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No es el fin del mundo

Cada semana el equipo de El Orden Mundial analiza los temas que mueven la política internacional para intentar desentrañar cómo funciona el mundo.

La geopolítica de los museos

París, mayo de 1961. El presidente estadounidense John Kennedy y su esposa Jackie aterrizan en suelo francés para una visita oficial en un momento de tensión entre Washington y el Gobierno de Charles de Gaulle. El encanto de Jackie cautiva a los franceses, especialmente al ministro de Cultura, André Malraux, quien promete algo impensable: llevar la Mona Lisa a Estados Unidos. El viaje del cuadro más famoso del mundo a Nueva York demostraría que, detrás de su sonrisa enigmática, se escondía un trasfondo lleno de política.

La geopolítica de los museos es precisamente eso: entender cómo el arte se ha convertido en un reflejo del poder mundial, una herramienta diplomática y un símbolo de influencia internacional. En este episodio de «No es el fin del mundo», grabado en directo desde Mondiacult en Barcelona, la mayor conferencia global sobre política cultural, analizamos cómo los museos han pasado de ser simples repositorios de obras a convertirse en instrumentos geopolíticos fundamentales, desde la acumulación colonial hasta las estrategias de las nuevas potencias emergentes.

Del saqueo colonial a la restitución: el arte como botín de guerra

Los grandes museos europeos como el Louvre o el Museo Británico son el resultado directo del imperialismo colonial de los siglos XIX y XX. La geopolítica de los museos se evidencia en la acumulación sistemática de obras expoliadas: los bronces de Benín, la piedra de Rosetta o el código de Hammurabi son solo algunos ejemplos de un patrimonio robado que todavía hoy constituye el principal atractivo de estas instituciones. Napoleón Bonaparte fue el gran maestro del saqueo artístico, convirtiendo el Louvre en un símbolo de poder mediante el robo sistemático de obras por toda Europa, desde Italia hasta España. Más tarde, la Alemania nazi llevó esta práctica a su máxima expresión: entre 1933 y 1945 robaron miles de piezas de arte, muchas pertenecientes a familias judías, en un expolio que servía tanto para proyectar la hegemonía cultural del régimen como para distinguir entre el «arte heroico» clasicista y el «arte degenerado» de las vanguardias.

El debate sobre la restitución del arte expoliado cobró fuerza con la descolonización en los años setenta, especialmente tras el discurso de Mobutu Sese Seko ante la ONU en 1973 denunciando el «saqueo bárbaro y sistemático» del patrimonio africano. Aunque hubo reticencias durante décadas ―con argumentos que iban desde la supuesta mayor seguridad del arte en Europa hasta la falsa dicotomía entre universalismo europeo y nacionalismo africano―, en los últimos años hemos asistido a una segunda ola de restituciones. Emmanuel Macron lideró este cambio en 2017 al declarar que el patrimonio africano no debía exhibirse solo en museos europeos, seguido por devoluciones como la de los bronces de Benín por parte de Alemania a Nigeria. En el episodio, exploramos cómo la geopolítica de los museos ha convertido la restitución en una herramienta diplomática: Francia la utiliza para recuperar influencia en África tras su expulsión del Sahel, mientras China financia museos como el de Civilizaciones Negras de Dakar para posicionarse como referente del Sur Global.

Los museos más visitados del mundo

De la Guerra Fría al siglo XXI: nuevas potencias, nuevos museos

Durante la Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética convirtieron el arte en un campo de batalla ideológico. La URSS promovió el realismo socialista como expresión de los valores comunistas, mientras Washington respondió con el expresionismo abstracto de Jackson Pollock, financiado discretamente por la CIA a través del MoMA de Nueva York. Esta batalla cultural demostró que la geopolítica de los museos no era solo cuestión de acumular obras del pasado, sino de crear movimientos artísticos que proyectaran la superioridad de un sistema político. El caso del MoMA, controlado por Nelson Rockefeller y cercano a la CIA, ilustra perfectamente cómo el arte se instrumentalizó para reafirmar la hegemonía cultural estadounidense y derrotar simbólicamente a la vieja Europa.

En el siglo XXI, nuevas potencias han entrado en escena con estrategias ambiciosas. China ha pasado de tener 25 museos en 1949 a más de 7.000 en 2024, aunque muchos son edificios vacíos debido a la destrucción de patrimonio durante la Revolución Cultural, la censura del régimen y la falta de planificación. Por su parte, los países del golfo Pérsico apuestan por importar arte y abrir filiales de grandes museos como el Louvre en Abu Dabi, utilizando la geopolítica de los museos como herramienta de poder blando para diversificar sus economías y mejorar su imagen internacional. En el episodio, debatimos cómo esta globalización del arte presenta contradicciones: mientras descentraliza un patrimonio antes concentrado en Europa, también convierte las obras en productos de consumo masivo y plantea dilemas sobre la libertad artística en regímenes autoritarios. Con Trump atacando el arte progresista en Estados Unidos y la crisis del multilateralismo dificultando iniciativas como un museo internacional bajo la Unesco, el futuro del arte oscila entre la universalidad y un renovado nacionalismo cultural.