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Por qué no tendrá éxito una investigación a China por la pandemia

Por qué no tendrá éxito una investigación a China por la pandemia
Fuente: elaboración propia.

China se juega su imagen internacional en la futura investigación de la OMS sobre la pandemia del coronavirus. Pero, a pesar de que la apoyan más de cien países, esta investigación estará condicionada por las tensiones políticas entre el Gobierno chino y los países que critican su gestión de la pandemia. Y aunque se lleve a cabo, es poco probable que dé grandes resultados, pues el derecho internacional no permite juzgar o sancionar a un país en un caso así.

Hasta 122 países se han mostrado a favor de una investigación sobre el origen y la gestión internacional de la pandemia de coronavirus, incluyendo a la Unión Europea, los países africanos o Rusia. China, país de origen del brote, también se ha mostrado a favor, como anunció su presidente, Xi Jinping, durante la asamblea anual de la Organización Mundial de la Salud (OMS) el pasado 18 de mayo. La investigación, que todavía no tiene fecha fijada, se haría de forma independiente y en el seno de la OMS.

El Gobierno chino ha apoyado esta iniciativa en medio de un mar de críticas hacia su opaca gestión de la primera fase de la pandemia. En particular, se le acusa de no haber contenido el virus a tiempo, y de ocultar a la OMS información que habría permitido prevenir a otros países. Tras la asamblea anual de la OMS, los países miembros, entre los que se encuentra China, emitieron una resolución conjunta en la que reiteraban su compromiso a dar una respuesta global a la crisis. El texto recoge la voluntad de los Gobiernos de identificar la fuente del virus y su vía de introducción en los humanos, pero no vincula a China con la pandemia ni cuestiona en ningún modo su gestión. 

Para ampliar: “Se alquila Organización Mundial de la Salud: China, EE. UU. y la politización de la salud”, Álvaro Merino en El Orden Mundial, 2020

China, en el punto de mira

Siendo objeto de tantas acusaciones, ¿qué ha aceptado China exactamente? En su discurso ante la asamblea de la OMS, Xi Jinping apoyó la propuesta de investigación siempre y cuando esta estuviera liderada por la OMS, fuera independiente, se ciñera a criterios estrictamente científicos y se iniciara una vez que el virus esté bajo control en todo el mundo. Además, para contrarrestar las críticas, Xi subrayó la transparencia de China y la buena gestión de su Gobierno, que ya ha conseguido controlar los contagios. Sin embargo, este discurso no ha convencido a algunos países, como Estados Unidos o Australia, que siguen considerando a China el principal responsable de la pandemia. 

La principal fuente de estas acusaciones es la Casa Blanca. Donald Trump ha optado por un discurso beligerante para dañar el prestigio de China, manteniendo que el virus fue creado en laboratorios chinos en contra incluso del criterio de los servicios de inteligencia estadounidenses y la comunidad científica, que creen ampliamente que el brote surgió del contacto de humanos con animales salvajes en un mercado. Esta politización de la pandemia ha arrastrado incluso a la OMS, a la que Trump ha congelado la financiación acusándola de estar sometida al Gobierno chino. No obstante, muchos ven en esta estrategia de Trump un intento de desviar la atención sobre su gestión del virus, pues Estados Unidos ya es el país con más contagios y muertes por coronavirus en el mundo

Estados Unidos es, con diferencia, el país que más dinero aporta a la OMS, la mayor parte de ello voluntariamente. China, pese a ser la segunda economía mundial, solo está en el puesto catorce de la lista.

Estados Unidos no es el único país reclamando una investigación sobre la gestión china de los primeros momentos de la pandemia. Australia ha llegado a acusar al Gobierno chino de ocultar información que podría haber servido para advertir a los demás países antes, y su ministra de Asuntos Exteriores ha reclamado mayor transparencia a Pekín, asegurando que hay muchas preguntas sin contestar. Otros actores internacionales relevantes, por el contrario, no muestran una actitud tan directa. La Unión Europea apoyó la resolución de la asamblea de la OMS y se ha mostrado favorable a una investigación independiente, reivindicando la participación de China pero sin llegar a culpabilizarla por el impacto de la pandemia. Rusia, por su parte, también firmó la resolución, pero ha mostrado una postura más escéptica y cercana a China, negando las acusaciones de Trump y sin señalar a China como culpable.

Para ampliar: “Entre China y Estados Unidos: el dilema de Australia”, Cristina de Esperanza en El Orden Mundial, 2019

Dos caminos: investigación o sanciones

La división de la comunidad internacional no es el único escollo que afronta la futura investigación. El derecho internacional, a través del principio de soberanía de los Estados, prohíbe a los países interferir en los asuntos internos de otros países, incluso para investigar el origen de una pandemia. La única opción pasaría por una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, que sí tiene poder para imponer esa clase de medidas, pero China goza de poder de veto en ese órgano, con lo que podría bloquear cualquier decisión que vaya en su contra.

