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El Partido Laborista y su indefinición ante el brexit

El Partido Laborista y su indefinición ante el brexit
Fuente: Sophie Brown

El Partido Laborista británico se ha caracterizado desde el principio por adoptar una actitud más bien pasiva con respecto al brexit. Su incierta postura probablemente tenga mucho que ver con las preferencias personales del propio Jeremy Corbyn.

Fue en 2016 cuando Reino Unido decidió que su futuro como país cambiaría para siempre, para bien o para mal. Con un referéndum que decidía si debía seguir formando parte de la Unión Europea, los británicos votaban, al mismo tiempo, sobre cuestiones ocultas de identidad nacional y pertenencia. No era la pregunta a la que respondían cuando acudieron a las urnas, pero muchos votaron en clave identitaria, con el enfado propio de una clase media víctima de la globalización, los continuos recortes por parte del Gobierno y la sensación de pérdida de una seguridad y un bienestar que relacionaban con una época gloriosa anterior.

Para ampliar: Brexit, una cuestión de identidad”, Astrid Portero en El Orden Mundial, 2018

Durante la campaña, en la que los distintos actores políticos intentaban influir sobre el voto de los ciudadanos, faltó algo crucial: un líder o un grupo de líderes que apostaran claramente por quedarse dentro de la Unión Europea. Si bien David Cameron trató de hacer —sin demasiado éxito— una campaña a favor de la permanencia de Reino Unido, la agenda estuvo marcada por un aluvión de datos, no siempre verdaderos, sobre las desventajas que les suponían a los británicos pertenecer al club europeo. En esta vorágine de acontecimientos hubo ganadores, partidos que supieron aprovechar al máximo su momento —como el UKIP, aunque prácticamente haya desaparecido—, pero también hubo perdedores, como parece ser el caso del Partido Laborista.

¿Cuál es la postura de Jeremy Corbyn y, por extensión, del Partido Laborista con respecto al brexit? Nadie lo sabe con certeza, pero quizá en esta falta de claridad podamos encontrar más información de lo que en un inicio parece. Es posible que lo más significativo de este laberinto en el que se encuentran los laboristas sea el hecho de que el propio Corbyn es conocido por su euroescepticismo y por su relación tormentosa con el proyecto europeo: votó a favor de que Reino Unido abandonara la Comunidad Económica Europea ya en 1975, y ese es solo uno de los múltiples acontecimientos y decisiones personales que han plasmado su descontento con la Unión Europea y que, en ocasiones, han contradicho la línea general del propio partido —como cuando en 2011 votó a favor de que se celebrara un referéndum por la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea—.

Para ampliar: “Jeremy Corbyn’s views on Brexit: a long held stance on Europe”, Mark Pack, 2018

Aunque es cierto que las preferencias personales de Corbyn deberían ser independientes al funcionamiento del partido en sí, no es menos real que supone uno de los mayores problemas a los que se enfrentan los laboristas en una coyuntura en la que la política nacional parece haberse congelado desde 2016, a la espera de que se resuelva si habrá finalmente brexit y, en caso de haberlo, qué tipo de brexit serán capaces de llevar a cabo los líderes políticos. Los laboristas no han sabido encontrar un punto de separación entre el discurso de los conservadores y el suyo y, si bien los primeros se encuentran sumidos en una batalla interna, los segundos siguen a la espera de que Corbyn recupere un liderazgo que parece no llegar. A pesar de que Theresa May se enfrenta en la actualidad a miembros de su propio partido, sigue estando mejor valorada que Corbyn: la actual primera ministra británica cuenta con un 32% de aprobación y un 46% de opiniones negativas, mientras que Corbyn cuenta con un 30% de aprobación y un 49% de opiniones negativas, lo cual resulta llamativo si consideramos que se trata del líder de la oposición.

¿Cuál es la postura del Partido Laborista con respecto al brexit? Cualquiera que pueda desestabilizar al Gobierno de May y al Partido Conservador, sea lo que sea según el momento. En septiembre de 2018 Corbyn afirmó que apoyaría un segundo referéndum sobre el brexit si el partido lo pedía, pero lo cierto es que, a pesar de que existe una presión cada vez mayor por parte de la sociedad para ello, su estrategia parece que por fin queda clara: esperar al momento oportuno. Nadie sabe a ciencia cierta cuál es la postura del partido con respecto al brexit —en su web afirman ambiguamente su apuesta por preservar los trabajos y la calidad de vida de los británicos, sin especificar cómo—, pero Corbyn defiende que puede lograr un mejor acuerdo que el que ha negociado May y que para ello necesita una convocatoria de elecciones en la que ganen los laboristas. Presenta así una posible convocatoria de elecciones en clave de referéndum en las que la gente votaría por un partido u otro en función de si aprueban o no el acuerdo actual.

Aunque las últimas cifras sobre intención de voto son casi iguales para ambos partidos —40% para los conservadores, 38% para los laboristas—, un 35% sigue considerando que May desempeña mejor el papel de primera ministra frente al 24% que prefiere a Corbyn. Un 37% no sabe a quién elegir, lo cual muestra con claridad que el porcentaje que ve a Corbyn como el futuro de la izquierda es, en realidad, bastante bajo. Sin definir bien qué tipo de brexit quieren negociar con Europa —o si directamente quieren brexit o que la gente vuelva a decidir sobre la cuestión—, a los británicos no les queda claro que los laboristas puedan hacerlo mejor porque hasta ahora se han caracterizado por no hacer nada. Corbyn cae en el mismo error en el que cayó Cameron en 2016: prometer algo que no puede garantizar. En la mesa de negociación hay dos partes, y no hay que confundir expectativas con realidad: que Corbyn crea que puede lograr un acuerdo mejor no implica necesariamente que logre negociarlo o, más aún, que se apruebe en Westminster. No se puede jugar con cartas que no se tienen.

Para ampliar: “La revolución tras Jeremy Corbyn”, David Hernández en El Orden Mundial, 2017