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La identidad nacional africana se juega en la Copa África

La identidad nacional africana se juega en la Copa África
Aficionados durante un partido de la selección de Senegal. Fuente: Екатерина Лаут (Wikimedia)

El poder del fútbol para unir a las personas está por encima de cualquier división o conflicto. Las victorias en torneos como la Copa África de Naciones ayudan a los ciudadanos de cada país africano a sentirse identificados con su nación y a reducir los conflictos entre personas de distintas etnias. En países jóvenes y artificiales como los africanos, nada como el fútbol para unir a toda la población.

Segunda semifinal de la Copa África de Naciones 2019. Argelia se enfrentaba a Nigeria. Estaba el partido empatado a uno y era el último minuto. La prórroga estaba al caer cuando el árbitro pitó falta al borde del área a favor de Argelia. Riyad Mahrez tomó aire y le pegó con efecto al balón, que entró por la escuadra para júbilo de toda la plaza Grand Poste de Argel. Con su gol en el minuto 94, la estrella del equipo argelino clasificó a su país para la final de la Copa África de Naciones ante Senegal. Tras meses de protestas en esa misma plaza que hicieron caer al presidente Abdelaziz Buteflika y que todavía siguen a la espera de concretar un Gobierno de transición, esta vez los argelinos llenaron la plaza para celebrar. En un país convulso, el fútbol hace olvidar los problemas y unir en torno a una misma bandera y nación, algo necesario en África, con países jóvenes y trazados con escuadra y cartabón por las antiguas fuerzas coloniales.

Todos los países de África —excepto Liberia, que se independizó en 1887— tienen menos de 100 años. Egipto logró constituirse como Estado en 1922, pero la gran ola de desconolización comenzó en 1960 y duró hasta 1990 con la liberación de Namibia y Sudáfrica. Para evitar conflictos territoriales mayores, los nuevos Estados respetaron las delimitaciones coloniales impuestas por los europeos en la Conferencia de Berlín de 1885 que dividían los países prácticamente con una regla. Esto provocó fronteras artificiales en las que algunas culturas y etnias quedaron separadas en distintos Estados, mientras que familias étnicas rivales quedaban agrupadas en el mismo territorio

Para ampliar: “Los caprichos fronterizos de África”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2015

Esto ha obligado a los Gobiernos a crear una identidad nacional que ayude a unir a los ciudadanos por encima de la cultura, la etnia o la religión mediante políticas públicas como la creación de banderas que representen a todos, dando servicios e infraestructuras e incluso haciendo el servicio militar. Sin embargo, hay otros eventos fuera del control del Gobierno de turno que hacen aflorar el sentimiento nacional. El fútbol es uno de los más efectivos. 

África es el continente donde mayor interés despierta el deporte rey del mundo, con un 76% de aficionados —muy por encima de la media mundial del 46%—. Un estudio sobre los efectos del fútbol en la región ha demostrado que este ayuda a los ciudadanos a sentirse más identificados con su país y a incrementar la tolerancia entre personas de distintas etnias, reduciendo así el conflicto. La investigación descubrió que después de una victoria de una selección nacional un 37% más de las personas se identifican con su país y no, por contra, con su etnia. Además, incrementa la confianza entre individuos y se reducen las disputas interétnicas. En el estudio recabaron más de 37.000 entrevistas en 25 países durante el mes de antes y después de hasta 69 partidos clasificatorios o de fases finales de la Copa Africa o el Mundial de fútbol y luego los cruzaron con datos del Armed Conflict Location & Event Data Project para el periodo 1997-2015.

Los resultados positivos se enfatizan cuando la selección está conformada por personas de diferentes etnias y más aún si enfrenta países tradicionalmente rivales. Esta unión ciudadana solo se observa en caso de victoria y no en caso de derrota. Esto sugiere que lo que une a los ciudadanos es verse representados en el éxito de once jóvenes de regiones, contextos y etnias diferentes que muestran el camino para la convivencia en cada país.

