México tendrá una mujer presidenta por primera vez en su historia. Claudia Sheinbaum, candidata de la coalición oficialista Sigamos Haciendo Historia, sucederá a Andrés Manuel López Obrador, de acuerdo con los resultados publicados por el Instituto Nacional Electoral. La candidata progresista ha duplicado en votos a su rival principal, Xóchitl Gálvez, que encabeza la alianza entre los grandes partidos tradicionales. El resultado también confirma el freno a la ultraderecha que se abre paso por Latinoamérica.
A diferencia de Brasil, Argentina o Chile, en México no ha surgido una figura ultraderechista que acapare el descontento reciente. Aunque la democracia se ha debilitado mientras aumentan los asesinatos y las desapariciones, el país no ha enfrentado una crisis institucional o económica como las que catapultaron a Jair Bolsonaro, Javier Milei y José Antonio Kast. Lo intentó el actor, productor y activista ultraconservador Eduardo Verástegui, pero no consiguió el apoyo necesario para inscribir su candidatura. Es el último líder de un sector que la sociedad y la política mexicanas han vuelto a dejar al margen.
Un espacio ajustado
Verástegui representa una ultraderecha mexicana con más apoyo internacional que nacional. En 2022 auspició la primera edición de la Conferencia Política de Acción Conservadora estadounidense en México, que contó con Milei, el estratega político estadounidense Steve Bannon, Eduardo Bolsonaro, hijo del expresidente brasileño, o (virtualmente) el presidente de Vox, Santiago Abascal. El productor mexicano se encumbraba como una voz contra López Obrador y, desde el segundo país más poblado de Latinoamérica, contra la izquierda regional, rechazando el aborto, la eutanasia, y la adopción y el matrimonio igualitarios.
Sin embargo, Verástegui no consiguió el respaldo de ningún partido y chocó con el sistema electoral mexicano. En México, un aspirante a la presidencia necesita reunir las firmas de al menos el 1% del censo electoral (980.000 personas d...