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El pulso por dominar la izquierda en Italia

El pulso por dominar la izquierda en Italia
Manifestación del 25 de octubre del Partido Democrático. Fuente: Leonardo d'Ottavi

Mientras el Movimiento Cinco Estrellas se desgasta en su alianza de gobierno con Salvini, el Partido Democrático —la marca de los socialdemócratas italianos— tiene un nuevo líder dispuesto a recuperar la fuerza que la formación llegó a tener en los mejores años de Matteo Renzi. Italia se enfrenta este año a elecciones europeas, regionales y municipales y se avistan nubarrones negros en la economía. La lucha por la izquierda italiana está servida.

Cuando Matteo Renzi llegó al poder en febrero de 2014, el horizonte de su carrera política liderando la izquierda en Italia parecía no tener fin. Maniobró para desplazar del cargo a su compañero de partido Enrico Letta y se convirtió en el primer ministro más joven de la Historia de Italia a los 39 años, con energía reformadora y un amplio apoyo de los italianos. Pero una gran ambición precipitó rápidamente su final. Tras perder claramente un referéndum constitucional en el que puso todo su capital político, dimitió en diciembre de 2016 y se convirtió también en el primer ministro más joven en dejar el poder. Y, aunque revalidó su puesto como secretario general del Partido Democrático (PD), Renzi no pudo evitar el desastroso resultado de su formación en las elecciones generales del 2018, que dieron la victoria a la Liga de Salvini y al Movimiento Cinco Estrellas (M5S por sus siglas en italiano), ahora socios de gobierno.

Desde entonces, los socialdemócratas italianos han pasado un año en una travesía por el desierto buscando un nuevo líder. Y lo han encontrado en la figura de Nicola Zingaretti, elegido en primarias el pasado mes de marzo. Zingaretti tiene una postura más sosegada y escorada hacia la izquierda que Renzi y además ya ha demostrado que puede ganar. Y es que quizá fue el único socialdemócrata que tenía algo que celebrar la noche de las elecciones en 2018: ese día también se votaban las regionales en el Lacio, que Zingaretti preside tras revalidar entonces su mandato. Todo un hito teniendo en cuenta el fracaso de su partido a nivel nacional y que nunca en la Historia de la región un presidente había gobernado dos veces. El cambio de liderazgo en el PD ya ha conseguido cambiar la tendencia electoral del partido, que se sitúa ahora en torno al 21% y subiendo después de desinflarse en las elecciones.

El escenario político ha cambiado radicalmente en el último año: la caída del PD, que ahora empieza a recuperarse; el histórico resultado del M5S, hoy en claro retroceso; la subida de la Liga de una posición más baja al dominio de la escena, y la progresiva caída en la irrelevancia del partido de Berlusconi, Forza Italia. Fuente: Poll of Polls

El resto del escenario político también ha cambiado mucho desde entonces. Las urnas dieron como ganador indiscutible al populista M5S, un terremoto en un país históricamente dominado por los tradicionales bloques de izquierda y derecha. El M5S formó coalición con el otro vencedor de la jornada, la ultraderechista Liga de Salvini, socio minoritario con la mitad de los votos. Sin embargo, las tornas han cambiado: el inexperimentado Luigi di Maio —líder del M5S y co vice primer ministro junto a Salvini— ha sido incapaz de capitalizar su entrada en el Ejecutivo y Salvini domina hoy el gabinete y las encuestas, que le dan más del 32% de los apoyos frente a un 22% del M5S.

Para ampliar: “Salvini, dueño de Italia”, Blas Moreno en El Orden Mundial, 2018

Está claro que solo un año después de formar Gobierno el ejercicio del poder no ha beneficiado por igual a los socios de la coalición. Salvini ha centrado sus esfuerzos en la inmigración, que aseguran titulares impactantes y resultados electorales rápidos. Por el contrario, Di Maio ha apostado por grandes reformas económicas, como una renta básica para ciudadanos en dificultades o la rebaja de la edad de jubilación, medidas que coinciden con las demandas de su electorado, pero que son costosas, difíciles de implementar y han puesto a Italia en conflicto con Bruselas por su exceso de déficit. Las diferencias también son palmarias en Europa: mientras Salvini se convierte en el líder de facto de los euroescépticos europeos, Di Maio no tiene con quién aliarse en el Parlamento Europeo y solo ha podido intentar un torpe acercamiento a los chalecos amarillos franceses. Además, ambos partidos tampoco han desaprovechado la oportunidad de perjudicarse mutuamente boicoteando propuestas o azuzando los casos de corrupción del contrario.

Y, en medio del humo, está claro que el más magullado es Di Maio. El líder del M5S se encuentra entre la espada y la pared: baja en las encuestas, pero teme que, en cualquier momento, una crisis de gobierno y unas nuevas elecciones puedan entregar todo el poder a Salvini. Hasta tal punto sabe Di Mario que está en el lado débil que tuvo que cruzar una línea roja de su partido —que los políticos sospechosos de haber cometido algún delito deben dejar el cargo— para hacer una excepción con el propio Salvini y bloquear su imputación por secuestro por haber negado el desembarco a un centenar de inmigrantes hacinados en un buque de salvamento en agosto. Mientras, un PD renovado va recortando distancias con el M5S abanderando el discurso europeísta que quedó huérfano con la derrota de Renzi y presentando un programa de izquierdas más coherente que el del M5S, que cohabita en el Gobierno con los postulados liberales de la Liga.

