¿Hay que dejar de volar para frenar el cambio climático?

La aviación ha revolucionado la manera en la que viajamos. Lo que es más, ha supuesto un hito en la forma en la que concebimos la distancia, desplegando una red de conexiones entre los puntos más remotos de la geografía mundial. Sin embargo, tal revolución lleva aparejada un impacto climático de cada vez mayor magnitud que los avances tecnológicos no consiguen solventar. Un reflejo de la creciente concienciación social de este problema son los cada vez más numerosos movimientos que exigen poner límite a la aviación o renunciar por completo a volar.
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¿Hay que dejar de volar para frenar el cambio climático?
Fuente: Suhyeon Choi

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Se prevé que se produzcan casi 40 millones de vuelos en 2019, lo que se traduce en más de 100.000 al día. La cantidad de viajeros que utilizan este medio de transporte anualmente creció de manera constante entre 1970 y 2009. Sin embargo, desde entonces la cifra se ha disparado, hasta alcanzar un récord histórico de 4.200 millones de pasajeros en 2019.
Conforme aumentan los ingresos de millones de personas en países en vías de desarrollo y se popularizan los vuelos de bajo coste, el transporte aéreo está cada vez al alcance de más personas. Pero con el boom en el número de usuarios que está por llegar, también aumentará el impacto climático de la aviación comercial: se prevé que las emisiones generadas por la aviación incrementen entre un 300 y un 700% para 2050.
A día de hoy, la aviación es responsable de más del 2% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y del 12% de las vinculadas al transporte. Si bien en términos relativos la cifra parece pequeña, la contaminación generada por esta industria está creciendo a pasos agigantados. De hecho, crece más rápidamente que la procedente de las dos fuentes principales de gases de efecto invernadero: la agricultura y la generación de energía. Si los proyectos de reducir las emisiones en estos dos sectores se materializan exitosamente, la aviación se convertirá en tres décadas en la principal fuente individual de dióxido de carbono. Las previsiones indican que las emisiones de carbono se dispararán de los 1.000 millones de toneladas actuales a cerca de 2.500 millones de toneladas para 2050 en el mejor de los casos, y a más de 3.000 millones en el peor escenario posible.
La popularización de las aeronaves como método de transporte está haciendo de los vuelos comerciales una parte cada vez más importante de nuestra huella ecológica. Por ejemplo, un vuelo de ida y vuelta entre Londres y Madrid genera una media de 235 kilos de CO2 por pasajero simplemente en el empleo de combustible, el equivalente o más a lo que...

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Teresa Romero

Córdoba, 1995. Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid y estudiante del Máster en Economía Política Internacional por el King's College de Londres. Interesada en asuntos de medio ambiente, seguridad y geopolítica, especialmente en la región de Asia.