 2013, el nuevo jefe de Estado ha dado un giro en la política exterior checa. A diferencia de sus antecesores, Miloš Zeman es partidario de acercar a su país hacia el este: a China y a Rusia. A lo largo de su primer mandato, el presidente viajó en seis ocasiones a China, y fue el único mandatario europeo en asistir al desfile militar en conmemoración de la Segunda Guerra Mundial en Pekín. En respuesta, el presidente chino Xi Jinping eligió Praga para su primera visita a Europa Central en 2016. Entonces, con motivo de la inauguración de la iniciativa china de la Nueva Ruta de la Seda, Zeman anunció que su país se convertiría en la puerta de entrada de China en Europa. En relación con Rusia, Zeman abogó por levantar las sanciones europeas impuestas tras la anexión de Crimea, y aseguró ante los medios de comunicación que Moscú es diez veces más importante para Chequia que París.

Para ampliar: “La Ruta de la Seda pone sus ojos en Europa”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2019

Las elecciones presidenciales de 2018, en las que Miloš Zeman volvió a ser elegido, contaron con otra protagonista aparte de los aspirantes al cargo de jefe de Estado: la desinformación. Las redes sociales se convirtieron en escenario de una batalla de acusaciones, dirigidas principalmente contra el principal rival de Zeman, el científico proeuropeo Jiří Drahoš. Según las campañas desinformativas, Drahoš era un pedófilo, comunista e islamista, favorable a la creación de un califato en Europa Central. Zeman lo venció en segunda vuelta con menos de 3% de votos de diferencia. 

Andrej Babiš, “el Berlusconi checo” 

Cuatro años después de la llegada de Zeman al poder, el exministro de finanzas Andrej Babiš formó un Gobierno de coalición con el partido socialdemócrata (ČSSD). El nuevo jefe de Gobierno tenía bastante en común con el jefe del Estado. Al igual que este, había fundado su propio partido: ANO, que se traduce como ‘sí’ en checo y corresponde a “Alianza de Ciudadanos Descontentos”. El primer ministro comparte también las posturas euroescépticas y el discurso antimigratorio de Zeman y, lo que es más importante, se dirige a los mismos votantes. Pero, a diferencia del presidente, Babiš es un multimillonario y el segundo ciudadano más rico de la República Checa, con una fortuna mayor que la de Donald Trump. Entre sus propiedades, destaca el conglomerado Agrofert, que reúne a más de 250 empresas.  

Las empresas que Andrej Babiš controlaba en 2013, la mayoría dependientes de Agrofert. Fuente: Kurzy

Los negocios no son la única razón por la que el primer ministro haya recibido en la prensa internacional el apodo de “Berlusconi checo”. Al igual que el exjefe de Gobierno italiano, Babiš ostenta el control de los medios de comunicación de su país. Adquirió su primera compañía de información multimedia en 2013, y un año más tarde fue calificado como uno de los cinco oligarcas más influyentes en el universo mediático checo. En la política, el control de los medios ha jugado tanto a favor como en contra de Babiš. La cobertura favorable de su campaña le ayudó a ganar popularidad entre los electores y subir varios escalones en la jerarquía del poder. Pero le enfrentó al Legislativo, que en 2016 aprobó una ley por la que la actividad política se volvía incompatible con la titularidad de medios de comunicación. Era tan evidente que la medida estaba dirigida en contra del entonces ministro de Finanzas que recibió, popularmente, el nombre de “Ley Babiš”.

Otra polémica comprometió a Babiš cuando ocupaba ya el cargo de primer ministro. Un fraude de una década de antigüedad fue descubierto en noviembre de 2018, colocando los negocios del jefe de Gobierno en el punto de mira. Babiš se benefició, presuntamente, de los fondos europeos a través de una empresa que supuestamente había vendido en 2007, pero en realidad mantuvo en sus manos. La UE inició una investigación por un presunto conflicto de intereses y vulneración de las leyes de transparencia. Si el proceso judicial concluye confirmando las acusaciones contra el primer ministro, la República Checa estará obligada a devolver más de 17 millones de euros a los fondos europeos. Los escándalos relacionados con Babiš desencadenaron una oleada de protestas, las más multitudinarias en las últimas dos décadas. En julio de 2019, más de 250.000 personas se manifestaron en Praga pidiendo la dimisión del primer ministro.

Las ocho extralimitaciones del presidente 

La polémica persigue, como una sombra, a los dos principales mandatarios de la República Checa. Las declaraciones machistas e islamofóbicas del presidente se reflejaron incluso en la prensa internacional, mientras que los escándalos relacionados con los negocios del primer ministro amenazan con convertirse en un agujero negro en la economía checa. En verano de 2019, las actuaciones de Zeman, unidas a la pasividad de Babiš, catalizaron una reacción política sin precedentes. 

Como si del efecto mariposa se tratase, fue la destitución de directores de dos museos checos la que desató la tempestad. Numerosos representantes del mundo del arte consideraron que se trataba de un acto político, y reclamaron la dimisión del entonces ministro de cultura Antonín Staněk, del ČSSD. Ante las protestas y siguiendo el procedimiento constitucional, el primer ministro se vio obligado a instar a Zeman a destituir al ministro de Cultura. Pero Zeman no procedió con el papel que le asigna la Carta Magna. Entre las prerrogativas del presidente se encuentra la de aceptar las destituciones de los ministros a instancia del jefe de Gobierno, una facultad meramente protocolaria que no le otorga margen para negarse a hacerlo.

En efecto, Zeman no se había negado, pero evitó reunirse con Babiš en los días posteriores, alegando que la Constitución no le impone un límite de tiempo para hacerlo. 61 días más tarde, aceptó finalmente la dimisión de Staněk, pero rechazó al candidato presentado por el ČSSD para sustituirlo, a pesar de que este sea el partido responsable del Ministerio de Cultura en el Gobierno de coalición de Babiš. El ČSSD amenazó con abandonar la coalición, y el Senado pasó una moción por la que Zeman podría ser investigado por haberse extralimitado en hasta ocho ocasiones en sus funciones, entre otras por su negativa a aprobar a los miembros del gobierno o por sus acciones discordantes con la política exterior nacional.

Pero Zeman no pierde, gana. Para ser presentada ante el Tribunal Constitucional, la moción del Senado necesitaría obtener también mayoría en el Parlamento, algo que difícilmente podría suceder en una Cámara controlada por la coalición de Babiš. Podría parecer que es el primer ministro el principal perjudicado en el colapso político, puesto que son suyas las prerrogativas que Zeman está usurpando, por ejemplo la de decidir quién presidirá los ministerios. Pero una explicación propuesta por la prensa checa ofrece una perspectiva diferente. La tolerancia de Babiš hacia las acciones de Zeman podría deberse a que el actual primer ministro estuviera interesado en ampliar las prerrogativas presidenciales porque en las elecciones de 2023 querría presentarse como candidato para este cargo. 

Aferrados el uno al otro, unidos por su discurso, por el populismo y por sus votantes, Andrej Babiš y Miloš Zeman no podrían permanecer en el poder si dejaran de mantener los vínculos que los unen. La simbiosis que existe entre ellos no hace más que aumentar ante las adversidades. Se apoyan mutuamente cuando uno de los dos se convierte en objeto de controversia. Se felicitan al ser investidos y manifiestan promesas de respaldo incondicional. Y encauzan, juntos, el sistema político checo hacia un sendero nuevo, que se aleja de los preceptos constitucionales y no se sabe a ciencia cierta hacia dónde puede llevar.