A finales de 1945, la Unión Soviética exigió a Turquía que le cediera dos provincias y le permitiera poner bases militares en su territorio. Por si la oferta no resultaba convincente, Stalin envió a miles de soldados del Ejército Rojo “de maniobras” a Bulgaria, junto a la frontera turca. Ahora Vladímir Putin también tiene exigencias y sus soldados andan de maniobras junto a la frontera con Ucrania. Y como entonces, Estados Unidos también se plantea qué hacer.
El Gobierno de Truman quiso mandar un mensaje a la URSS de un modo bastante espectacular. Como el embajador turco en Washington acababa de morir, el presidente ordenó repatriar sus restos a bordo del acorazado Missouri, escoltado por un crucero y un destructor. La demostración de fuerza y el recibimiento entusiasta que los buques tuvieron en Estambul provocaron una airada reacción soviética, pero la advertencia funcionó. Solo unos meses después, Stalin canceló aquellas “maniobras” junto a Turquía, poniendo fin a lo que muchos consideran el primer capítulo de la Guerra Fría.
Sin embargo, ahora no parece que Joe Biden vaya a enviar al Missouri a Ucrania. El presidente dice que Rusia “pagará un alto precio” si invade, pero solo se plantea enviar militares a los países cercanos que sí están en la OTAN. Cuando Biden habla de una “respuesta económica severa y coordinada”, a nadie se le escapa la palabra “económica”, en particular al afligido presidente ucraniano. Cuando el secretario de Estado de EE. UU. dice que Putin quiere volver a la Guerra Fría es difícil no preguntarse si sus conciudadanos estarían preparados para repetir esa era.
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