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Entre establishment y escépticos: las nuevas alianzas en el Parlamento Europeo

Entre establishment y escépticos: las nuevas alianzas en el Parlamento Europeo

El futuro de la UE pasa por una fecha clave a finales de este mes: entre el 23 y el 26 de mayo se celebrarán las elecciones al Parlamento Europeo. En un momento en el que el euroescepticismo está adquiriendo una enorme presencia en la escena comunitaria y en el que las agendas de los partidos europeístas van por caminos diferentes, la integridad del proyecto europeo está en juego.

Ante la irrupción de las derechas iliberales, Europa contiene el aliento de cara a la cita electoral de mayo. Los voceros que han sabido canalizar en su favor la incertidumbre y la frustración de los desencantados con el proyecto europeo se presentan con más fuerza que nunca a las elecciones al Europarlamento. Hoy ya podemos encontrar en la mayoría de países de la Unión partidos de extrema derecha, que promueven en sus Parlamentos un discurso marcado por el euroescepticismo, la islamofobia y la defensa de los valores tradicionales, entre otros. Por lo general, se oponen a ciertos aspectos de la globalización seduciendo a su electorado con opiniones fuertes respecto a la inmigración, la deslocalización empresarial o el multiculturalismo. Bien es cierto que no conforman un grupo totalmente homogéneo, pero parece que, de cara a las próximas elecciones, se disponen a conformar una nueva familia política que augura crecer en representación.

Para ampliar: “La unión euroescéptica ante las europeas”, Álex Maroño en El Orden Mundial, 2018

Frente a ellos, los partidos europeístas hegemónicos se lanzan con propuestas de mayor integración de los países dentro de la UE. En esta línea, su discurso se ha basado en defender que el avance de la extrema derecha solo se puede frenar con una mayor integración supranacional que pueda suplir las carencias que en muchos aspectos sufre la ciudadanía europea. Aunque esta sea la propuesta por la que se decantará la mayoría del electorado según los sondeos, hay un cierto desencanto con el establishment europeo que indica que los principales partidos que forman la mayoría parlamentaria —Partido Socialista Europeo (PSE) y Partido Popular Europeo (PPE)— perderán un número importante de asientos en el Europarlamento. Incluso si el proyecto integrador consigue formar una gran coalición, las diferencias ideológicas de ambos grupos podrían dificultar más su devenir político.

Reagrupamiento de la coalición euroescéptica

Todo apunta a que en los siguientes comicios vamos a ver una reestructuración de las grandes familias euroescépticas. Estratégicamente, las derechas soberanistas se han inclinado por ejercer un mayor control en la eurocámara en vez de optar por la salida de la Unión. ¿Por qué este cambio de ruta? La explicación está en el crecimiento en votos de estas fuerzas. Es el caso de la Liga de Matteo Salvini, vicepresidente italiano y punta de lanza de esta familia; según los pronósticos, la Liga será la segunda formación europea que más escaños obtendrá, solo por detrás de la Unión Demócrata Cristiana de Merkel. Con la vista puesta en el sorpaso a las fuerzas de derecha moderada del establishment europeo, estas formaciones han apostado por suavizar su discurso en algunos aspectos. Por ejemplo, la consulta sobre el artículo 50 del Tratado de la UE, que hace referencia a la salida de la Unión de los Estados miembros, estaba presente en el programa del partido de Le Pen para las presidenciales francesas de 2017. No obstante, en sus últimas declaraciones se posicionaba en contra de la salida argumentando que “solo trae dificultades”, un giro prudente teniendo en cuenta que la mayor parte del electorado europeo tiene una opinión favorable de la UE. El euroescepticismo ha rebajado sus demandas con el objetivo de hacerse más transversal; ha dejado de pedir la salida de la Unión para reclamar más soberanía dentro de una “Europa de las naciones”.

Aunque la política identitaria es el factor común de estos partidos, existen ciertas líneas rojas que han impedido que la familia sea aún mayor. La relación de cada formación con Rusia, su ubicación en el espectro salida-permanencia en la UE o su recorrido político son algunos de los factores que serán determinantes en la configuración final. Ahora mismo, el euroescepticismo está repartido en tres grupos principales: los Conservadores y Reformistas (ECR por sus siglas inglesas), la Europa de la Libertad y la Democracia Directa (EFDD) y la Europa de las Naciones y la Libertad (ENF). Pero este escenario está a punto de experimentar grandes cambios. En este momento, Salvini está atrayendo a muchos de los partidos de los dos primeros grupos al último, más escorado a la derecha. Ya se reunió en un acto simbólico organizado en Milán con los líderes de los ultraderechistas Partido Popular Danés y Partido de los Finlandeses —antes conocido como Verdaderos Finlandeses—, miembros de ECR, así como con el líder de Alternativa para Alemania, actualmente en EFDD. La Agrupación Nacional de Le Pen y el español Vox también estaban invitados a la cita, aunque no mandaron ningún representante. Mientras que de los segundos no se espera que integren el grupo, tanto el partido Le Pen como el Partido de la Libertad austríaco formarán parte de la coalición que ha organizado Salvini.   

Para ampliar: “Vox, en busca de aliados europeos”, Arsenio Cuenca en El Orden Mundial, 2019

Proyección de escaños en el Parlamento Europeo basada en la combinación de todas las encuestas nacionales hasta el 17 de mayo de 2019. El Movimiento 5 Estrellas aparece como parte del EFDD, aunque no está claro que vaya a permanecer en él. Fuente: Politico.eu

Aun perdiendo a varios de sus miembros, el grupo ECR resistirá el envite y permanecerá unido de cara a las próximas elecciones. Es cierto que contará con importantes bajas, pero todavía tendrá entre sus filas a partidos de perfil alto, como los polacos de Ley y Justicia —que gobierna en su país con mayoría absoluta— o los independentistas flamencos de la Nueva Alianza Flamenca. El Partido Conservador británico es otro miembro importante que permanecerá dentro del grupo, aunque se espera que sus apoyos se resientan.

