Política y Sociedad Europa

Finlandia, la frontera de Europa

Finlandia, la frontera de Europa
Estandarte de Helsinki entre banderas finesas. Fuente: Michael Davis-Burchat

A pesar de formar parte de la Unión Europea, ¿qué sabemos de Finlandia? Este país tan al norte de Europa, con uno de los mejores sistemas educativos del mundo, no se ha salvado de la aparición de partidos de extrema derecha como consecuencia de las medidas económicas de austeridad ni del euroescepticismo. Con pocos rasgos en común con el resto de los países nórdicos, Finlandia es una de las fronteras de Europa.

No solamente los países tienen fronteras. Algunas ideas o culturas también encuentran límites a su propia supervivencia. En la actualidad, con el cambio de paradigma y los nuevos actores internacionales que van apareciendo en escena, los supra-Estados también necesitan establecer diferencias claras entre qué queda dentro y qué queda fuera de ellos. En el caso de la Unión Europea, pudiera parecer que al norte la única frontera es el Polo Norte —en tanto Noruega no es miembro de la UE, pero sí socio comercial—, pero en realidad existe otra frontera más física que separa esa idea de Europa que se esconde en el origen del proyecto europeo de lo que queda fuera de ella: Finlandia.

Cuando Finlandia no era Finlandia

La Historia del territorio que hoy se conoce como Finlandia comienza a destacarse a partir de mediados del siglo XII. Hasta entonces, Finlandia no era más que un espacio vacío entre Rusia y Suecia que causaba interés a ambos, en la medida en que extenderse hacia Finlandia significaba expandir sus dominios y su presencia en el Báltico. Además, la expansión de alguna de estas dos potencias significaba, automáticamente, contrarrestar el poder de la otra, y Finlandia se convirtió en el centro de proyecciones de ambos países. Este conflicto, aparte de territorial, fue, especialmente, religioso: enfrentaba a los católicos de Suecia y los ortodoxos de la República de Nóvgorod —lo que hoy conocemos como Rusia—. Su fin llegó en 1323 con la firma del Tratado de Nöteborg, con el cual la actual Finlandia quedaba dividida en dos: las áreas occidental y meridional de Finlandia quedaban anexionadas a Suecia y la oriental quedaba bajo el mando de la actual Rusia.

Así, la mayor parte de Finlandia estuvo bajo mandato sueco durante más de 600 años, hasta principios del siglo XIX. Durante este tiempo, se impuso en la zona finlandesa el ordenamiento jurídico y social escandinavo. En 1527 el rey Gustavo Vasa de Suecia se convirtió a la fe luterana y fue el luteranismo el que, irónicamente, dio lugar a un repunte de la cultura en lengua finesa. En 1548 Mikael Agricola tradujo el Nuevo Testamento al finés —lo que dio comienzo a un auge del finés escrito— y, más tarde, se tradujo toda la Biblia. A pesar de que los finlandeses no vivían en una situación de esclavitud y de que el finés gozaba de un inesperado momento estelar, también es cierto que Suecia forzaba a muchos finlandeses a traspasar las fronteras acordadas con Rusia para expandir su territorio de manera ilegal. Por otro lado, con la extensión del ordenamiento jurídico sueco a Finlandia, la mayor parte de los funcionarios en el país eran suecos, lo que colocaba su idioma en una posición dominante de la que aún quedan vestigios.

Límites y gobierno de Finlandia a lo largo de los siglos. Fuente: The Karelian Association

En 1697 Carlos XII de Suecia asumió el trono y pronto estalló la Gran Guerra del Norte (1700-1721) entre Suecia y Rusia, tras la cual, entre otras cosas, Suecia perdería su territorio finlandés ocupado. Pedro el Grande aprovechó la situación para entrar en Finlandia, que acababa de sufrir una grave época de hambruna. Durante el período comprendido entre 1714 y 1721, Rusia ocupó el país en lo que se conoce como la Gran Furia, con la muerte y esclavitud de miles de finlandeses. Tras este período, llegó de nuevo la paz entre ambos con el Tratado de Uusikaupunki —también conocido como la Paz de Nystad—, por el que Suecia renunciaba a parte de su territorio finlandés a favor de Rusia. En 1809 Suecia cedía finalmente todo el territorio a Rusia y este se convertía en un gran ducado semiautónomo.