Para ampliar: “¿Por qué hay cinco países con veto y asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU?”, El Orden Mundial, 2020

Por tanto, solo podría investigarse a China con la autorización expresa de su Gobierno, que se ha cuidado de rechazar cualquier vinculación entre su gestión y el impacto global del virus. De hecho, China sí ha aceptado una investigación, pero no se ha reconocido nunca como el principal responsable de la crisis sanitaria global. No hay mecanismos legales que puedan obligar a China a dar explicaciones, rendir cuentas, hacerse responsable o pagar por el daño que, según sus acusadores, ha causado.

Más allá de este cauce, en juzgados de Estados Unidos han proliferado las demandas contra China por considerarla la culpable de los efectos de la pandemia en ese país. En concreto, denuncias ante tribunales federales estadounidenses que responsabilizan directamente al Partido Comunista chino de una campaña internacional de engaño que habría causado la expansión global del virus. Todo apunta a que estas demandas no prosperarán, porque no se puede obligar al Gobierno chino a un juicio en Estados Unidos ni tampoco puede demostrarse que todos los daños sufridos por la población estadounidense sean achacables a la gestión de China. Es más, China no parece haber cometido una violación expresa de ninguna norma internacional que pueda ser llevada ante un tribunal. 

Dado que la opción judicial no parece que vaya a tener gran recorrido, países como Australia reivindican que el Partido Comunista chino asuma responsabilidades y pague por los daños causados, aunque no exista una ley internacional que le obligue a ello. En una línea más dura, algunos senadores republicanos han propuesto incluso castigar a China mediante sanciones económicas o comerciales, a pesar de que esas sanciones puedan también perjudicar a la economía estadounidense. Este otro camino trae también complicaciones, ya que forzar a China a pagar por el hecho de haber sido el país de origen del virus puede sentar un precedente que no interesa a ningún Estado. Cualquier otro país puede ser el siguiente en el que se origine una nueva epidemia, y ningún Gobierno quiere afrontar los costes de esas futuras crisis sanitarias ni ver comprometida su soberanía de esa forma.

Para ampliar: “El coronavirus amenaza a los estados clave para la reelección de Trump”, Carlos H. Echevarría en El Orden Mundial, 2020

La imagen de China en el mundo, en disputa

Pero incluso cuando la investigación de la OMS no dé frutos, sigue habiendo mucho en juego a nivel internacional. La estrategia estadounidense de asociar la crisis de la pandemia con la gestión del Gobierno chino puede minar el prestigio que China ha intentado ganar enviando ayudas sanitaria a países vulnerables como Italia o dando una imagen de colaboración con la OMS. Sin embargo, alentada por Trump, ya está muy extendida la opinión de que China manipulará los resultados de cualquier investigación de la OMS. Muchos políticos y medios estadounidenses mantienen que, gracias a la influencia que tiene en la OMS, China usará la investigación para sacar brillo a su gestión de la crisis mientras oculta sus errores y pone el foco en los fallos de otros países.

De hecho, China ya ha cambiado su comportamiento diplomático en esa línea, centrando sus esfuerzos en ser vista colaborando para dar una solución a la crisis y no como el responsable directo de la pandemia. La primera reacción china ante las acusaciones de la Casa Blanca fue lanzar acusaciones a su vez, alegando que Estados Unidos difundía miedo, e incluso que el verdadero origen del virus estaba en ese país y no en China. Es más, después de que Australia se posicionara a favor de investigar a China, Pekín respondió recortando las importaciones australianas, lo que indica que China sigue usando su influencia y su poder económico contra aquellos países que tratan de minar su imagen. Pero Pekín ha combinado esas respuestas con el envío de material sanitario a Italia o la declaración de Xi Jinping sobre que la futura vacuna de la covid-19 debería ser un bien público global, dos ejemplos de cómo China utiliza la crisis para aumentar su prestigio. China también ha anunciado que aumentará su aportación a la OMS, respondiendo a la decisión de Trump de recortar la financiación estadounidense a esta organización.

La investigación internacional sobre la pandemia no desembocará ni en una judicialización de China ni en una condena formal. Pero, incluso así, la investigación será objeto de grandes disputas. China intentará promocionar su imagen de país que ha contribuido a controlar el virus, reivindicando sus donaciones a la OMS y su ayuda a otros países, y descargará la responsabilidad sobre otros Gobiernos. Que China salga reforzada o señalada de la pandemia depende, en gran medida, de que su imagen no quede dañada en la investigación de la OMS. 

Para ampliar:“El coronavirus es la oportunidad que China estaba buscando para liderar el mundo”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2020