En el foco Geopolítica África

Escuelas islámicas e inversiones millonarias: la expansión de Turquía en África

Escuelas islámicas e inversiones millonarias: la expansión de Turquía en África
Fuente: elaboración propia.

Turquía ha expandido su presencia en África en las últimas dos décadas hasta contar con 44 embajadas. El Gobierno de Erdoğan ha construido vínculos políticos y económicos mediante ayuda humanitaria y cofradías islámicas para estrechar lazos religiosos. Ankara compite ahora con países del Golfo para ser un aliado del continente diferenciado de Europa y China.

“Los africanos son hermanos con quienes compartimos destino. Nos acercamos a ellos no con intereses políticos o partidistas, como otros, sino desde una perspectiva humana y consciente”. El presidente de Turquía, Recep Tayip Erdoğan, hizo su última visita oficial a África el pasado 28 de enero de 2020. En su discurso marcó las líneas de la estrategia turca en el continente: mostrarse como un verdadero aliado, desmarcado de los antiguos poderes coloniales y de socios lejanos como China o Estados Unidos.

No obstante, Turquía también tiene intereses políticos y económicos en África. En su viaje a Senegal en 2020, Erdoğan visitó algunos de los veintinueve proyectos firmados por el país con empresas turcas por 750 millones de dólares, como el Aeropuerto Internacional Blaise Diagne o el Dakar Arena. El presidente turco ha viajado a veintisiete países africanos desde 2009 y es el líder no africano con más visitas oficiales en el continente. Gracias a estos esfuerzos, Turquía ha pasado de tener doce embajadas en África en 2009 a 44 en 2021, ha incrementado su inversión de cien millones de dólares en 2003 a 6.500 millones en la actualidad y ha quintuplicado el comercio en ese periodo, hasta los 26,6 millones de dólares anuales. Prueba de esa creciente actividad económica es que la aerolínea Turkish Airlines vuela ya a 52 ciudades africanas, frente a las catorce que cubría hace una década.

Turquía empezó a poner su mirada en África en 1998, tras el rechazo de la Unión Europea a admitirle como Estado miembro el año anterior. Sin embargo, no fue hasta 2011 cuando Ankara empezó a potenciar su presencia en el continente con una estrategia basada en la ayuda humanitaria y la apertura de centros de enseñanza islámicos cercanos al Gobierno. Los valores islámicos que Erdoğan defiende resuenan entre la comunidad musulmana africana, que supone un tercio de los musulmanes en el mundo.

La estrategia: islam y ayuda humanitaria

Somalia es donde Turquía más ha implementado su estrategia de ayuda humanitaria a países musulmanes de África. Entre 2010 y 2012 Somalia vivió la peor hambruna de su historia, con más de 250.000 muertos. Erdoğan fue al país para mostrar su apoyo en agosto de 2011, en la primera visita de un líder no africano en veinte años. Desde entonces, las relaciones se han intensificado: Somalia ha recibido más de mil millones de dólares en ayuda humanitaria de Turquía, país al que más estudiantes somalíes becados van a estudiar.

Turquía en África.
Embajadas de Turquía en África antes y después de la llegada de Erdoğan al poder en 2003. Fuente: elaboración del autor con información de African Business

La ayuda turca supuso una muestra de apoyo a la comunidad musulmana y un impulso en las relaciones con África. El 99% de la población de Somalia profesa el islam y se espera que en el continente vivan uno de cada cuatro musulmanes en 2050. Erdoğan ha utilizado la religión como una herramienta de poder blando para establecer relaciones. Por ejemplo, el Gobierno turco acogió en 2006 la 1ª Reunión de Líderes Musulmanes de Sociedades y Países Africanos, y en la segunda, en 2011, los líderes musulmanes pidieron a Turquía que se involucrara más en la educación islámica del continente.

