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La fiebre del eucalipto:
especulación y fuego en Galicia

El árbol, una especie inflamable que se reproduce con las llamas, ya ocupa el 28% del monte de la región impulsado por las políticas del Partido Popular gallego

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El bosque gallego está vendido. Cada año produce más de la mitad de la madera que se corta en España, pero a cambio esconde una trampa que está llenando de cerillas una de las regiones más inflamables de Europa. El verde del bosque atlántico, el del roble y el castaño, está perdiendo terreno frente al verde del eucalipto, una especie exótica que ya alcanza casi un tercio de la masa forestal gallega y que tiene una íntima relación con el fuego.

“Yo planté y me fue muy bien”, presume Evaristo Rodríguez —mirada larga y bastón en mano— a sus 83 años en medio del monte de Froxán (Lousame, A Coruña). Para llegar hasta allí hace falta conducir media hora desde Santiago por un escarpado y solitario laberinto de caminos rurales. “Aquí nada crece como el eucalipto”, añade, y razón no le falta: en apenas quince años, el árbol está listo para ser talado y vendido, con un rendimiento de hasta 2.500 euros anuales por hectárea. El pino, por contra, necesita casi tres décadas.

Pero a sus espaldas esta especie proveniente de Australia muestra su cara más perversa. Una de las parcelas, de propiedad comunal, se convirtió en la pesadilla de los vecinos al sufrir dos graves incendios en apenas una década, en 2006 y 2016. Es el gran problema del eucalipto: acumula mucho combustible a sus pies, es inflamable, puede originar focos secundarios en fuegos con viento y es una especie pirófita, es decir, sobrevive y se reproduce después de las llamas.

Bosque de eucaliptos
Cortezas de eucalipto
Copas de eucalipto
Matorral en eucalipto
Semilla de eucalipto

“Los vecinos de Froxán decidimos cortar los eucaliptos y plantar otras especies autóctonas”, cuenta José Cao, vigilante de incendios forestales, que no puede evitar soltar un suspiro cuando mira a su alrededor y ve el trabajo que aún queda por hacer. En apenas una generación, el eucalipto se ha adueñado del monte gallego: ya ocupa un área similar a la provincia de Pontevedra y aporta en torno al 2% del PIB de la comunidad autónoma. Lo ha hecho gracias a la dejadez de los Gobiernos regionales del Partido Popular y la insaciable demanda de Ence, la gran papelera gallega, que tiene en el eucalipto su principal negocio.

Cuando se le pregunta por el futuro de su plantación, Evaristo tuerce el gesto: “La gente joven no está por la tierra, le da muy poca importancia”. Sabe que sus hijos no cuidarán de sus árboles y que el suyo no es un caso aislado. La despoblación rural, el abandono de la actividad agraria y el cambio climático están azuzando el problema del eucalipto en Galicia, que cuenta con un 36% de su superficie en terrenos de difícil aprovechamiento. Incluso Ence reconoce a preguntas de El Orden Mundial que “el abandono de la gestión es una de las principales amenazas del sector, si no la principal”, y que “no son necesarias nuevas plantaciones”.

Sin un mantenimiento continuo, los eucaliptales se convierten en un polvorín.

El árbol de la discordia

No es fácil hablar del eucalipto en Galicia. Hacerlo suele equivaler a posicionarse políticamente y las cifras no ayudan a zanjar el debate: durante mucho tiempo, la Xunta —gobernada por el Partido Popular durante 36 de sus 42 años de autonomía— ha mirado para otro lado, sin apenas información sobre la evolución de las plantaciones. Su política forestal ha tenido como única guía un inventario nacional a cargo del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico que analiza el estado del monte español una vez por década.

“De lo que no cabe duda es de que el eucalipto representa una fuente de riqueza de enorme valor para muchas familias gallegas y un importante nicho de empleo”, sentencia José Luis Chan, director general de Planificación y Ordenación Forestal de la Xunta, que también descarta en conversaciones con este medio “demonizar ninguna especie”.