El grado de autonomía del que gozó Finlandia durante los primeros años de la ocupación rusa no solucionó la pobreza endémica. La introducción en 1906 del Parlamento finlandés —una asamblea unicameral elegida por sufragio universal, lo que convierte a las finlandesas en las primeras mujeres del continente en alcanzar el derecho al voto en elecciones parlamentarias— no fue más que un período de respiro entre varias épocas en las que la presión por la rusificación de Finlandia aumentaba considerablemente. Esta opresión desembocaría en la declaración de independencia por parte de Finlandia en diciembre de 1917 gracias, entre otras cosas, al desequilibrio que supuso en Rusia la Revolución de Octubre de 1917.

La opción escandinava de neutralidad entre los conflictos sirvió de poco en Finlandia. A pesar de la independencia, en 1939 la Unión Soviética y Alemania acordaron que Finlandia quedaría bajo influencia soviética y, por tanto, dentro de un pacto de no agresión. Sin embargo, cuando Finlandia se negó a que la URSS instalara bases militares en su territorio, los soviéticos iniciaron la llamada guerra de Invierno, que terminó en 1940 con una paz firmada en Moscú por la que Finlandia cedía sus provincias del sureste a la URSS. Cuando Alemania trató de invadir la URSS en 1941, las fuerzas finlandesas se sumaron a la campaña en lo que los finlandeses conocen como guerra de Continuación, dado que lo consideraron un contraataque al conflicto que había terminado el año anterior. Con el armisticio de 1944, Finlandia volvió a perder territorios a favor de la URSS en este conflicto y quedó en deuda económica con los soviéticos por la guerra.

Esta superioridad militar y territorial soviética se convirtió en una realidad en la relación finesa-soviética, lo cual colocó a Finlandia en una situación controvertida durante la Guerra Fría. A pesar de que se estrecharon las relaciones en materias como economía y cooperación, Finlandia evitó las críticas a la URSS y, en la medida de lo posible, se aseguró de salvaguardar su neutralidad entre el bloque comunista y Occidente. Esta actitud tuvo como consecuencia numerosas críticas y un término, finlandización, con el que se referían a un fenómeno que se ha repetido en otros países a lo largo del siglo pasado: no criticar ni asumir una actitud defensiva frente a la Unión Soviética con el objetivo de mantener intactos la independencia y el sistema de gobierno propios frente a un país superior en términos militares. No obstante, algunos actores internacionales hicieron una segunda lectura de este fenómeno: la omisión de la crítica podía significar, en algunos casos, estar de acuerdo de forma encubierta.

Finlandia en la actualidad

Densidad de población en Finlandia. Fuente: World Map

Oficialmente miembro de la Unión Europea desde 1995, esta república al norte de Europa cuenta con 5,5 millones de habitantes en un territorio tan extenso que hace que la densidad de población sea extremadamente baja, especialmente en el norte del país, dado que la mayor parte de los ciudadanos se concentran en la región meridional. El idioma mayoritario es el finés, pero convive en régimen de cooficialidad con el sueco, idioma que todavía habla alrededor de un 5,6% de la población total. Existen lugares, especialmente aquellos más cercanos a Turku, en la costa, donde solamente se habla sueco; esta es una de las herencias de la ocupación sueca; la otra, desde luego, el Estado del bienestar.

Para ampliar: “El modelo de bienestar nórdico”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2014

La disolución de la URSS en 1991 tuvo grandes efectos en Finlandia, dado que se quedó sin compromisos políticos —a pesar de que ya había pagado su deuda por la guerra a la URSS—, lo que le permitió acercarse todavía más a Europa. Sin embargo, a pesar de su entrada en la Unión Europea, Finlandia ha jugado siempre un papel parecido al de Reino Unido dentro del club comunitario: sí a la integración económica, no a la integración política.  Considerando que se trata de un país independiente desde hace cien años, pero que ha hecho uso efectivo de ella desde hace apenas 70, y teniendo en cuenta su coyuntura histórica, cabría pensar que las posturas británicas y finlandesas obedecen a un mismo fin, pero difieren en origen y motivaciones.

