Unos 10.000 soldados estadounidenses van camino del golfo Pérsico. Tras un mes de campaña aérea contra el régimen iraní, Donald Trump está redoblando el despliegue militar en la región mientras amenaza a Irán para alcanzar la paz. De todos los objetivos, el que más quebraderos de cabeza está generando al magnate norteamericano es el estrecho de Ormuz, bloqueado por la Guardia Revolucionaria iraní. Allí, dos diminutas islas, Jarg y Abu Musa, emergen en el horizonte como los enclaves estratégicos para desbloquear el Golfo.
Trump ha amenazado con liberar “de una forma u otra” el paso marítimo y ha pedido una coalición naval internacional para asegurar la navegación a través de sus aguas. Pero el bloqueo de Ormuz dura ya casi un mes, Teherán resiste y la mayor crisis de suministro de petróleo de la historia —en palabras de la Agencia Internacional de la Energía— arrecia.
Si el 20% del petróleo y el gas mundial permanecen bloqueados muchos más días, las petromonarquías de la región se paralizarán y la inflación y la recesión tocarán a la puerta de muchos países. De hecho, la OCDE ya prevé una inflación del 4,2% en Estados Unidos este 2026 a raíz de la guerra, el dato más alto del G7. En ese contexto, una reapertura del estrecho por la fuerza gana peso.
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