La falta de información ha enfangado el debate y permite retorcer números a menudo desactualizados e incomparables entre sí. Los escasos datos disponibles, de hecho, muestran que el eucalipto en Galicia no se quema en una proporción mayor a la superficie que ocupa. Pero analizado de forma aislada, es la especie que más riesgos plantea en un gran incendio, tanto en términos de propagación como de extinción.

El eucalipto ya ocupa un área similar a la provincia de Pontevedra

Para empezar, el fuego avanza el doble de rápido en un eucaliptal que en un robledal autóctono. Aunque esa velocidad es mayor en el caso de un pinar, el eucalipto es la única especie capaz de expandir las llamas a grandes distancias, tal y como se deduce de la Foto-guía de combustibles forestales de Galicia, un extenso trabajo científico publicado en 2016. Pese a ello, solo en 2022 Ence destinó 236 millones de euros a comprar madera de este tipo de plantaciones, generalmente en manos de particulares.

“Por la morfología y los aceites del eucalipto, los incendios suelen ser más más virulentos y con viento generan pavesas [ascuas que viajan hasta a dos kilómetros de distancia] que pueden dar lugar a focos secundarios y atraparnos”, confirma David López, jefe de brigada de los bomberos forestales de la Mariña Lucense.

El incendio de Boiro en agosto del año pasado es un ejemplo. Calcinó 2.200 hectáreas en la provincia de A Coruña y obligó a desalojar a 700 personas. El fuego lo inició una chimenea de una vivienda y pronto ascendió colina arriba, con las numerosas fiestas estivales que se celebraban en el entorno como telón de fondo. Pero fueron unas plantaciones de eucalipto, junto con la pendiente y el temido viento del nordeste, las que descontrolaron el incendio y lo acabaron extendiendo a cuatro municipios.

Incendio en Boiro en eucaliptal
El monte de Boiro calcinado, con la ría de Arousa al fondo.

Para crecer con rapidez y alzarse sobre otros competidores, los eucaliptos —cuya pulpa se usa principalmente para fabricar papel— necesitan grandes cantidades de luz y agua. Son árboles alargados y rectos que concentran su desarrollo en la copa, con hojas de caras idénticas que giran con el viento y apuntan hacia el suelo para aprovechar al máximo posible los rayos solares.

La principal consecuencia de esa estrategia de crecimiento es que dejan pasar mucha luz y acumulan mucho matorral a sus pies. Con el calor del verano, esa vegetación se seca y se convierte en combustible junto con las cortezas y las ramas caídas de los propios eucaliptos.

“Los incendios en eucaliptales son más difíciles de controlar porque en muchos casos no están debidamente gestionados y nos enfrentamos a mucha más biomasa”, explica el bombero forestal David López. Su compañero Ángel González, desplegado en la localidad de Padrón, habla de “un bucle eterno” en el que el eucalipto “modifica el suelo, hay un incendio, mueren otras especies y rebrota, colonizando espacios abiertos”. Pero insiste en que “la clave es la gestión”, una frase que repiten todas las fuentes consultadas pero que cada vez es más difícil de llevar a la práctica tras décadas de inacción institucional.

La Xunta aprobó con el Gobierno del popular Manuel Fraga un plan forestal en 1992 que preveía unas 245.000 hectáreas de eucalipto en Galicia para 2030. Sin embargo, esa cifra ya se había sobrepasado probablemente en 1998, y en 2022 ascendía a 409.026 hectáreas, el 28% de toda la masa forestal gallega. El objetivo siempre ha sido proveer de madera a Ence, que se ha convertido en el líder europeo en producción de celulosa de eucalipto tras ser privatizada por completo en 2001 y exporta la inmensa mayoría de su producción.

La Xunta llegó incluso a defender en los tribunales al sector del eucalipto para evitar que la especie fuera declarada invasora en España, después de que un informe del Comité Científico de Medio Ambiente recomendara hacerlo. Entre sus argumentos, este órgano consultivo de las comunidades autónomas y el Ministerio de Agricultura incluyó el elevado riesgo de incendios, la alteración del ecosistema y la dificultad de erradicación de la especie.