Desde entonces, Finlandia mantiene una relación cordial y tensa al mismo tiempo con Rusia, consciente de que comparte frontera física con un actor internacional poderoso. Tener como vecino a Rusia puede moldear completamente la política exterior de un país; en el caso de Finlandia, a pesar de su deseo expreso de formar parte de la OTAN, sabe el conflicto que supondría la colocación de bases militares a lo largo de toda la frontera con Rusia. Tener estas bases en suelo finlandés lo colocaría en la posición de asumir la responsabilidad de proteger a los países bálticos en el hipotético caso de un conflicto y los finlandeses no quieren verse envueltos en esa situación en inferioridad absoluta de recursos. Pertenecer a la Unión Europea les ha dado autonomía del área de influencia rusa, lo que ha permitido a los finlandeses apoyar las sanciones a Rusia por la anexión de Crimea, aunque hayan tenido un impacto negativo en la economía finlandesa. Conscientes de que su posición geopolítica gana valor dentro de un ente más grande como la Unión Europea, Finlandia se mantiene en esa relación tirante, pero cordial, con unos vecinos que hacen nuevamente de este territorio el centro entre dos potencias.

Aunque solamente un 22% apoyaba en 2017 un referéndum sobre la pertenencia de Finlandia a la Unión Europea —uno de los porcentajes más bajos de Europa—, el período de luna de miel parece que duró poco. En el momento de entrar a formar parte del club, el movimiento político parecía tener todo el sentido: la economía finlandesa pasaba por una gran recesión. Al poco de pasar a ser miembro de la Unión, el crecimiento comenzó a notarse, en parte porque el ciudadano había recobrado la confianza en el consumo debido al acceso al nuevo mercado europeo. La Unión Europea trajo estabilidad tras los desequilibrios ocasionados por Rusia y la caída de la URSS, lo que aumentó la popularidad de Europa entre los ciudadanos europeos. A esto se le suma que un país tan reciente —celebró el centenario de su independencia en 2017— podía competir, en términos laborales, con otros países de Europa y los más jóvenes vieron cómo se ampliaba su abanico de posibilidades por todo el continente.

La mayor parte de la población y los partidos finlandeses no contempla de momento la posibilidad de un supuesto fixit. Fuente: Yle

En 2009, tras la crisis económica que desestabilizó toda la eurozona, los finlandeses comenzaron a cuestionar y criticar la manera en que la crisis se había gestionado desde Bruselas y, en términos más generales, la manera en que funcionaba la propia Unión. Aquellos jóvenes que al principio apoyaron el proyecto veían ahora la institución como algo demasiado burocrático, poco transparente, poco democrático. Muchos comenzaron a criticar que en Bruselas se concentraba una cantidad inmensa de poder que daba lugar a la creación de élites que decidían, en última instancia, el destino de muchos, para los que la Unión Europea comenzaba a ser un proyecto lejano. En las elecciones nacionales de 2011, la integración europea y sus consecuencias fue uno de los temas centrales de campaña. Si la crisis de 2009 en la eurozona ha tenido como consecuencia el auge de partidos de ultraderecha y euroescépticos, Finlandia no ha sido la excepción.

Verdaderos Finlandeses es uno de los partidos euroescépticos que se ha beneficiado de la crisis reputacional de la Unión Europea.

La extrema derecha en Finlandia

Finlandia es una república parlamentaria que elige, por un lado, al presidente de la república —hasta 2024, el conservador Sauli Niinistö— y, por el otro, la composición del Parlamento nacional cada cuatro años. En los siguientes comicios, que tendrán lugar el 14 de abril de 2019, se elegirá a los 200 miembros en un sistema proporcional repartido en 13 circunscripciones y que otorga los escaños a través del método D’Hondt.

