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Los rusos no quieren ir a la guerra. Después de que Putin anunciara la “movilización parcial” de 300.000 reservistas para contrarrestar los avances ucranianos, miles de ciudadanos han huído del país. Algunos por aire, agotando y disparando los precios de los billetes de avión a Turquía y Armenia durante meses; otros por tierra, colapsando la frontera con Georgia, por donde han llegado a pasar 10.000 rusos al día. Se calcula que entre 200.000 y 250.000 han abandonado Rusia. Sin embargo, no todos en Europa están dispuestos a recibirlos.
Estonia, Letonia, Lituania y Polonia han cerrado sus fronteras y otros como Finlandia o la República Checa se inclinan a hacerlo. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, lleva meses instando a la UE a prohibir la entrada a los rusos, y Bruselas ha respondido endureciendo las condiciones de entrada a su territorio poco antes del anuncio de movilización. No obstante, cerrar Europa a la migración rusa puede traer más desventajas que beneficios.
Los rusos ya tienen difícil huir a Europa
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