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Suscripción Cartografía Geopolítica Oriente Próximo y Magreb

La geopolítica de Turquía

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Turquía es el decimoséptimo país más poblado del mundo. Constitucionalmente es un país laico pero, con unos 85 millones de personas, cerca del 98% de la población es musulmana. La distribución geográfica del país ha marcado su historia y su geopolítica. La idea de Turquía como un puente entre dos continentes no es baladí, sino que es uno de los factores fundamentales para entender las dinámicas internas y externas que vive el país.

Por un lado, Turquía es víctima de su geografía, que juega un papel esencial en la geopolítica nacional. La posición de paso de Turquía se puede apreciar en los numerosos puertos que rodean sus costas. Algunos como el de Ambarli (Estambul) han sido puntos estratégicos durante siglos. Con acceso al mar de Mármara, al Bósforo y al Mar Negro, se convierte en una pieza clave para hacer llegar productos europeos al resto del mundo. Algunos de estos puertos —como el de Ceyhan— son, también, el punto de salida de miles de barriles de crudo que llegan a ellos desde Oriente Próximo o el Cáucaso a través de los oleoductos que recorren el este del país. 

El papel de puente energético de Turquía le ha dado un peso importante con sus vecinos europeos. Además de los oleoductos y gasoductos existentes, se están desarrollando nuevos proyectos como el gasoducto conocido como TurkStream, que cruza el Mar Negro. Este pretende evitar que las exportaciones rusas pasen por Ucrania, lo que da aún más peso geoenergético a Turquía en la región.  

En el abastacimiento de gas natural al occidente europeo, Turquía juega un papel crucial desde el sureste.

El desarrollo de infraestructuras como presas, puertos, centrales nucleares o aeropuertos se enmarca en la política de inversión pública que se ha llevado a cabo en las últimas décadas bajo el gobierno del AKP.  Sin embargo, su papel como nudo energético y ese desarrollo de infraestructuras también ha supuesto un desafío en materia de seguridad para el Gobierno del país. Los conflictos con grupos terroristas kurdos como el PKK han hecho que muchas de estas construcciones estratégicas se conviertan en objetivos principales

Internamente la cuestión kurda sigue siendo un asunto extremadamente delicado a nivel sociopolítico y de seguridad. Turquía es el país del mundo que más kurdos alberga. La violencia entre las fuerzas de seguridad y grupos insurgentes como el PKK ha dejado 40.000 muertos y cientos de miles de desplazados en los últimos 40 años.

La posición de Turquía también ha jugado un papel en los conflictos territoriales que tiene el país con algunos de sus vecinos. La disputa con Grecia por las aguas del Egeo y por el control de la isla de Chipre son parte de la historia del continente. Desde la fundación de la República Turca el nacionalismo heleno y el turco han chocado en las aguas del Mediterráneo. La máxima expresión de este conflicto es la valla que divide la isla de Chipre desde 1974, uno de los  conflictos más antiguos del continente europeo que no tiene vistas de resolverse. Actualmente, el descubrimiento de gas en el Mediterráneo oriental ha reabierto viejas heridas y ha hecho resurgir la lucha geopolítica entre las potencias de la zona por el control de los recursos.

Chipre es una isla partida en dos entre el Gobierno grecochipriota reconocido internacionalmente en el sur y la Administración turcochipriota —que solo Turquía reconoce— en el norte.

La otra zona conflictiva para Turquía es la frontera con Siria. El estallido de la guerra civil supuso un caos a las puertas del país. Por un lado, abrió la puerta a la oportunidad de recuperar su posición como mediador en Oriente Próximo y de ganar más influencia regional. Por otro, Turquía ha tenido que hacer frente a grandes desafíos estos años. La llegada de millones de refugiados es uno de ellos. Pero la amenaza de que se creara un espacio seguro para la insurgencia kurda en el norte de Siria ha sido el más delicado de todos. Esta posibilidad impulsó a Ankara a tomar un papel más activo en el conflicto. Con operaciones como “Rama de Olivo” o “Escudo del Éufrates” Turquía ha establecido una zona bajo su control en la frontera. También ha prestado apoyo a milicias islámicas y grupos opositores, lo que ha atado mucho más el devenir de la frontera sur de Turquía al desarrollo del conflicto interno sirio. 

Por último, cabe destacar el papel que Turquía ha jugado históricamente como miembro y aliado estratégico de la OTAN. Es el segundo ejército más grande de la alianza —con más de 435.000 unidades— y alberga bases tan importantes como la aérea de Incirlik. Pese a las tensiones que ha habido entre Turquía y los socios de OTAN, Ankara sigue siendo un aliado de peso y con una localización estratégica para la alianza atlántica.