A pesar de su avance descontrolado, Alberto Núñez Feijóo, jefe del Ejecutivo gallego entre 2009 y 2022, esperó hasta 2021 para actualizar el plan forestal de 1992. El eucalipto ya casi duplicaba la superficie prevista para 2030, pero lo hizo para establecer una reducción de apenas el 5% para 2040. Poco después legisló también una moratoria para impedir nuevas plantaciones hasta 2026, aunque excluyó los terrenos en los que ya estaba presente. El actual candidato a la presidencia del Gobierno llegó a asegurar que no hay «mejor plan de pensiones» que el sector forestal.

Plantación de eucalipto
Plantación ilegal de eucalipto en las afueras de Padrón (A Coruña).

Tras el anuncio de la moratoria, muchos propietarios se apresuraron a talar otros árboles y plantar eucalipto para poder seguir haciéndolo en un futuro. Y aunque la Xunta asegura que vigila el cumplimiento de la regulación, basta con darse una vuelta por la Galicia rural para ver que los incumplimientos de la ley son frecuentes. El ahora presidente gallego, el también conservador Alfonso Rueda, declaró en una rueda de prensa en junio que el objetivo sigue siendo “producir más, vender más y a mejores precios”.

Esta política ha propiciado que el eucalipto se adueñe del litoral gallego, la zona con un clima más húmedo y templado de la comunidad autónoma. En los últimos años, sin embargo, la llegada de una nueva especie resistente a temperaturas más frías —nitens en lugar de globulus— está permitiendo que el árbol se adentre en los interiores de la región.

Hasta el momento, Lugo y norte de A Coruña, donde hay plantaciones más grandes y mejor gestionadas, son zonas poco afectadas por el fuego, frente a los fuertes incendios que suelen afectar al monte de Pontevedra. Allí, la presencia del eucalipto, la deficiente gestión del territorio y el clima más seco y caluroso generan un combinación especialmente peligrosa.

La selva gallega

Cerca de Ordes, a las afueras de Santiago, dos botes de detergente vacíos sirven de linde entre tres parcelas de apenas diez metros de ancho cada una. A la izquierda, una plantación madura de eucalipto; en el centro, otra más reciente de hace unos dos años, y a la derecha, un terreno abandonado convertido ahora en un robledal. Es la viva imagen del monte gallego, un mosaico de pequeñas propiedades sin dueño conocido en el 8% de los casos.

Al minifundismo —Galicia es la región española con el mayor número de parcelas por titular y la superficie media más pequeña— hay que sumar el grado de privatización del bosque gallego: tan solo un 3% es público, la tasa más reducida del país. Y por si esto no fuera suficiente, también es la región donde más madera crece al año, duplicando prácticamente el dato de la segunda en la lista, Castilla y León, todo según cifras del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

“Con estos antecedentes es fácil intuir los problemas que puede ocasionar una especie alóctona, invasiva y de alta combustibilidad en un monte gallego afectado con frecuencia por los incendios forestales”, sostiene Alberte Blanco, director general de Montes de la Xunta de Galicia durante el bipartito de su formación, el Bloque Nacionalista Galego, y el PSOE entre 2005 y 2009.

A su juicio, el gran obstáculo es “la ausencia de voluntad política” del Partido Popular, que llegó a subvencionar las plantaciones de eucalipto en los noventa. El Gobierno de coalición obligó a limpiar de maleza los perímetros de las casas y prohibió plantar pino o eucalipto cerca de núcleos urbanos, pero tampoco frenó la expansión descontrolada de la especie.

Más allá del plano político, la partición de la tierra en Galicia determina la logística de abastecimiento de Ence, que se ve obligada a acudir a propietarios particulares para saciar el 95% de su demanda de madera. En total, son cerca de 250.000 los dueños de eucaliptales en Galicia, según estimaciones de Unions Agrarias. Eso equivale a un 9% de la población, por lo que prácticamente todos los gallegos conocen o tienen en su familia a algún propietario que ha recibido la llamada de Ence.

Parcelas de eucalipto en Galicia
Compartimentación de la tierra cerca de Ordes (A Coruña).
Parcelas de eucalipto en Galicia
Un bote de detergente sirve de linde entre dos parcelas.

