La Unión Europea no se desmorona; los partidos tradicionales sí

Las elecciones europeas no suponían un riesgo para la supervivencia de la Unión Europea; tampoco prometían cambiarla radicalmente. Pero sí que han alterado el equilibrio político, han hecho todavía más compleja la gobernabilidad de la Unión y han contribuido a que esté más dividida y estancada ante los retos mundiales.
Política y eleccionesEuropa
La Unión Europea no se desmorona; los partidos tradicionales sí
Fuente: Marco Verch

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Hablando sobre la Unión Europea y sus procesos electorales, en los últimos años se ha abusado muy a menudo de la exageración, de expresiones como “Europa se la juega” o “un antes y un después”. No es de extrañar teniendo en cuenta la década de crisis, sobresaltos y golpes que lleva encajando la Unión; pero, en ese sentido, estas elecciones europeas del pasado 26 de mayo no suponían una amenaza real e inmediata a la estabilidad de la Unión y menos aún a su supervivencia. Sí han traído cambios —algunos de ellos históricos—, pero eran cambios previsibles y que en todo caso forman parte de una tendencia mayor.
El primero de ellos es una participación histórica por encima del 50%, la más alta en los últimos 20 años. Ese dato servirá para apuntalar la legitimidad del Parlamento Europeo y también para darle más influencia institucional en la estructura de la UE. Pero esa no es la novedad más importante. El gran cambio es sin duda la caída generalizada de los dos grandes partidos —los conservadores del Partido Popular Europeo (PPE) y socialdemócratas de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas (S&D)—, que se han dejado entre los dos 72 diputados en el Parlamento Europeo. Esta caída es la responsable de que por primera vez en la Historia los dos grandes partidos no sumen mayoría absoluta en el Parlamento por sí solos, lo que introduce un nuevo elemento en la política europea: en adelante será necesario el acuerdo de los diputados de al menos tres partidos para aprobar cualquier cosa.
El desgaste electoral de conservadores y socialdemócratas y la nueva situación parlamentaria que conlleva tienen dos beneficiarios principales: los liberaldemócratas y los verdes. Ambos grupos han obtenido grandes subidas en el Parlamento Europeo y en plazas simbólicas como Reino Unido —donde los liberales son la segunda fuerza y acaparan el voto favorable a permanecer en la Unión— o Alemania —donde los verdes han superado a los socialdemócratas como segunda fuerza por primera vez ...

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