En el foco Geopolítica Asia-Pacífico

India se cruza en la expansión de China

India se cruza en la expansión de China
Fuente: Mathew Schwartz (Wikimedia)

China no va a dudar en reivindicar su poder en Asia, como ha demostrado el último choque con India en la frontera del Himalaya. Las relaciones entre ambos países son tensas desde hace décadas, pero se están agravando por los nacionalismos, las dependencias económicas y la crisis del coronavirus. Y aunque ni China ni India parecen querer una escalada militar, un enfrentamiento entre las dos mayores potencias regionales haría temblar a toda Asia.

Quién les habría dicho a los británicos William H. Johnson, George Macartney y Claude M. MacDonald que las líneas fronterizas que establecieron en el Himalaya hace más de un siglo iban a llevar a una escalada de tensiones en todo Asia-Pacífico en 2020. Esa frontera ya desató en 1962 una guerra entre India y China, corta pero cruenta, con más de mil fallecidos en cada bando. Desde entonces, la tensión ha sido constante entre estas dos potencias regionales en ascenso, con capacidad nuclear y que juntas suponen más un tercio de la población mundial.

La guerra se zanjó con victoria china y el establecimiento de lo que se conoce como la Línea de Control Actual, una demarcación aceptada por ambas partes pero no definitiva. Por si fuera poco, esta línea fronteriza en plena cordillera del Himalaya recorre algunos de los territorios más inhóspitos del planeta, lo que dificulta saber cuándo se está a un lado u otro de la frontera. Tanto India como sobre todo China han aprovechado esta circunstancia para hacer pequeñas incursiones con las que ganar terreno a costa de su contrario. 

Las tensiones han aumentado en la última década: solo en la región de Ladakh, en el valle de Galwan, hubo choques en 2013 en Depsang y en 2014 en Chuma. Pero ninguno tan grave como el de 2020: el 15 y 16 de junio, una pelea entre soldados de ambos países se saldó con la muerte de 35 indios y una veintena de chinos. Las patrullas de la zona no portan armas de fuego en virtud de un acuerdo firmado en 1996, precisamente para evitar situaciones de tensión, pero bastaron palos y piedras para hacer de este uno de los enfrentamientos más graves entre China e India, el primero con fallecidos desde 1975.

La tensión entre India y China va más allá de la frontera

Pese a la gravedad del suceso, parece ni China ni India quieren una escalada militar, y esto podría quedar como un capítulo más de la histórica disputa fronteriza. Sin embargo, las dos potencias y el contexto regional han cambiado en la última década, y con ello también la percepción que China e India tienen el uno del otro. 

Desde el punto de vista chino, las tensiones con India amenazan una zona muy delicada, la del Himalaya, por su cercanía con la región del Tíbet, controlada por China. Además, aunque la potencia nuclear de China es mayor que la de India, su capacidad militar convencional no es tan superior como se podría pensar. China depende mucho de tropa terrestre y su Ejército no tiene tanta experiencia en combate como el de India, que lleva años librando conflictos internos. No conviene, por tanto, sobreestimar la capacidad militar de China para enfrentarse directamente a India en esa zona. 

Como parte de su Nueva Ruta de la Seda, China lleva desde 2016 desarrollando infraestructuras en su lado de la frontera disputada. Esa expansión no ha gustado a Nueva Delhi, que ha hecho lo propio en el territorio bajo su control.

Por otro lado, la apuesta de China por convertirse en el eje del comercio internacional a través de su Nueva Ruta de la Seda le ha llevado a establecer relaciones estratégicas con decenas de países alrededor del mundo, en los que China financia la construcción de infraestructuras comerciales. Algunos de ellos, como Nepal, Pakistán y Bangladés, son vecinos de India y también mantienen con este país disputas territoriales históricas, apoyados por China. Hasta ahora, India ha tolerado esta situación como parte de sus relaciones con China, que siempre han sido cordiales, a pesar de todo. India también se está viendo rodeada maritimamente por el Collar de Perlas chino, una red de puertos que se extiende por los mares de la región. Como parte de esa red, China ha establecido fuertes relaciones con Sri Lanka, el vecino sureño de India, que se ve así aislada por China en todos sus límites fronterizos, terrestres y marítimos. La expansión china ha ido cercando a India, generando temores en Nueva Delhi.

Una presión que India no se puede permitir

Desde que el primer ministro indio Narendra Modi llegara al poder en 2014 el nacionalismo ha aumentado considerablemente en India, y con él la percepción de China como una amenaza. Modi ha construido su proyecto de país sobre el orgullo nacional, la soberanía de India y una imagen de potencia regional. En ese contexto, el choque con China en el valle de Galwan ha despertado una ola nacionalista: desde ministros pidiendo que se cierren restaurantes chinos a gente tirando sus televisores de fabricación china. Los medios de comunicación, cada vez más alineados con el Gobierno, han contribuido a esta efervescencia, llenándose de programas especiales sobre las infraestructuras chinas en la frontera y de columnistas clamando por una reacción más severa ante el aumento de poder de China en la zona.