En esa enseñanza han jugado un papel clave las cofradías turcas Hizmet y la Fundación Aziz Mahmûd Hüdâyi. La primera fue la comunidad religiosa turca pionera en África. Llegó en los años noventa y hasta 2016 lideraba las escuelas turcas en el continente, con presencia en 35 países. Sin embargo, desde ese año Erdoğan ha presionado a los Gobiernos africanos para cerrar esos colegios, al estar liderados por el líder religioso Fethullah Gülen, a quien el presidente turco acusa de haber liderado un intento de golpe de Estado en su contra en 2016. Veintinueve países africanos ya han cerrado las escuelas Hizmet en favor de las de la Fundación Maarif, de control estatal.

Por su parte, la Fundación Aziz Mahmûd Hüdây ha ganado terreno desde la persecución de los colegios de Gülen. Ya tiene presencia en diecisiete países africanos con el objetivo de “luchar contra la pobreza y la ignorancia” a través de “servicios de caridad en la educación”, pero organizaciones occidentales critican que promueve un islam radical. Detrás de ella está la cofradía Erenköy, de la rama sufí del islam, minoritaria en Turquía y que coexiste con la versión musulmana estatal en África con la connivencia del Gobierno turco. En países como Ghana, por ejemplo, han construido mezquitas e internados de secundaria que siguen el modelo Imam-Hatip de escuela vocacional para educar a los imanes.

El Cuerno de África, prioridad para Turquía

La ayuda humanitaria y la presencia de cofradías turcas al sur del Sáhara están ligadas a los objetivos políticos, económicos y de seguridad de Erdoğan. Turquía se define como un país “afroeuroasiático” para mostrarse como un socio cercano al continente. Compite contra Egipto y países del Golfo por la influencia en África e intenta mostrarse como un aliado distinto, desmarcado de los países europeos con pasado colonial y de potencias con culturas lejanas como China o Estados Unidos.

La presencia turca en África subsahariana se centra sobre todo en el este, donde Erdoğan se apoya en Somalia como enclave estratégico. La empresa turca Albayrak Group firmó en 2020 un acuerdo que prolongaba por catorce años la concesión iniciada en 2014 de la gestión del puerto de Mogadiscio, capital de Somalia y puerta de salida al mar Rojo, por donde pasan un 10% de los buques de carga de todo el mundo. Allí también está desde 2017 la base militar TURKSOM, la más grande fuera de Turquía, que refuerza así su presencia militar en torno a Oriente Próximo.

Sin embargo, en esa batalla de influencias, Turquía ha perdido un aliado en Sudán. Erdoğan mantenía grandes relaciones con el dictador sudanés Omar al Bashir y en 2017 firmó un acuerdo de concesión a 99 años del puerto de la isla de Suakin, en la frontera con Egipto. Tras la caída de Al Bashir en 2019, Sudán canceló la cooperación militar con Ankara y se puso de parte de Egipto. El Cairo, entretanto, creó en enero de 2020 la alianza Estados de la Costa Africana del Mar Rojo con Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos (EAU), todos adversarios de Turquía

Frente a ello, Erdoğan tiene en Etiopía a su otro gran socio en el Cuerno de África. El Gobierno turco firmó un acuerdo militar en 2013 en el que se comprometía a defender el proyecto etíope de la Gran Presa del Renacimiento frente a Egipto y Sudán, rivales de Etiopía en el conflicto por las aguas del Nilo. Además, Turquía es el segundo inversor en el país después de China y tiene presencia con más de 225 empresas.

Un actor en auge, pero aún de segundo nivel

Erdoğan ha visto en África un lugar para incrementar su poder geopolítico. Su estrategia ha combinado la asistencia en ayuda humanitaria y su carta de presentación como nación hermana del continente, centrándose en los lazos religiosos que le unen a los países de mayoría musulmana. Tras dos décadas de relaciones, Turquía es ya el octavo país con mejor imagen para los africanos, por delante de Rusia, Bélgica y EAU, y tan solo un puesto por detrás de Francia.

Con todo, la influencia turca en África está lejos de la del Reino Unido y la propia Francia, con profundos lazos históricos, o la de China, que invierte en todo el continente. Turquía compite en un segundo nivel contra Arabia Saudí o EAU por ser la nueva alternativa, aunque ya se ha asentado con firmeza en la geopolítica africana.