Israel está consiguiendo sus objetivos en Oriente Próximo. En la última escalada debilitó aún más a Irán: consiguió que Estados Unidos bombardeara su arsenal nuclear, y sus ataques previos descabezaron a la cúpula militar, mataron a cientos de combatientes y destruyeron numerosas aeronaves y su capacidad balística. Ya en 2024 Israel había mermado a Hezbolá, que ha perdido influencia en Líbano. Todo ello mientras se impone en Palestina: Israel ha neutralizado a Hamás en la Franja de Gaza, donde ha dejado más de 50.000 muertos, y no tiene interés en abandonarla, y ha anunciado nuevos asentamientos en Cisjordania.
Sin embargo, nada parece satisfacer las ambiciones sionistas del Estado israelí. Estas se contentaban al principio con expulsar a los palestinos y hacerse con las planicies agrícolas de Palestina, y más adelante encontraron enemigos como Gamal Abdel Nasser en Egipto, Muamar el Gadafi en Libia o los ayatolás Jomeini y Jamenei en Irán. Con Occidente a sus espaldas, Israel ahora podrá seguir redefiniendo sus propósitos más allá de los territorios palestinos y de su rivalidad con Irán hacia todo Oriente Próximo.
El Gran Israel, la agenda maximalista del sionismo
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