No, los estadounidenses ya no están dispuestos a una nueva Guerra Fría con Rusia

Una invasión de Ucrania pondría a Estados Unidos ante la posibilidad de una nueva Guerra Fría con Rusia. Pero los estadounidenses están hoy más divididos y menos comprometidos con la defensa de sus aliados europeos que entonces y no creen que su principal enemigo sea Rusia, sino China.
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No, los estadounidenses ya no están dispuestos a una nueva Guerra Fría con Rusia
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A finales de 1945, la Unión Soviética exigió a Turquía que le cediera dos provincias y le permitiera poner bases militares en su territorio. Por si la oferta no resultaba convincente, Stalin envió a miles de soldados del Ejército Rojo “de maniobras” a Bulgaria, junto a la frontera turca. Ahora Vladímir Putin también tiene exigencias y sus soldados andan de maniobras junto a la frontera con Ucrania. Y como entonces, Estados Unidos también se plantea qué hacer.  

El Gobierno de Truman quiso mandar un mensaje a la URSS de un modo bastante espectacular. Como el embajador turco en Washington acababa de morir, el presidente ordenó repatriar sus restos a bordo del acorazado Missouri, escoltado por un crucero y un destructor. La demostración de fuerza y el recibimiento entusiasta que los buques tuvieron en Estambul provocaron una airada reacción soviética, pero la advertencia funcionó. Solo unos meses después, Stalin canceló aquellas “maniobras” junto a Turquía, poniendo fin a lo que muchos consideran el primer capítulo de la Guerra Fría.

Sin embargo, ahora no parece que Joe Biden vaya a enviar al Missouri a Ucrania. El presidente dice que Rusia “pagará un alto precio” si invade, pero solo se plantea enviar militares a los países cercanos que sí están en la OTAN. Cuando Biden habla de una “respuesta económica severa y coordinada”, a nadie se le escapa la palabra “económica”, en particular al afligido presidente ucraniano. Cuando el secretario de Estado de EE. UU. dice que Putin quiere volver a la Guerra Fría es difícil no preguntarse si sus conciudadanos estarían preparados para repetir esa era.

La determinación de luchar

¿Hasta dónde estarían dispuestos a llegar los estadounidenses para defender a sus aliados europeos hoy? A principios de los cincuenta dos de cada tres consideraban que contener el comunismo era más importante que evitar una guerra. Incluso en 1974, ya tras el fracaso en Vietnam, más de un 70% pensaba que la expansión del comunismo en Europa era una amenaza para Estados Unidos y el 80% creía que evitarla era importante. Hoy apenas el 60% cree que su país debería defender militarmente a un aliado de la OTAN en caso de conflicto armado con Rusia.

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En el caso de Ucrania, que no está en la OTAN, solo un 25% cree que hay que entrar en guerra con Rusia si la invade. Es la mitad que el pasado verano, cuando el conflicto parecía menos probable, y al mismo nivel que tras la anexión rusa de Crimea en 2014, cuando la mitad de los estadounidenses quería que su país no se involucrara demasiado.

Por otro lado, casi el 40% de los estadounidenses afirman que Rusia no es amiga de Estados Unidos, pero solo un 25% la señalaba directamente como enemiga. Puede tener que ver con que, a diferencia de durante la Guerra Fría, Rusia y sus aliados no son ya el enemigo único e indiscutible: en junio de este año, los estadounidenses que señalaban a China como la principal amenaza para su país son más del doble de los que mencionaban a Rusia

Rusia, China, demócratas y republicanos

Aunque los demócratas hayan sido el partido tradicionalmente más a la izquierda en EE. UU., en el papel de “halcones” frente a la Unión Soviética han estado mano a mano con los republicanos. Fue un presidente demócrata, Truman, quien ideó la doctrina de la contención para frenar la expansión del comunismo y no dudó en ponerla en marcha hasta sus últimas consecuencias llevando a Estados Unidos a la guerra de Corea. También fue un demócrata, Lyndon Johnson, el que hizo lo mismo pero a un precio más alto en Vietnam.

La Guerra Fría fue mayormente una política de Estado. Sin embargo, durante la presidencia de Trump, las percepciones sobre Rusia y China se han visto contaminadas por la política partidista. La operación rusa para apoyar a Donald Trump en las elecciones de 2016 y sus conflictos con China han contribuido a cambiar las posturas de republicanos y demócratas sobre el Gobierno ruso.

