¿Cómo será la educación del futuro?
Buena parte de lo que somos y sabemos lo aprendimos entre las cuatro paredes de un aula. A pesar de los grandes avances de las últimas décadas, la educación se enfrenta a multitud de retos. Especialmente en un mundo cambiante y tensionado. Para la Unesco, los principales desafíos a los que se enfrenta la educación en el mundo son: la digitalización y el auge de las nuevas tecnologías, la crisis climática, un mercado laboral incierto, la desigualdad y el retroceso democrático. La mejor educación del futuro es aquella que consiga superarlos y, para ello, la Unesco argumenta que hace falta un nuevo contrato social global.
La tecnología, especialmente con el auge de la inteligencia artificial, ofrece gran variedad de posibilidades, pero también muchos retos. Falta profesorado formado y puede ser un gran fuente de distracción para el alumnado. La crisis climática cuestiona si las infraestructuras de los centros educativos son las adecuadas para hacer frente a temperaturas extremas. El mercado laboral incierto demanda de nuevos puestos de trabajo que la educación no tiene porqué ofertar. La desigualdad sigue haciendo mella en quién accede a la formación y las oportunidades que esta ofrece. Y el retroceso democrático amenaza con crear sociedades sin sentido crítico, más fáciles de manipular.
Sin embargo, no todos los países sufren el impacto de estos retos de la misma manera. Tampoco tienen las mismas prioridades. hay diferentes velocidades en la educación. Prueba de ello son los resultados del cuestionado informe PISA de la OCDE, que mide las capacidades que han adquirido los alumnos de distintos países en matemáticas o lectura. Detrás de la supuesta excelencia de Singapur o Finlandia o de la mediocridad de España o Colombia se esconden factores socioeconómicos, políticas educativas muy dispares y resultados difíciles de interpretar. Con todo, la conclusión es siempre la misma: para mejorar la educación del futuro, hay que empezar en el presente.