Argelia, la bomba de relojería del Magreb
El periodista Ryszard Kapuściński describió una vez Argelia como una casba: un laberinto fácil de entrar y difícil de abandonar. Esa imagen resume bien a un país que durante décadas ha sido uno de los grandes desconocidos para Europa, pese a su enorme peso geopolítico. Bajo un régimen autoritario que cambia todo para que nada cambie, Argelia combina una economía debilitada, una población joven y desempleada, y unos yacimientos de hidrocarburos que se agotan.
En el nuevo episodio de No es el fin del mundo, analizamos por qué este país, el más grande de África y una potencia militar y energética de primer orden, podría estar acercándose a una nueva crisis, apenas seis años después de las protestas masivas de 2019. Repasamos su geopolítica, su historia y los retos que enfrenta hoy, con las elecciones legislativas del 2 de julio como telón de fondo. Si quieres entender por completo esta pieza clave del tablero internacional, te recomendamos escuchar el episodio completo.
Argelia, la bomba de relojería del Magreb: un actor estratégico e imprescindible
Argelia no es un país cualquiera. Con 2,38 millones de kilómetros cuadrados es el mayor Estado de África, aunque casi el 90% de su territorio permanece deshabitado, concentrando a sus 48 millones de habitantes en la estrecha franja mediterránea del norte. Su relevancia va mucho más allá del tamaño: posee las terceras reservas de petróleo del continente y las décimas de gas a nivel mundial, lo que la ha convertido en un socio energético esencial para Europa, especialmente de cara a 2027, cuando la Unión Europea prevé eliminar por completo sus compras de gas ruso. En el episodio explicamos con detalle cómo esa condición energética define buena parte de sus movimientos internacionales.
Además, Argelia desempeña un papel clave en materia migratoria y de seguridad, actuando como país de tránsito y origen de migrantes hacia Europa, y como muro de contención frente al yihadismo en el Sahel. Su rivalidad histórica con Marruecos, enquistada en torno al Sáhara Occidental, condiciona también la política exterior española, muy dependiente del gas argelino. Entender esta madeja de intereses cruzados es imprescindible para comprender por qué seguimos llamando a Argelia la bomba de relojería del Magreb, y en el episodio profundizamos en cada una de estas piezas del tablero.
De la colonia francesa al régimen actual
Para entender la Argelia de hoy hace falta mirar atrás. La colonización francesa, iniciada en 1830 tras un incidente diplomático casi absurdo, derivó en un modelo de ocupación total y discriminación institucionalizada hacia la población musulmana. La posterior guerra de independencia (1954-1962), una de las más cruentas del proceso descolonizador, no solo dejó al Frente de Liberación Nacional como único referente político del país, sino que marcó los pilares de su política exterior: no alineamiento, defensa de la soberanía y apoyo a los movimientos de liberación nacional, desde el Frente Polisario hasta la causa palestina. En el episodio recorremos esta historia con calma, desde las masacres de Sétif y Guelma hasta el papel de figuras como Abd al Qáder o Messali Hadj.
Ese pasado explica también los problemas estructurales del presente. El modelo rentista construido por Bumedián y consolidado por Buteflika hizo del país un Estado dependiente casi por completo de los hidrocarburos, con una legitimidad política sostenida en los ingresos del petróleo y el gas más que en la democracia. Cuando esos ingresos caen, como ocurrió antes de las revueltas de 1988 y 2019, el sistema se resquebraja. Hoy, con yacimientos históricos como Hassi R’Mel en declive, una juventud desempleada y un régimen deslegitimado, la pregunta que nos hacemos en el episodio es si Argelia, la bomba de relojería del Magreb, está más cerca que nunca de estallar, y qué significaría eso para el Magreb, para España y para Europa.
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