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No es el fin del mundo

Cada semana el equipo de El Orden Mundial analiza los temas que mueven la política internacional para intentar desentrañar cómo funciona el mundo.

Tailandia, la potencia turística del sudeste asiático

Es uno de los países más visitados del mundo, el único del sudeste asiático que presume de no haber sido colonizado por ninguna potencia. Su destreza diplomática y su privilegiada situación geográfica, a medio camino entre China y Estados Unidos, le han dado un papel clave en Asia. Sin embargo, detrás de los templos y las playas, se esconde un país atrapado entre una monarquía todopoderosa y una democracia que nunca termina de llegar. Tailandia, la potencia turística del Sudeste Asiático, revela una realidad compleja que va mucho más allá de su exitosa imagen vacacional.

Tailandia se sitúa en el top 10 de los países más visitados del mundo, pero como ocurre en otros destinos masivos, más turismo no significa necesariamente mejor calidad de vida para quienes reciben a los visitantes. El turismo representa alrededor del 20% del PIB tailandés, mientras que en España, segundo destino global en 2024, aporta un 12%. Esta dependencia económica del sector turístico explica por qué vale la pena radiografiar el modelo tailandés y analizar sus múltiples caras oscuras: prostitución, explotación de recursos, gentrificación y narcotráfico.

La estrategia diplomática de un país que nunca fue colonizado

La historia de Tailandia es excepcional en el sudeste asiático. Antiguamente conocido como el reino de Siam, es el único país de la región que logró mantener su independencia durante la era colonial europea. Esta singularidad no fue casualidad, sino el resultado de una hábil estrategia diplomática que se ha mantenido como constante a lo largo de los siglos.

Desde el siglo XIX, cuando las potencias coloniales británicas y francesas se repartían la región, Siam supo posicionarse como un estado colchón entre ambos imperios. Los reyes siameses cedieron territorios estratégicos mediante tratados para preservar el corazón del país: entregaron el control de la península malaya a los británicos y territorios en lo que hoy es Laos a los franceses. Esta capacidad de negociación y cesión controlada les permitió mantener su soberanía mientras sus vecinos caían bajo dominación colonial.

Durante las dos guerras mundiales, Tailandia demostró nuevamente su pragmatismo diplomático. En la Primera Guerra Mundial se alineó con los aliados, convirtiéndose en el único país del sudeste asiático que apoyó con tropas al bando ganador. En la Segunda Guerra Mundial, inicialmente pactó con Japón para recuperar territorios perdidos, pero cuando la situación cambió, movimientos de resistencia como el Seri Thai trabajaron con estadounidenses y británicos, asegurando el perdón de los aliados tras la victoria final.

La geopolítica de Tailandia

El modelo turístico tailandés y sus sombras

El éxito de Tailandia como destino turístico se basa en una combinación de factores geográficos, culturales y estratégicos. Con más de 3.200 kilómetros de costas, templos budistas históricos, selvas tropicales y una gastronomía reconocida mundialmente, el país ha sabido proyectar una imagen de «isla de calma» en una región históricamente convulsa. Mientras Vietnam, Laos y Myanmar tardaron décadas en superar las herencias de conflictos bélicos, Tailandia cultivó desde los años 60 una reputación de estabilidad que atrajo tanto a mochileros como a turoperadores.

Sin embargo, este modelo turístico esconde profundas problemáticas sociales y medioambientales. La prostitución, que proliferó durante la Guerra de Vietnam cuando soldados estadounidenses pasaban largas temporadas en el país, se ha convertido en un sector que genera aproximadamente el 1,5% del PIB. En ciudades como Pattaya se calcula que más de 27.000 personas se dedican a esta actividad, la mayoría por necesidad económica más que por elección. El turismo masivo también ha provocado graves daños medioambientales: la isla de Phuket, con 400.000 habitantes, recibe 10 millones de turistas anuales, generando una saturación que ha obligado a cerrar playas emblemáticas durante años para limpiarlas de basura.

Tailandia también se ha especializado en el turismo sanitario, particularmente en cirugías de reasignación de género, con costes que rondan los 7.000 euros frente a los 50.000 de Europa o Estados Unidos. No obstante, esta especialización ha generado desigualdades en el acceso a la sanidad, creando un sistema de dos velocidades donde los turistas disfrutan de servicios premium mientras los ciudadanos tailandeses enfrentan mayores dificultades para acceder a atención médica de calidad. El futuro de Tailandia dependerá de su capacidad para equilibrar el crecimiento turístico con la sostenibilidad social y medioambiental, así como de resolver las tensiones políticas internas que amenazan la estabilidad que tanto ha costado construir.