España se enfrenta a una de las peores catástrofes climáticas de su historia. Desde el comienzo de las lluvias torrenciales el pasado 29 de octubre en el este del país, más de 210 personas han perdido la vida en las inundaciones que han asolado Valencia y otras provincias del Levante. Por número de fallecidos, ya son las terceras peores inundaciones de los últimos 80 años.
Las cifras provienen de la Emergency Events Database (EM-DAT), una base de datos creada en 1988 por el Centre for Research on the Epidemiology of Disasters y la Organización Mundial de la Salud y que ha recopilado un total de 112 desastres ocurridos en España entre 1941 y marzo de 2024.
El número acumulado de fallecidos supera los 37.000, aunque la inmensa mayoría de ellos —el 95%— son atribuibles a eventos de temperaturas extremas como las olas de calor en Andalucía en 2003 o en el conjunto del país en 2022 y 2023, las tres catástrofes naturales más mortíferas jamás registradas en España desde que hay datos.
Las inundaciones son el segundo tipo de desastre que más víctimas se ha cobrado, con un total de 1.355 muertes. Dos riadas destacan por encima del resto: la de Barcelona de 1962 y la de Granada, Almería y Murcia de 1973, que acabaron con la vida de 445 y 500 personas, respectivamente.
Los terremotos —como el de Lorca en 2011— y los incendios —20 muertos por el fuego en Teruel en 1994— son otros de los eventos extremos que aparecen en la base de datos.
A nivel meteorológico, la DANA (o gota fría) es un fenómeno habitual en el Mediterráneo, aunque rara vez había alcanzado este nivel de destrucción. Un primer informe basado en observaciones apunta al cambio climático como responsable del desastre que se está viviendo estos días: las lluvias torrenciales han sido un 12% más intensas y el doble de probables de lo que habrían sido sin calentamiento global, según World Weather Attribution (WWA).
El consenso científico es indiscutible: el cambio climático producido por la acción humana está acelerando los fenómenos meteorológicos extremos, haciéndolos cada vez más frecuentes y devastadores. Esto no significa que cada desastre natural que sucede en el mundo sea atribuible en exclusiva al cambio climático. La evidencia apunta más bien a un tendencia generalizada y exponencial: otro estudio reciente de WWA concluyó que los 10 eventos meteorológicos extremos más mortíferos de los últimos 20 años fueron aún más intensos debido a los efectos del cambio climático. Casi 600.000 personas murieron en estos desastres.
Las inundaciones, como la que ha ocurrido en Valencia y otras regiones del Levante español en los últimos días, forman parte de la ecuación: solo en las últimas tres décadas las anegaciones registradas en la Unión Europea han afectado a 5,5 millones de personas, han causado 3.000 muertes y más de 170.000 millones de euros en daños económicos. Algo parecido sucede con las olas de calor y otros fenómenos climáticos extremos, especialmente graves en el continente del mundo que más rápido se está calentando por el cambio climático.