Vladímir Putin es en general impopular en Estados Unidos, pero los republicanos confían en él más del triple que los demócratas. De hecho, el presidente ruso es más popular que Joe Biden entre los votantes de Trump. En esta valoración hay mucho de política interna: cuando se pregunta a los estadounidenses sobre qué temas debería tratar Biden con Putin, los que mencionan la hostilidad de Rusia hacia sus países vecinos son la mitad de los que quieren que Biden exija responsabilidades por los ciberataques en EE. UU. y casi la misma proporción que quiere que Rusia responda sobre sus operaciones de injerencia electoral.  

En las opiniones sobre Rusia también influye el ascenso de China. Si Pekín ha desplazado a Moscú como “la principal amenaza” a ojos de muchos estadounidenses, es en parte por una realidad económica pero también por un discurso partidista. Desde Nixon, los republicanos habían habían abogado por tener buenas relaciones con China tanto como los demócratas, pero el gran argumento de la campaña de Trump de 2016 era que los dirigentes chinos habían “engañado” a los líderes estadounidenses durante décadas para desmantelar su industria estadounidense. Por eso prometía mano dura contra Pekín. 

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Desde que llegó a la Casa Blanca, Trump ha presumido de sus buenas relaciones con Putin. Sin embargo, su relación con el líder chino, Xi Jinping, pronto derivó en una costosa guerra arancelaria y en duras recriminaciones sobre el coronavirus. Trump también quiso vender que China estaba tratando de manipular las elecciones a favor de Biden y no que Rusia estaba ayudándole a él. Una teoría que los servicios de inteligencia estadounidense han descartado, pero que muchos votantes republicanos mantienen a pies juntillas.

Tan politizada está la relación con Rusia que, cuando se pregunta a los votantes republicanos sobre en qué temas es esencial la colaboración con Putin, su prioridad es cooperar para reducir la influencia de China en los asuntos mundiales. De hecho, gran parte del conocimiento que se tiene en EE. UU. de la tensión entre Ucrania y Rusia viene por asuntos de política interna: el primer impeachment a Trump se produjo porque se le acusó de haber chantajeado al presidente ucraniano con cortarle las ayudas si no le proporcionaba información comprometedora contra… Joe Biden.

¿Quiere Estados Unidos seguir liderando el mundo?

Con todo, la principal diferencia entre el Estados Unidos que peleó la Guerra Fría y el que ahora se enfrenta al desafío de Putin está en el modo en que ve su papel en el mundo. En 1964, solo un 20% de los estadounidenses creía que su país debía pensar en sí mismo y dejar que el resto de naciones se entendieran como pudieran; en 2013 ya eran más de la mitad. Hoy el 45% cree que son pocos los problemas del país que se pueden resolver mediante la cooperación internacional.

Estados Unidos es un país de tradición aislacionista para el que la Guerra Fría, un periodo activo internacionalmente, es casi más la excepción que la regla. Sin embargo, aparecen una vez más claves de política interna: el mensaje de Trump de “América Primero” o la visión más internacionalista de Biden tienen pleno acomodo entre sus electores. Un 58% de los republicanos cree que EE. UU. “debe ser un país autosuficiente que no necesite depender de otros” frente a solo un 18% de los demócratas. Por el contrario, un 80% de los votantes del partido de Biden cree que hay que “coordinarse y colaborar con otros países para solucionar asuntos globales”, el doble que los de Trump.

Estados Unidos lideró la fundación de un nuevo sistema internacional tras la Segunda Guerra Fría y ha venido manteniéndolo desde que ganó la Guerra Fría. Pero sus crecientes reticencias a ejercer el liderazgo mundial y esas tremendas divisiones internas sobre cómo jugar su papel en el mundo están afectando a su postura no ya para Ucrania, ni tan siquiera frente a Rusia, sino en todos los aspectos. 2022 ha empezado con una primera prueba de fuego frente a un viejo enemigo. Una invasión rusa de Ucrania puede ser un paso adelante indisimulable en el declive de Estados Unidos como gran potencia hegemónica.

Carlos H. Echevarría

Madrid, 1983. Licenciado en Periodismo y Master of Arts in Elections and Campaign Management por la Fordham University de Nueva York (Fulbright 2013). Analizo la política y la historia de EEUU en diferentes medios. Estuve allí cuando Obama ganó las primarias y cuando Trump juró el cargo, así que ya lo he visto (casi) todo.