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No existe una definición exacta de moral pública que pueda aplicarse a todos los Estados de forma homogénea. Por ello, las restricciones con el objetivo de protegerla han tomado todo tipo de formas a lo largo de la Historia —la prohibición de la homosexualidad o la censura de obras de arte son algunos de los ejemplos más clásicos— y sus objetivos han variado desde el control social hasta la protección de la seguridad del Estado. Sin embargo, en algunas sociedades las medidas de protección de la moral pública han adquirido un sello distintivo de identidad, como es el caso de la prohibición del baile en Japón.
El Footloose nipón
Las luces del local se encienden y la música deja de sonar bruscamente. En la sala, la gente se cubre los ojos, confusa y cegada por un instante. No tienen tiempo para reaccionar cuando la policía entra en la sala y comienza a dar gritos. Algunos de los presentes son detenidos y llevados a comisaría. El dueño del local sabe que no hay nada que hacer y que, en unos días, su local habrá cerrado.
La escena podría parecer sacada de la película estadounidense Footloose. Pero en Japón, donde el baile ha estado prohibido durante más de 60 años, la realidad superó hace tiempo a la ficción. El origen de esta prohibición data de la Segunda Guerra Mundial, cuando el Gobierno trató de imponer el orden tras el conflicto y eliminar todo rastro de caos e inmoralidad. Hasta ese momento, el ejercicio de la prostitución estaba asociado a los locales de baile y bailar se veía, por tanto, como algo indecoroso. Así, cuando el Gobierno aprobó una nueva ley de moral pública que afectaba a los negocios de entretenimiento —conocida como fueiho en japonés—, los locales de baile fueron incluidos en la lista negra.
La regulación no era exhaustiva y permitía bailar en aquellos locales con una licencia especial. Sin embargo, los requisitos para adquirir dicha licencia no eran nada sencillos de cumplir —por ejemplo, el local debía tener más de 66 metros cuadrados—. Además, ...
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