Sí se verá más perjudicada EFDD debido a la salida del Movimiento 5 Estrellas italiano —que está intentando establecerse por su cuenta—, Alternativa para Alemania y los Demócratas Suecos. Este último grupo está de momento en el limbo político: mostró su decepción al no ser invitado a unirse al grupo de Salvini, aunque después se ha distanciado de él argumentando que la unión no funcionaría debido a la proximidad de Salvini a Rusia, con la que los suecos no tienen buena relación. A consecuencia de la salida de estos grupos, el único gran protagonista de EFDD será el nuevo Partido del Brexit de Nigel Farage. Las encuestas le dan el primer puesto en el Reino Unido, con lo que se asegura no solo dominar este grupo en el Parlamento, sino también tener mayor presencia en las negociaciones del brexit.

Los partidos europeístas ante el auge soberanista

Algo parecido ocurre al analizar la plétora de partidos que componen el espectro europeísta en comparación con las formaciones mencionadas. Todos ellos llegan a las próximas elecciones con un propósito común más o menos claro: frenar el avance de la extrema derecha en Europa. Con todo, las sensibilidades que aquí se agrupan son todavía más diversas. En este momento, la división principal está entre quien ocupa el cargo y quiere revalidarlo para los próximos cinco años y quien aspira a influir desde los márgenes.

Para ampliar: “Europa y su regreso al futuro: el avance de la extrema derecha”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2014

En el primer grupo encontramos a la coalición que tiene ahora mayoría en la eurocámara: los partidos Popular y Socialista y la Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa (ALDE). Las encuestas apuntan a que los dos primeros perderán una cantidad significativa de escaños, en sintonía con el quiebre del bipartidismo presente en ya tantos países de la UE. Por otro lado, las predicciones son más optimistas para la ALDE; el aumento de su representación podría ser aún mayor al esperado si finalmente La República en Marcha, el partido de Emmanuel Macron, decide sumarse a la familia liberal. En las últimas semanas, los liberales europeos se han esforzado en aceptar las exigencias de Macron para asegurarse su apoyo en el futuro Parlamento.

Fuera de la mayoría de gobierno, hay dos grupos más que se oponen a las posturas ultranacionalistas: el Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica —que integra, entre otros, a Podemos o Syriza— y el Grupo de Los Verdes/Alianza Libre Europea. Los primeros optan por una línea euroescéptica suave y desde la izquierda, criticando la Europa de la austeridad. Los segundos, más conocidos como Los Verdes, se benefician también del hartazgo de los partidos tradicionales, así como del tirón de la iniciativa clara de lucha contra el cambio climático. Ahora bien, las expectativas para estos grupos son moderadas y no se espera que sumen muchos escaños, e incluso podrían perder alguno que otro. Uno de los problemas de los que adolecen es su falta de transversalidad en el continente: mientras que el primero consigue más votos en la Europa mediterránea, Los Verdes basan su apoyo en Alemania y los países escandinavos y bálticos.

Para ampliar: “Partidos verdes en Europa: el rebrote de los ecologistas”, Pablo Moral en El Orden Mundial, 2019

Cabe destacar también la compleja situación en la que se encuentra la coalición de la mayoría. Además de que tanto populares como socialdemócratas sufren un retroceso en casi todo el continente, el PPE tiene pendiente la resolución de la suspensión del Fidesz húngaro: el partido de Viktor Orbán fue suspendido el pasado marzo por contravenir el artículo 2 del Tratado de la UE debido a una campaña publicitaria dirigida contra el presidente de la Comisión Jean-Claude Junker y el magnate húngaro judío George Soros. La resolución de este proceso se realizará después de las elecciones, aunque no parece que vaya a llegar a buen puerto. De producirse, la expulsión definitiva del grupo del partido de Orbán restaría otro buen número de diputados que, probablemente, se sumarían a alguna de las coaliciones euroescépticas de línea dura. Si, por el contrario, los populares europeos decidieran seguir tolerando entre sus filas al cada vez más iliberal Orbán, este gesto sería visto con recelo desde el PSE y la ALDE.

No se deben olvidar las significativas diferencias entre las familias de la mayoría. En los varios debates en los que han tenido oportunidad de enfrentarse, ha quedado en evidencia que hay una voluntad política por defender la integridad europea, pero también que hay muchas dificultades para sacar iniciativas adelante que apuesten por ello. Mientras que el líder del PSE, Frans Timmermans, todavía tiene esperanza en que Reino Unido permanezca dentro de la UE, el líder del PPE, Manfred Weber, parece no tenerlo tan claro. Weber —figura mejor posicionada para ser el siguiente presidente de la Comisión— se encuentra con el rechazo de las fuerzas progresistas en su apuesta por el Ejército europeo, del mismo modo que se opone a las propuestas de verdes e izquierdistas de crear un sistema impositivo supranacional para las grandes corporaciones.

Para ampliar: “EU Commission Clash: The Candidate’s Debate”, France24, 2019

En un escenario en el que los principales partidos —socialistas, populares y liberaldemócratas— sigan gobernando, se encontrarán con dificultades importantes. Aunque por encima de todo prime la integridad del proyecto europeo, son muchos los temas en los que estos partidos están en profundo desacuerdo. Si los partidos en el poder no muestran voluntad política para encontrar iniciativas que fomenten la cohesión y protejan a la ciudadanía europea ante las presiones de actores externos como EE. UU. o Rusia e internos como las derechas ultranacionalistas, la existencia de la UE se complicará todavía más.