Sin embargo, que las compras de la compañía beneficien a un gran sector de la población no significa que su actividad esté exenta de polémica. Aparte de promover la eucaliptización de Galicia, seis directivos de Ence fueron condenados por delito ecológico en 2002. La empresa también es conocida por sus puertas giratorias: la exministra de Medio Ambiente Isabel Tocino (1996-2000) y el exconselleiro del mismo ámbito Carlos Del Álamo (1997-2003) han acabado en su consejo de administración.

Por otro lado, Ence ha estado a punto de tener que abandonar su fábrica situada en terreno público de la ría de Pontevedra, donde aporta el 28% del PIB provincial. La concesión acababa en 2018, pero el Gobierno en funciones de Mariano Rajoy, gallego y también del PP, la prorrogó en 2016 hasta 2073 a pesar de los olores y el ruido.

Ence cubre el 95% de su demanda con el suministro de propietarios particulares

Pero ahora un nuevo actor está tratando de cambiar las reglas del juego y amenaza la hegemonía de Ence: Navigator, la mayor pastera de Portugal, que ya controla cerca de mil hectáreas de eucalipto en Galicia. En el país vecino la ola de incendios de 2017 llevó al Ejecutivo luso a decretar una moratoria de nuevas plantaciones hasta 2030 y sus empresas están teniendo que cruzar la frontera para asegurar su suministro. A diferencia de la industria gallega, que envía la pasta de celulosa al exterior para ser transformada en papel, Portugal controla la cadena de producción al completo y tiene una demanda de madera más urgente.

Asimismo, ante la inacción de la Xunta, cada vez más voces de la sociedad civil claman contra el monocultivo del eucalipto, que además de aumentar el riesgo de grandes incendios reduce la biodiversidad y acidifica, empobrece y seca el suelo. Xoán Manuel Pérez, miembro de la asociación ecologista Verdegaia, encarna esa lucha a menudo joven y urbana. Vecino de Santiago de Compostela, trabaja en una biblioteca municipal y dedica sus ratos libres a proteger el bosque atlántico gallego.

En un eucaliptal cerca de Padrón, entre crujidos de ramas secas y troncos raquíticos que esperan a ser talados, Pérez se retrotrae a su infancia: “En el alcornocal donde yo me crie ahora solo hay eucaliptos. La transformación del monte se ha producido en una vida humana, cuando antes se necesitaban generaciones”. Cuesta pensar que casi un tercio del monte gallego ha sido plantado por el hombre en apenas unas décadas. Tras la ola de incendios de 2017, su asociación creó lo que llaman “brigadas deseucaliptizadoras”, equipos de voluntarios que desbrozan parcelas de propietarios preocupados por los peligros del eucalipto. En poco más de cinco años ya han intervenido más de ochenta terrenos, incluido el de Froxán que ardió en 2006 y 2016.

Además de organizaciones como Verdegaia, la academia también está trabajando para poner números al problema del eucalipto en Galicia. El esperado Inventario Forestal Continuo de Galicia, un proyecto de la Xunta en colaboración con las universidades de Vigo y Santiago, tiene como objetivo suplir la falta de datos que debería suministrar el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, que acumula un retraso de dos años en su último inventario nacional.

Según Juan Picos, director de la Escuela de Ingeniería Forestal de la Universidad de Vigo y coordinador del proyecto, el inventario va a marcar “un antes y un después” en la gestión forestal de Galicia. No solo porque pondrá números de una vez por todas al problema del eucalipto en la comunidad autónoma, sino también porque permitirá monitorizar su expansión parcela a parcela y año a año.

Con una inversión de más de tres millones de euros, sus primeros resultados —como los del peso del eucalipto en Galicia incluidos en este reportaje— se publicaron a comienzos de junio. Los datos más detallados pendientes de ver la luz darán buena cuenta de cómo y dónde se está expandiendo el eucalipto. Para el profesor, una referencia en el sector, esto permitirá fijar zonas de alto riesgo de incendios donde “tendría sentido eliminar” este tipo de árboles.

