¿Dónde están los faros en la Unión Europea? - Mapas de El Orden Mundial - EOM
Localización de los faros en la Unión Europea

Cartografía Economía y Desarrollo Europa

¿Dónde están los faros en la Unión Europea?

Descripción del mapa

El ser humano no tardó mucho en lanzarse al mar y conseguir desplazarse a través del agua con relativa facilidad. Los egipcios y los fenicios fueron los encargados de abrir las primeras vías de navegación, buscando siempre ampliar sus lazos comerciales. En esa fase inicial de la navegación marítima las embarcaciones eran muy básicas, y el recorrido solía realizarse durante el día y bordeando la costa continental. Poco a poco, a medida que los barcos surcaban aguas desconocidas y cada vez más profundas, los mareantes comenzaron a anotar elementos naturales ―árboles, playas o formaciones rocosas― que les permitieran orientarse y ubicarse desde el agua.

Pronto esos elementos empezaron a perder su efectividad conforme el mapa marítimo se ampliaba, por lo que empezaron a erigir montones de piedras con señales identificativas para facilitar la tarea de los mareantes. Estos recogían toda esta información en sus periplos, un documento antiguo que servía para reflejar el desarrollo de un viaje por mar para guiar a futuros navegantes, desde el viento o las corrientes hasta los bancos de arena o las señales de orientación.

¿Quieres recibir contenidos como este en tu correo?

Apúntate a nuestro boletín semanal

No fue hasta que el ser humano comenzó a entender el firmamento, es decir, a guiarse gracias a las estrellas, cuando las embarcaciones comenzaron a navegar también por la noche. Fue en ese mismo momento cuando se empezó a hacer uso de los primeros faros, simples hogueras que se trataba de mantener siempre encendidas. Homero dejó constancia de estos fuegos en la Odisea, en el siglo VIII a.C.

Fueron los griegos los primeros que comenzaron a construir torres más estables para albergar las hogueras. El ejemplo más conocido es El Coloso, una estatua de 40 metros de alto construida en bronce en honor a Helios, el dios del Sol, en la isla griega de Rodas en el año 280 a.C. Sin embargo, no fue hasta la aparición del faro de Alejandría en la isla egipcia de Faro, en el año 279 a.C., cuando estas construcciones comenzaron a recibir tal nombre.

Del mar territorial a la zona económica exclusiva

Más tarde, los romanos continuaron la costumbre de levantar torres altas en la entrada de los puertos para indicar hasta dónde abarcaba la tierra. De hecho, el faro más antiguo que permanece en activo en la actualidad es de origen romano. Se trata de la Torre de Hércules, situada en la ciudad española de A Coruña y construida en el siglo I.

La caída del Imperio romano fue acompañada por una época oscura de guerras y migraciones que arrasó la navegación mercante. Muchos faros fueron destruidos y apenas hubo avances en su construcción. Pero el comercio volvió al mar y en el siglo XII el transporte mercante europeo revivió con dos focos principales: el Mediterráneo y los mares del Norte y el Báltico. Poco después, en 1356, se crea la Liga Hanseática, una federación comercial y defensiva que aglutinó a multitud de ciudades bálticas, alemanas, neerlandesas, suecas, polacas y rusas. Fruto de esta unión comercial se erigieron numerosos faros en las costas de la zona, como en el estrecho de Kattegat, muchos de los cuales continúan hoy en activo.

Los países del mundo por superficie marítima

No obstante, el verdadero desarrollo de los faros se produjo en el siglo XIX. Hasta ese momento se había empleado leña, carbón y lámparas de aceite para iluminar los faros, con sus consecuentes problemas logísticos y dependencia de los fareros. En el siglo XVIII Aimé Argand inventó la lámpara Argand, la cual daba una luz mucho más constante, pero fue la llegada de la electricidad lo que marcó un antes y un después en el mundo de la navegación. También fue decisiva la invención de la lente de Fresnel en 1822, un tipo de lente compacta que permitió fabricar lámparas mucho más ligeras a la vez que se aumentaba la distancia desde la que se podía observar la luz. Se dice de ella que salvó la vida a millones de marineros. Fruto de ambas revoluciones, la electricidad y la lente de Fresnel, los faros comenzaron a ser construidos también más allá de tierra firme, en rocas y escollos peligrosos.

La lente de Fresnel también se convirtió en el sistema para distinguir a cada faro de los demás. Y es que cada uno de ellos cuenta con una luz característica determinada por un color, un número y un intervalo de haces de luz concretos, perfectamente identificable desde el mar para los marineros más experimentados.

La geopolítica de la arena, un recurso imprescindible y sobrexplotado

Artículos relacionados

Comentarios