Hipócrita, ridículo, ignorante, estúpido, idiota, paranoico, arrogante, testarudo, rabioso, fascista, patético... Las autoridades chinas no se guardan calificativos en Twitter contra rivales políticos y usuarios anónimos, en especial ante las crisis recientes para el Partido Comunista. Acallar las acusaciones internacionales ha llevado a Pekín a movilizar a sus representantes a la plataforma, que está censurada en la propia China.
Hasta 2019 apenas había una veintena de cuentas oficiales chinas en Twitter. Sin embargo, dos momentos sensibles hicieron que el Gobierno replanteara su estrategia digital: la guerra comercial con Estados Unidos, que había empezado en 2018, y las protestas en Hong Kong en verano de 2019. Más de cincuenta autoridades chinas abrieron una cuenta en la segunda mitad del año, pero la eclosión llegó con la pandemia. En los tres primeros meses de 2020, el periodo más delicado para la imagen china, se sumaron otros veinte. Entre instituciones gubernamentales, diplomáticos y delegaciones internacionales, para finales de año más de 160 autoridades tenían cuenta de Twitter. Comenzaba la “diplomacia del lobo guerrero”.
Los trolls profesionales chinos
Lobo guerrero es una saga de películas patrióticas chinas de 2015 y 2017 en las que los soldados chinos luchan por defender a sus ciudadanos fuera del país. De ahí que en Occidente se acuñase ese apodo para la diplomacia digital del gigante asiático. La saga tiene un eslogan claro: “Quien ofenda a China será castigado, no importa cuán lejos esté”. Que un Gobierno use la diplomacia para promocionar sus intereses es habitual. Sin embargo, los diplomáticos y embajadas chinos han sorprendido en Twitter por su lenguaje agresivo. Entraron interactuando con sus detractores, incluso con insultos.
Esa diplomacia beligerante surgió en parte como una respuesta a la hostilidad de la Administración de Donald Trump en Estados Unidos contra China. Washington señalaba a Pekín por la guerra comercial entre ambos países, l...