Juan Picos
Juan Picos reconstruyendo el incendio de Boiro.

Una condena en herencia

Tiene más de ochenta años, pero Evaristo sigue limpiando sus eucaliptos. Sabe que si los descuida podrían convertirse fácilmente en el combustible de un incendio. Procede de una generación acostumbrada a gestionar el bosque, nutrirse de él y adelantarse al fuego. Pero sus hijos ya no viven en esa Galicia y la naturaleza acabará reclamando sin resistencia su plantación al igual que muchas otras.

Con casi 4.000 aldeas vacías, una media de edad de 48 años y una política forestal pasiva, el eucalipto seguirá asilvestrándose y dejando Galicia a merced del fuego. El cambio climático también ha entrado en escena: los incendios tardíos facilitan la expansión del árbol, siempre preparado para rebrotar, y eliminan la competencia de las especies autóctonas, más debilitadas tras el verano. Tras décadas de desidia institucional y especulación, el círculo vicioso del eucalipto amenaza con prender la mecha del bosque gallego.

Este reportaje, incluyendo el trabajo de campo en Galicia y la visita a las plantaciones de eucalipto en mayo de 2023, ha sido realizado en colaboración con la European Data Journalism Network (EdjNet), un consorcio periodístico internacional que cubre Europa y temas paneuropeos usando periodismo de datos, y el proyecto FIRE-RES.

Ver metodología

Los datos relativos a las cortas de madera han sido extraídos del Anuario de Estadística Forestal del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico; los de superficie de eucalipto del Inventario Forestal Nacional y el Inventario Forestal Continuo de Galicia; los de incendios del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales, y los de propiedad de las parcelas forestales de informes y publicaciones de ámbito regional. En todos los casos se ha seleccionado el último año con información disponible.

Para el gráfico que refleja la evolución del eucalipto en Galicia, se ha optado por utilizar una horquilla para mostrar los resultados de los inventarios forestales anuales 1, 2, 3 y 4, en tanto en cuanto calculan las masas puras y mixtas de eucalipto por separado y no ofrecen una estimación de la superficie total de la especie. Asimismo, el mapa que refleja la expansión geográfica del eucalipto se basa en los resultados del cuarto inventario (2009), ya que la Xunta solo ha publicado las cifras preliminares del Inventario Forestal Continuo de Galicia y se ha negado a compartir con El Orden Mundial los datos cartográficos.

Las plantaciones de eucalipto se concentran en la costa y desaparecen conforme se adentran en el interior de Galicia.

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En las dos últimas décadas, sin embargo, los incendios han sido más frecuentes en la mitad suroeste de la región.

De esta forma, hasta ahora el fuego y los eucaliptos han confluido sobre todo en Pontevedra.

Allí, el descontrol de las plantaciones es tal que en algunos puntos los árboles invaden las carreteras y cuando llegan las llamas es imposible abandonar los núcleos urbanos.

Hasta ahora, y gracias al clima, Pontevedra es la única provincia en la que el fuego y los eucaliptos han confluido a gran escala.

 

Allí, el descontrol de las plantaciones es tal que en algunos puntos los árboles invaden las carreteras y cuando llegan las llamas es imposible abandonar los núcleos urbanos, según aseguran bomberos de la zona.

Pero el cambio climático está aumentando la intensidad y la frecuencia de los incendios, mientras que el nitens ha abierto la puerta de las zonas intermedias de A Coruña y Lugo al eucalipto.

3 comentarios

  1. Expandir comentario
    Rubén Losada

    Brutal el reportaje y muy necesario sobre algo que llevo viendo toda la vida en Galicia. ¡Buen trabajo!

  2. Expandir comentario
    Lola Márquez Cañizares

    Muy buen artículo. Información detallada que desconocía, y tristeza por la desidia de los gobernantes.

  3. Expandir comentario
    Paz Hurlé Becher

    Muy interesante y bien escrito. Pero echo de menos más información acerca de los incendios en Orense, donde aparentemente no hay apenas eucalipto. El mapa, buenísimo como siempre, suscita nuevas preguntas relacionadas con todo lo que se está contando.

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