El nuevo éxito de Putin se llama Sputnik V

La vacuna rusa Sputnik V ha pasado de ser una de las más criticadas a una de las más prometedoras del mercado. Moscú ha promovido su difusión y producción en el exterior durante meses, y ahora espera estrechar lazos, mejorar su imagen internacional y sacar rédito económico y político. La Sputnik V se expande en Iberoamérica, Oriente Próximo y Asia, y pronto podría ser aprobada en la Unión Europea.
GeopolíticaRusia y espacio postsoviético
El nuevo éxito de Putin se llama Sputnik V
Fuente: Marco Verch (Flickr)

Esta funcionalidad está reservada a suscriptores. Suscríbete por solo 5€ al mes.Guardar artículo

El pasado 2 de febrero, la prestigiosa revista The Lancet dio el visto bueno a los resultados de la vacuna rusa Sputnik V en fase 3, en la que habían participado casi 20.000 voluntarios. Los resultados fueron de un 91,6% de efectividad contra los síntomas de la covid-19, muy cerca de la vacuna de Pfizer-BioNTech, empresas estadounidense y alemana, pese a que la metodología para medir la efectividad de la vacuna rusa era menos favorable.
Tras la publicación de los resultados, muchos países se han apresurado a registrar la vacuna rusa. Rusia ha cerrado acuerdos para su distribución con países iberoamericanos como Argentina, Brasil, México, Bolivia o Venezuela, en su vecindario, en Oriente Próximo, en mercados asiáticos tan importantes como el de India e incluso con Hungría, miembro de la Unión Europea. Esto supone una victoria política, diplomática, científica y comercial con la que Rusia apenas podía soñar comienzos de 2020. 
Sputnik V: la vacuna efectiva más cuestionada
Rusia registró para uso interno la primera vacuna contra el coronavirus del mundo, bautizada Sputnik V, el 11 de agosto de 2020. La vacuna se desarrolló en el Centro de Investigaciones Epidemiológicas y Microbiología Gamaleya, dependiente del Ministerio de Salud ruso. El logro fue anunciado personalmente por el presidente Vladímir Putin, y el nombre tampoco fue una cuestión baladí: Sputnik es ‘satélite’ en ruso, y Sputnik I fue el primer satélite que la Unión Soviética puso en órbita en 1957, que le supuso ganar esa etapa de la carrera espacial. La v deriva de vacuna.
El nombre se escogió para evocar la imagen de Rusia como potencia y proyectar poder en el exterior. Moscú tenía esperanzas de que la vacuna se convirtiera en un nuevo hito que sustentase la narrativa del poderío militar, político y científico ruso. Sin embargo, que se aprobase incluso antes de que concluyeran los últimos estudios clínicos también la politizó. De hecho, cuando se aprobó, la Sputnik V no era de las vacunas más avanza...

Si quieres seguir leyendo este artículo, suscríbete a EOM. Lo que pasa en el mundo te afecta; comprenderlo es más necesario que nunca.

Suscríbete por solo 6€ al mes

Javier Espadas

Vitoria-Gasteiz, 1992. Máster en Geopolítica y Gran Estrategia en la Universidad de Sussex y posgrado en Política Europea por la Universidad Libre de Bruselas (VUB). Grado en Filosofía por la UAM. Actualmente, trabajo en Moscú como analista político en Urus Advisory, especializado en el antiguo espacio soviético. Analizando la política como Царское дело ('asunto del zar').