El éxito de los futbolistas también ayuda a promover la paz entre comunidades enfrentadas. La investigación descubrió que aquellos países que consiguen clasificarse para la Copa África en la última jornada sufren un 9% menos de conflictos intraétnicos respecto a aquellos que pierden y se quedan a las puertas. Este efecto se refuerza en países cuyas selecciones llevaban mucho tiempo para clasificarse o nunca lo habían hecho, como Burundi, que consiguió su primera participación para la edición de 2019 tras empatar con Gabón en el último partido de clasificación

Las victorias tienen un efecto duradero en la reducción del conflicto y el incremento del sentimiento de identidad nacional, llegando a prolongarse hasta seis meses después del partido. Los éxitos de la selección se presentan como una gran oportunidad para que la sociedad civil y los políticos abran espacios para el diálogo y generen consensos a largo plazo que unan a la población por encima de diferencias geográficas, religiosas o étnicas.

Visto el poder de unión que tiene el deporte, muchos líderes han intentado utilizarlo en favor de su Gobierno, sistema político o ideología. Por ejemplo, Adolf Hitler utilizó los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936 para hacer propaganda de la visión racista de la Alemania nazi, pero quedó humillado por el atleta estadounidense negro Jesse Owens, que batió cuatro récords mundiales y consiguió cuatro medallas de oro, tumbando la sonrisa del führer y su idea de la supremacía de la raza aria. 

En el continente africano, Sudáfrica ha utilizado el deporte en dos ocasiones. La primera fue la del Mundial de rugby de 1995. Este deporte estaba reservado para los blancos, pero el capitán Francois Pieenar y el presidente Nelson Mandela consiguieron superar la diferencia racial. Pieenar convenció a sus compañeros para que se aprendiesen el nuevo himno del país, asociado a las protestas de la población negra. Mandela, tras ganar el título su país, bajó al césped vistiendo la camiseta verde y oro de los Springboks —apodo de la selección de rugby de Sudáfrica—, reservada hasta entonces a la minoría blanca en la época del apartheid, y le entregó la copa al capitán en una de las imágenes más icónicas del deporte que ha inspirado películas. En 2010, el presidente Zuma volvió a utilizar un gran evento como el Mundial de fútbol para fortalecer el sentimiento de nación en torno a una bandera, un himno e incluso una vestimenta y un sonido, con los sudafricanos vistiendo los colores de su selección y haciendo populares las vuvuzelas para animar a su selección. Las vuvuzelas —criticadas por algunos futbolistas y aficionados por su estruendo— sirvieron para unir a los sudafricanos y el Gobierno incluso creó el día de la vuvuzela en apoyo de los Bafana Bafana —sobrenombre de la selección de fútbol de Sudáfrica que significa “los chicos” en zulú—.

Para ampliar: “El legado de la exclusión social en Sudáfrica”, Fernando Rey en El Orden Mundial, 2016

Sin embargo, el éxito de las selecciones de fútbol no ayuda a los Gobiernos a tener una mejor imagen entre la población ni a mejorar el optimismo que estos tienen respecto al futuro de la economía. El éxito del fútbol une en torno a una nación, pero no en torno a un proyecto de Estado que promulga un Gobierno, ni hace creer que tendrán más dinero en los bolsillos por meter goles. 

Cabe destacar que así como el fútbol enfatiza los aspectos positivos de la convivencia pacífica, también puede exaltar aspectos negativos. La fiebre por el fútbol genera ultras radicalizados que se mezclan con la política y generan conflicto, una amenaza persistente en Egipto, así como puede potenciar el odio hacia el rival, lo que puede incrementar la xenofobia. 

Además, el fútbol no es ajeno a las malas prácticas de cada sociedad. La corrupción ha infectado todo el fútbol camerunés, y la falta de liderazgo honesto ha obligado a la FIFA a intervenir la Confederación Africana de Fútbol, lo que incrementa la desconfianza hacia los políticos. Asimismo, grandes torneos como la Copa África ayudan a visibilizar las limitaciones burocráticas y económicas que dificultan a los africanos viajar por el continente y son caldos de cultivo para las apuestas, cuya adicción es cada vez más grave en Kenia, especialmente entre los más jóvenes y pobres.

En Estados jóvenes, multirraciales y multiétnicos, buscar lo que une a los ciudadanos es necesario para crear una identidad nacional que no genere conflictos. Con países de menos de 100 años, en África el fútbol puede ser un catalizador de la identidad nacional y ayudar a crear un entorno para conseguir estabilidad a largo plazo, porque pocas cosas te ayudan más a sentirte identificado con tu país que cantar un gol de tu selección.