no es el fin del mundo logo

No es el fin del mundo

Cada semana el equipo de El Orden Mundial analiza los temas que mueven la política internacional para intentar desentrañar cómo funciona el mundo.

Los sesenta a través de Mad Men

La serie Mad Men se ha consolidado como una de las radiografías más precisas de Estados Unidos durante los años sesenta, una década que marcó un antes y después en la historia del país. A través de las oficinas de publicidad de Madison Avenue, la serie nos muestra cómo se construyó el modelo de sociedad de consumo que conocemos hoy, explorando las contradicciones de una época aparentemente dorada pero llena de fracturas sociales. Mad Men no es solo entretenimiento: es una ventana para entender la geopolítica de una superpotencia en transformación.

Los años sesenta representan un momento de inflexión fundamental para Estados Unidos. Durante esta década, el país transitó definitivamente del viejo mundo heredero de la Segunda Guerra Mundial hacia la modernidad que caracterizaría la segunda mitad del siglo XX. Esta transformación se refleja en Mad Men a través de dos fenómenos centrales: el asentamiento del capitalismo consumista como modelo económico y geopolítico, y el choque constante entre el conservadurismo de los cincuenta y las fuerzas modernizadoras que empujaban hacia el futuro.

La sociedad de consumo como arma geopolítica en Mad Men

Mad Men retrata magistralmente cómo el modelo de consumo de masas no era solo una estrategia económica, sino también un instrumento geopolítico durante la Guerra Fría. Los personajes de Sterling Cooper no solo venden productos: venden un ideal, una aspiración de vida que Estados Unidos contraponía al modelo soviético. Don Draper y sus compañeros explotan las emociones y la identidad para crear vínculos sentimentales con ciertos productos, demostrando que es posible moldear una sociedad a través de la publicidad.

La serie muestra cómo los empresarios tuvieron que hacer grandes esfuerzos para transformar una sociedad estadounidense tradicionalmente ahorradora en una sociedad consumista. A través de icónicos momentos como el pitch del proyector de fotos (el carrusel), Mad Men ilustra cómo la publicidad no vende objetos, sino recuerdos e ideales de familia perfecta. Este modelo capitalista prometía a los ciudadanos que podían ganar estatus y libertad comprando la casa, la lavadora y el coche perfecto, anulando hasta cierto punto la lucha de clases al prometer una vida mejor a cambio de mayor esfuerzo individual.

 

The Last of Us: una distopía más real de lo que parece

El choque entre conservadurismo y modernidad

La década de los sesenta en Mad Men se caracteriza por la coexistencia de dos realidades enfrentadas: quienes seguían viviendo según el modelo conservador de los cincuenta y las tendencias de cambio social representadas por la contracultura y la lucha por los derechos civiles. La serie divide magistralmente a sus personajes entre los que miran al futuro y los que permanecen anclados en el pasado.

Personajes como Peggy Olson encarnan el futuro: nunca encaja en los moldes de los cincuenta, rechaza el rol tradicional femenino y se convierte en la primera mujer publicista de Sterling Cooper, personalizando el movimiento de liberación de la mujer. En contraste, Betty Draper representa el pasado: la perfecta ama de casa criada específicamente para cumplir ese rol, que lucha por escapar de él. Mad Men muestra cómo incluso el capitalismo se adaptaba a estos cambios, incorporando técnicas novedosas como la televisión como medio revolucionario y anticipando transformaciones futuras como la importancia creciente de California y Silicon Valley.

La serie lanza un mensaje claro: el futuro y el cambio representaban la salvación para Estados Unidos. La capacidad del país para innovar y mirar al futuro, tanto en desarrollo tecnológico como en avances sociales, fue lo que consolidó su posición como superpotencia. Mad Men critica la nostalgia por un pasado aparentemente idílico, mostrando todas las sombras de esa sociedad: la desigualdad, el machismo, la violencia y las familias rotas que se escondían tras la superficie perfecta de los años sesenta.