El problema del envejecimiento
El mundo está cada vez más envejecido, aunque todavía existen desigualdades entre continentes. Mientras la media de edad de África no supera los 18 años, con países con medias tan bajas como la de Níger: 15 años, Europa es el continente más envejecido del planeta con una media de 44,5. También alberga muchos de los países con más población anciana, como Mónaco, el Estado más envejecido del mundo, Alemania, Italia o Grecia.
El resto del planeta ronda medias superiores a los 30 años, lo cuál apunta a un progresivo envejecimiento generalizado. Países como Japón ya eran conocidos por sus pirámides de población invertidas, pero otros como China tienen este problema desde hace menos tiempo. Tras décadas de políticas de hijo único para limitar la natalidad, la sociedad china se enfrenta al reto del reemplazo generacional. No es sólo un fenómeno de países ricos, de hecho, hay economías como la tailandesa o la vietnamita que envejecerán de forma más rápida a su crecimiento económico.
El envejecimiento se explica por un aumento de la esperanza de vida unido a un descenso de la natalidad. Ésta última tiene múltiples causas, desde las condiciones materiales a un cambio de mentalidad. tener hijos es una decisión libre que para muchos ya no resulta atractiva. El problema viene cuando de esa misma natalidad depende el futuro de los sistemas de bienestar, las pensiones o el mercado de trabajo.
El envejecimiento también tiene profundos impactos políticos y sociales. Las sociedades más envejecidas pueden llegar a ser más conservadoras, temerosas del futuro y menos propensas a la innovación y a tomar riesgos. La investigación, los sistemas de cuidados y los programas políticos se adaptarán más a las demandas de los mayores, descuidando las de los más jóvenes. Esto puede provocar una brecha generacional.