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Los chalecos amarillos, la primera gran crisis de Macron

Los chalecos amarillos, la primera gran crisis de Macron
Protestas de los chalecos amarillos en el centro de París. Fuente: Olivier Ortelpa

Las protestas de los chalecos amarillos en Francia son cada semana que pasa un dolor de cabeza mayor para Macron y su presidencia. Lo que en origen era una demanda contra la subida de los carburantes se ha extendido a otras reclamaciones contra sus políticas y estilo, lo cual evidencia viejos problemas estructurales en Francia.

Todo empezó donde otras tantas cosas en este siglo XXI: en internet. El pasado mes de mayo una ciudadana francesa llamada Priscillia Ludosky lanzaba en la web Change.org una petición de firmas —que ya lleva más de 1,12 millones de respaldos— en la que exigía soluciones a las continuas subidas de los carburantes en Francia. Varios meses después, este asunto comenzó a hacerse viral en Facebook y dio el salto a los grandes medios de comunicación. A través de esta red social y de forma bastante autónoma, el 17 de noviembre casi 300.000 franceses se manifiestan por todo el país portando los ya icónicos chalecos amarillos, obligatorios en los vehículos en caso de incidente.

Pero no es en París o las grandes ciudades donde se dan las protestas y los bloqueos de carreteras, sino en la Francia rural y semiurbana. La subida al combustible que plantea Macron, en un intento por combatir la contaminación y el cambio climático, es un gasto añadido importante para muchas familias en cuyas vidas el coche es un instrumento crucial. Fuera de las grandes urbes del país, la escasa densidad de los pueblos y vecindarios en los que vive la mayoría de los manifestantes dificulta tener servicios cerca: ...

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