Para hacer las cosas todavía más difíciles a Di Maio, el M5S se presenta a las elecciones sin aliados, mientras que tanto el PD como la Liga se apoyan en otros partidos más pequeños de su espectro en sendas coaliciones electorales de izquierdas y derechas —que incluye a Forza Italia, el partido venido a menos del anciano Berlusconi— y que pueden sumarles entre un 5% y un 15% de votos, respectivamente. Ante el calendario de elecciones, Zingaretti ve un reto, Salvini se relame y Di Maio tiembla.

Las encuestas dan una victoria holgada a la autodenominada «coalición de centroderecha» (azul), formada por la Liga, Forza Italia y Hermanos de Italia. El M5S quedaría como tercer gran bloque, detrás de la «coalición de centroizquierda» de Zingaretti (rojo claro). Fuente: YouTrend

Tres elecciones regionales ya han confirmado esta tendencia en lo que va de 2019. Las votaciones en Abruzos, Cerdeña y Basilicata han dado toda la victoria a la coalición de derechas, arrebatadas a un PD que las ganó en 2014 en el punto más dulce de la era Renzi. En los tres casos se producen dos fenómenos interesantes: la Liga es el partido más votado —lo que demuestra que, aunque recibe ayuda de otros partidos, el músculo de Salvini no decae— y la coalición de izquierdas siempre adelanta al M5S por al menos una decena de puntos porcentuales.

Esas tres elecciones regionales son solo el prólogo de lo que viene: el 26 de mayo se votan elecciones europeas, regionales en Piamonte y municipales en la mitad de las localidades del país, y otras tres regiones —Calabria, Emilia-Romaña y Umbría— votarán en otoño. Muchos de esos municipios, así como las cuatro regiones, son defendidas también por los socialdemócratas. Zingaretti puede esperar más derrotas, en línea con las tres regiones que ya han votado este año, pero hay dos ejemplos que dan esperanza al nuevo proyecto del PD y permiten anticipar el escenario político que viene: Piamonte y la ciudad de Florencia.

Tanto en Piamonte como en Florencia se anticipa una victoria de la coalición izquierdista sobre la derecha, combinada con un papel muy discreto del M5S. Al margen de que Salvini y los suyos sigan uniendo a toda la derecha con niveles de apoyo muy altos, la debilidad del M5S se traduce en grandes resultados para la coalición de izquierdas, que llega incluso a negarle la victoria a una derecha en estado de gracia. Con el tiempo, los socialdemócratas pueden aprovechar el desgaste del M5S para venderse como la única alternativa a Salvini.

Con todo, el socio mayoritario del Gobierno sigue siendo el M5S, al menos sobre el papel. ¿Qué pasará cuando las urnas certifiquen el sorpaso de la Liga el próximo 26 de mayo? Di Maio tendrá que elegir entre dos caminos arriesgados: dejar el poder o seguir compartiéndolo con un Salvini reforzado. Lo más probable es que opte por seguir en el Gobierno para no darle a Salvini el control absoluto tan fácilmente y retrasar el golpe del paso a la oposición. Pero, incluso así, la pobre situación económica o el previsible encontronazo con Bruselas a cuenta del déficit podrían dar argumentos al líder de la Liga para atacar al M5S y forzar él mismo la crisis cuando más le convenga, por lo que el M5S quedaría fuera del Ejecutivo de una forma u otra.

A pesar de que para entonces es probable que la Liga haya seguido creciendo en apoyos al tiempo que el M5S baja, esa crisis política no tendría por qué desembocar directamente en elecciones. El sistema político italiano da al presidente de la república la competencia de encargar formar Gobierno a quien crea más capacitado, tratando siempre de que solo se convoquen nuevas elecciones como último recurso —así se vio durante la formación del actual Gobierno, que necesitó tres meses de negociaciones—. Habiendo abandonado el M5S el Gobierno, el presidente Mattarella encargaría a Salvini formar un nuevo gabinete y no es descartable que pudiera hacerlo con el apoyo de diputados desafectos del M5S, conscientes de que sus escaños peligrarían en unas elecciones. En ese escenario, un M5S debilitado sería definitivamente reemplazado por el PD como principal fuerza de izquierdas y al frente de la oposición y el futuro político de los de Di Maio se oscurecería mucho.

Pero, si finalmente hay elecciones generales en algún momento entre la segunda mitad de 2019 y 2020 y la tendencia sigue como parece, el M5S lo podría llegar a tener peor. Es posible que Salvini consiguiera los suficientes apoyos como para gobernar solo y relegar de nuevo al M5S a la sombra de los socialdemócratas. De lo contrario, los de Di Maio podrían ser la llave del Gobierno, pero tendrían que elegir entre darle el poder a Salvini —con quien ya han pactado, con nefastas consecuencias— o a Zingaretti, su competencia directa en la izquierda. Si nada cambia, Salvini dominará la derecha italiana durante los próximos años; queda por ver qué pasa en la izquierda. Eso si nada cambia, porque en 2014 un tal Matteo Renzi ya se veía primer ministro durante lustros. Con la política italiana nunca se puede estar realmente seguro de nada.