Tradicionalmente, los principales partidos que han dominado la escena política en Finlandia han sido tres. El Partido Socialdemócrata Finés (SDP por sus siglas en finés), en activo desde 1899, no alcanzó una importancia relevante hasta 1907; con un programa político moderado, está a favor de la nacionalización parcial de la economía y trabaja muy de cerca con sindicatos y otras uniones de trabajadores. El Partido del Centro (KESK) lleva este nombre desde 1965 —antes operaba como la Liga Agraria— y en la actualidad funciona como paraguas de otros partidos minoritarios que se han ido refundando a lo largo del tiempo, como el Partido Popular Liberal —actual Liberales— o el Partido Rural Finlandés —sucedido en 1995 por los Verdaderos Finlandeses—. Por último, el Partido de la Coalición Nacional (KOK), comúnmente conocido como el partido conservador, está en activo desde 1918, cuando pasó a suceder al antiguo Partido Finlandés; su programa político siempre se ha posicionado a favor de la clase media conservadora, la Iglesia y la defensa del Estado.

Dada la organización del Parlamento en Finlandia, los Gobiernos siempre suelen salir adelante en coalición, más o menos estable. Sin embargo, las elecciones parlamentarias de 2011 trajeron a la escena principal a un partido político que, como muchos de sus primos o hermanos alrededor de Europa, habían encontrado en el descontento popular un nicho electoral importante. Verdaderos Finlandeses (PS en finés) tiene su origen en el Partido Rural, una escisión del Partido del Centro que cambió de nombre y de programa político en numerosas ocasiones. Sin embargo, no fue hasta la crisis económica que sacudió la eurozona cuando el partido encontró a ciudadanos a los que les convencía un discurso que cuestionaba el sistema de poder actual y su concentración. Durante sus años de existencia, el partido nunca ha contado con un gran contenido, pero sí con líderes con grandes poderes de oratoria convencidos de que el populismo podía encontrar su lugar cuando la modernización y los cambios estructurales se convertían en una amenaza.

Porcentaje de voto por partidos entre 2011 —gris— y 2015 —azul—. VIHR son las siglas del partido verde, VAS corresponde a una unión de izquierdas, el RKP es el Partido Popular Sueco y KD son los Demócratas Cristianos. Fuente: Statistics Finand

En 2001 el PS logró congregar el 19,1% de los votos, lo cual lo convertía en la tercera fuerza en el Parlamento finés. El discurso antiinmigración es una de las señas de identidad del partido, a favor de una inmigración que se pueda traducir en ventaja económica para el país. Por ello, está en contra de la acogida de refugiados y quiere limitar la seguridad social y otros servicios, como la sanidad, a los ciudadanos finlandeses. En 2015 se convirtió en la segunda fuerza del Parlamento nacional con un 17,7% de los votos por la espectacular pérdida electoral del KESK, que pasó de primera fuerza con un 21,1% a tercera con un 15,8% de los votos. No obstante, en 2017 Verdaderos Finlandeses sufrió una nueva escisión como protesta por la elección del nuevo líder del partido y sus visiones, más estrictas todavía, sobre la inmigración; así nació Reforma Azul (SIN). Los 38 escaños que PS logró en 2015 y con los que gobernaba en coalición con el Partido del Centro pasaron a 18 cuando los nuevos miembros del SIN abandonaron el grupo parlamentario. Esto ocasionó la ruptura de la coalición y el casi colapso del Gobierno hasta que se formó una nueva coalición del Partido del Centro con la nueva formación parlamentaria.

En julio de 2018, las encuestas daban una intención de voto al SP de apenas el 8,7%. A principios de 2019, el porcentaje subía a un 10,2%, lo que lo coloca en principio como quinta fuerza del Parlamento. Los partidos tradicionales parece que vuelven a dominar el tablero político del país. Esto puede ser un síntoma, pero también un aviso. La pérdida de votos a favor de un partido como Verdaderos Finlandeses puede entenderse como que el electorado ha perdido interés en el discurso que ofrecían y vuelve a los cauces tradicionales; no obstante, el descontento social permanece. Si Verdaderos Finlandeses ha renacido de sus cenizas en tantas ocasiones, puede volver a encontrar la oratoria adecuada.

Para ampliar: “El modelo de populismo escandinavo”, Lorena Muñoz en El Orden Mundial, 2018

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