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El brutal ataque de Hamás en octubre ha puesto a Israel ante el dilema sobre cómo responder. Además de la devastadora campaña militar en Gaza, la inteligencia israelí ha comenzado una operación para dar con los participantes. El Shin Bet, la agencia a cargo del interior, y el Mosad, que actúa en el extranjero, han creado la unidad conjunta Nili para rastrear a estos miembros de este y otros grupos armados palestinos. El primer ministro Benjamín Netanyahu lo anunció el pasado 22 de noviembre en una rueda de prensa con el ministro de Defensa, Yoav Gallant, quien declaró que los líderes de Hamás estaban “destinados a morir”.
Israel tiene experiencia en estas operaciones. Desde su creación ha recurrido a las ejecuciones y asesinatos extrajudiciales. Según datos del periodista israelí Ronen Bergman, el Estado hebreo llevó a cabo quinientas operaciones de este tipo entre 1948 y 2000, y al menos otras 1.500 en las dos décadas siguientes. En ellas, según Bergman, la inteligencia israelí habría matado a unos 2.700 objetivos, una cifra que las autoridades no han desmentido. A ello se suman las víctimas colaterales, imposibles de cuantificar.
Científicos nazis al servicio de Egipto
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