A la campaña popular de boicot se le suman una serie de cambios legislativos que buscan potenciar el consumo de productos nacionales. Esto no es una sorpresa, porque Nueva Delhi lleva tiempo impulsando la producción nacional para mitigar el impacto de vaivenes económicos internacionales. Sin embargo, esta política no implica que el Gobierno indio quiera terminar con la relación comercial con China, pues en realidad no se lo puede permitir. India es comercialmente muy dependiente de China, que es su segundo socio comercial por detrás de EE.UU y el principal origen de sus importaciones, con un 15% del total. 

De hecho, la ola de protestas y las tensiones con Pekín no podrían haber llegado en un peor momento. India es uno de los principales focos mundiales de la pandemia del coronavirus y se enfrenta también al impacto económico de esta crisis, una situación en la que el Gobierno de Modi no puede asumir una campaña de boicot comercial a China. No obstante, el enfrentamiento fronterizo ha puesto de manifiesto que India necesita reducir su dependencia de Pekín si quiere responder a la expansión china sin sufrir serios apuros económicos. 

China tiene las cartas a su favor

No solo India tiene un problema con el nacionalismo: China ha basado su expansión internacional en un fuerte sentimiento nacional centrado en su objetivo de volver a ser la gran potencia que antaño fue. Dentro de ese marco, China no ve a India como un rival a su altura, pero incluso así el líder chino Xi Jinping necesita evitar que la tensión fronteriza escale, pues podría volver contra él al sector más nacionalista de la élite china.

El crecimiento económico de China le ha permitido ampliar sus alianzas regionales y su poder blando, lo que le da seguridad para reivindicar su posición. Pekín cuenta con el apoyo de aliados como Pakistán, Bangladés o Nepal, y su poder económico disuade a otros países, como India, de responder ante su expansión. Con todo, su gestión de la crisis del coronavirus ha empeorado la imagen de China en el mundo, agravando sus tensiones con EE. UU, Australia o incluso la UE.

China se ha expandido por vía terrestre y marítima.

Pero ahora que el foco de la pandemia se ha desplazado a otros países, China ha aprovechado para lanzar una campaña presión regional, demostrando que no dudará en usar su posición de potencia si así lo desea. Desde principios de junio ha habido tensión con Estados Unidos y Taiwán en el mar de China, y enfrentamientos con Japón por las islas Senkaku. Además, China ha impulsado una nueva Ley de Seguridad Nacional para Hong Kong que recortará sustancialmente el régimen de libertades de la ciudad y ha lanzado una guerra comercial contra Australia, cuyo Gobierno había abanderado las peticiones de una investigación internacional sobre la gestión china de la pandemia. Las tensiones en la frontera con India son solo un escenario más en el que China pretende afianzar su dominio de la región de Asia-Pacífico. 

India, ¿contrapeso al empuje chino en Asia?

India siempre ha sido, junto a Australia y Japón, un importante aliado para Occidente en Asia. Ahora, con la atención del mundo puesta China a causa de la pandemia y del aumento de tensiones en la región, Pekín teme que se fortalezcan los lazos estratégicos entre India, Australia y Japón, entre otros países. Ya ha habido acercamientos entre India y Australia, y también se prevé un reimpulso de alianzas estratégicas como Quad, que reúne a EE. UU, Japón, Australia e India. 

Además, India representa la democracia más poblada del mundo en contraposición a China, la dictadura más grande del planeta, una comparación que puede servir de baza contra Pekín en el futuro. China ya ha recibido un golpe diplomático con el nombramiento el pasado mayo del ministro indio de Sanidad, Harsh Vardhan, como presidente del Consejo Ejecutivo de la OMS, lo que da gran influencia a India dentro de la organización responsable de la investigación sobre la pandemia. 

Pese a que ni India ni China quieren una guerra abierta, es inevitable que aumenten las tensiones entre ellas y con otros países de la región: ambas son potencias en fase de expansión. China, además, va muy por delante, y reivindica su posición como nueva superpotencia, enfrentada a Estados Unidos en una “nueva guerra fría”. Por si fuera poco, los nacionalismos son cada vez más fuertes en Asia, y más tarde o más temprano esos discursos necesitarán políticas que los legitimen. Albert Einstein dijo que “no sabía cómo sería la Tercera Guerra Mundial, pero que la cuarta sería con piedras y lanzas”. Hablar de guerra mundial en este caso es exagerado, pero esta pelea a pedradas entre dos potencias nucleares, China e India, puede marcar un antes y un después para Asia-Pacífico. 

Fe de errores: en una versión anterior de este artículo se decía que el último incidente con fallecidos en la frontera entre India y China había ocurrido en 1967, cuando en realidad fue en 1975.