“Está jubilado y disfruta de todos sus derechos”. Así explicaba el pasado 30 de agosto el general Brice Oligui Nguema, líder de la Guardia Republicana de Gabón, el destino de su primo y jefe, Ali Bongo. El alzamiento sorprendió al depuesto presidente, que gobernaba desde 2009 y cuyo padre lo había hecho desde 1967. Bongo había cortado internet, vetado a la prensa y observadores internacionales e impuesto un toque de queda para las elecciones presidenciales, y los militares le arrestaron tras su triunfo electoral.
Gabón se sumó así a la lista de golpes de Estado militares que vive África desde 2020. Sin embargo, sólo coincide con los casos concentrados en el Sahel en que el país fue colonia de Francia. El sentimiento antifrancés y la retirada de tropas galas en 2022, que combatían grupos rebeldes y yihadistas, ha animado a los militares a rebelarse contra Gobiernos inestables en Burkina Faso, Mali o Níger. El golpe en Gabón, en cambio, fue el primero en África central y que derrocó una dictadura familiar. Además, Nguema parece querer seguir las relaciones con Francia en vez de virar hacia Rusia. Pero abrió la puerta a nuevos casos.
Viejas dictaduras en peligro
El siguiente golpe de Estado en África puede ocurrir en Chad. Este país reúne los factores de los casos recientes: fue colonia y es aliado de Francia, lo gobierna una dinastía familiar y está ubicado en el Sahel. De hecho, Chad ya sufrió un golpe de Estado en 2021, pero para mantener el statu quo. Tras la muerte en combate del dictador Idriss Déby, que a sus 68 años decidió liderar al Ejército contra los rebeldes del norte, el Ejército dio un autogolpe para posesionar a su hijo Mahamat Déby Itno. El movimiento fue bienvenido en Occidente, incluida Francia, pues Chad es clave en la ruta migratoria y en la lucha antiyihadista.
Hasta el pasado julio Chad contaba con Níger en el oeste como otro aliado de Francia. Sin embargo, el golpe de Estado en Níger dejó a Déby Itno aislado y frágil ante la ola golpista. Ya en ...