Pese a ser uno de los países fundadores de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) —precursora de la UE—, los Países Bajos han estado inquietos con la idea de una integración política europea desde el principio. Su idea original era formar parte de una comunidad transatlántica basada en el comercio y el liberalismo económico, pero se han visto atrapados en una comunidad europea continental de naturaleza profundamente política. Pese a la frustración que sus reticencias hacia el fondo europeo de recuperación económica por el coronavirus haya provocado en Europa, los Países Bajos no se han convertido en un país “frugal” de un día para el otro. ¿Por qué este interés por el liberalismo económico y el libre comercio? En pocas palabras: porque los Países Bajos inventaron el capitalismo.
Los Países Bajos son un país costero y muy llano, lo que hace que el mar inunde grandes hectáreas de terreno que de no ser así podrían servir para actividades económicas. Desde el siglo XIII, los neerlandeses han usado molinos de viento para drenar la tierra con el objetivo de tener más tierras arables para la agricultura. Como la construcción de estos sistemas de drenaje era muy cara, toda la comunidad tenía que invertir dinero para financiar el proyecto. Los beneficios económicos luego se repartían entre los inversores, lo que hizo que muchos neerlandeses empezaran a participar en estas inversiones, dando lugar a un mercado de créditos. Esta solución rudimentaria a la financiación de los molinos sentó el precedente a la compraventa de acciones que más tarde serviría para financiar grandes empresas, y de esta manera los Países Bajos se convirtieron muy pronto en un país de capitalistas.
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