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Los armenios, la diáspora que se convirtió en lobby

Los armenios, la diáspora que se convirtió en lobby
Elaboración propia de la autora.

Los armenios que viven fuera del país son más del doble que los habitantes de Armenia. La diáspora armenia se ha forjado por la represión y la lucha de varios imperios por ocupar ese enclave caucásico. Numerosas organizaciones promueven los intereses de la diáspora y su principal aspiración: que los demás países reconozcan el genocidio armenio. Además, las remesas son cruciales para la economía armenia, y la diáspora también tiene una cuestión más urgente sobre la mesa: el conflicto del Alto Karabaj.

Armenia, un país caucásico que linda con Azerbaiyán, Georgia, Turquía e Irán, tiene una población de tres millones de personas. Pero fuera de sus fronteras, hay entre cinco y medio y nueve millones de armenios. Es decir, hasta tres veces más que dentro del país. Son la diáspora, la comunidad armenia dispersa por el mundo que no se queda indiferente ante lo que ocurre en la tierra que siente suya. Es difícil hablar de números. Como la historia de la diáspora armenia se remonta a varios siglos atrás, la autoidentificación juega un papel importante. Además, muchos censos nacionales no especifican la etnia, así que esta se diluye en la ciudadanía del país de destino.

Por eso solo hay estimaciones, que no están exentas de interés político. Por ejemplo, mientras que el Gobierno armenio habla de una diáspora de tres millones de personas en Rusia, el censo ruso —que sí que considera la etnicidad— reduce esta cifra a la mitad. Lo mismo ocurre en otros países en los que la diáspora armenia es numerosa: el Gobierno armenio ofrece datos más elevados que los censos de otros países. Y es que la diáspora juega un papel fundamental para Armenia: es su principal apoyo en el exterior, “su ancla y su pilar”.

El origen de la diáspora armenia

El pueblo armenio tiene más de dos milenios de historia. Cuando se fundó Roma en el año 753 a. C., ya había un asentamiento protoarmenio en el lugar de la actual capital armenia, Ereván. Tres siglos y medio más tarde, el historiador ateniense Jenofonte mencionaba en su Anábasis la “próspera y gran nación” de Armenia, que entonces estaba gobernada por la dinastía Oróntida, sátrapas del Imperio persa. 

La rivalidad por el enclave caucásico entre Persia y Roma marcó el desarrollo y el desenlace de la Gran Armenia, un reino que existió entre los siglos III a. C. y IV d. C. y fue el primer país del mundo en adoptar oficialmente el cristianismo en el 301 d. C. Setenta años más tarde, perdió su autonomía y fue separado en dos partes: la occidental, bajo el mando romano, y la oriental, controlada por los sasánidas, una dinastía persa. Desde entonces, el pueblo armenio formó parte de los imperios persa, bizantino, otomano y ruso

Con todo, la historia de Armenia no siempre estuvo ligada al Cáucaso. Cuando uno de sus períodos de independencia terminó en 1045, parte de los armenios emigró al sur de Anatolia, creando la primera diáspora armenia constituida en un ente político: el Reino armenio de Cilicia, también llamado Armenia Menor. Este reino cayó en 1375, invadido por Egipto, y 150.000 armenios se dispersaron hacia el oeste. Por ejemplo, el rey León V de Armenia, desterrado y encarcelado en El Cairo, fue auxiliado por el rey Juan I de Castilla, emigró a la península ibérica y llegó a ser alcalde de Madrid. En el siglo XVII, empresarios armenios abrieron la primera tienda de café en Londres y cafeterías en París, Praga y Viena

Pero el momento decisivo para la diáspora llegó dos siglos más tarde. Entonces, la parte oriental del territorio actual de Armenia formaba parte del Imperio ruso, y la occidental, del otomano. La convivencia de diferentes etnias y religiones en el Imperio otomano se fue quebrando hacia finales del siglo XIX. Los armenios, que no eran un pueblo túrquico y además eran cristianos, se convirtieron en el blanco primero del panislamismo y después del panturquismo

Durante la Primera Guerra Mundial, entre 600.000 y un millón y medio de armenios perdieron sus vidas durante el traslado forzoso a desiertos sirios organizado por las autoridades otomanas. El Gobierno armenio eleva esta cifra a dos millones y defiende que se trata de un genocidio. Treinta países y varias organizaciones internacionales comparten esta postura, pero Turquía defiende que los asesinatos no eran sistemáticos, y que el traslado era consecuencia de una traición, porque la población armenia había colaborado con el Imperio ruso, enemigo de los otomanos en la guerra. Los armenios que sobrevivieron la represión otomana se sumaron a la diáspora.

En verde oscuro, países cuyos parlamentos nacionales han reconocido oficialmente el genocidio armenio. En verde claro, países en los que el reconocimiento se produjo en parlamentos regionales. Fuente: Wikipedia

La emigración armenia también fue en aumento en Armenia Oriental, impulsada por la Revolución de Octubre, la ocupación soviética de la Primera República de Armenia, que existió entre 1918 y 1920, y la caída de la URSS en 1991. Hoy, Rusia, los Estados Unidos y Francia son los países con mayor población armenia, pero la diáspora también es importante en Oriente Próximo, por ejemplo, en el Líbano, Jordania y Egipto. 

Una diáspora muy influyente

La diáspora armenia no solo se cuenta en números, sino también en nombres, cargos e influencia. En el mundo del entretenimiento destaca la familia Kardashian, en el campo científico, Anna Longobardo fue la primera mujer en recibir la medalla Egleston por sus méritos en la ingeniería mecánica, y emprendedores de origen armenio crearon empresas mundialmente conocidas como Reddit o Badoo. La diáspora armenia también participa en la política de otros Estados: son de ascendencia armenia el exprimer ministro francés Edouard Balladur y varios ministros en Ucrania, Rumanía, Francia, Líbano y Uruguay. De nuevo, la autopercepción puede chocar con el interés de Armenia de ampliar su concepción de diáspora a todo aquel que tenga o pueda tener ascendencia armenia. Es el caso, por ejemplo, del diseñador italiano Giorgio Armani, al que algunos medios atribuyen un origen armenio que él nunca confirmó

La diáspora armenia no es uniforme y, en ocasiones, hay más de una organización armenia por país. Por ejemplo, el lobby armenio es uno de los más poderosos en los Estados Unidos, pero está dividido en dos grupos: la Asamblea Armenia de América y el Comité Nacional Armenio de Estados Unidos. Ambos buscan que Washington reconozca el genocidio armenio, pero el segundo demanda también reparaciones a Turquía. La labor de estos lobbies se complica por el hecho de que Turquía es miembro de la OTAN y, por lo tanto, aliado de los Estados Unidos. Aun así, cuando estalló en los noventa el conflicto en el Alto Karabaj, una región que se disputan Armenia y Azerbaiyán, la presión de los lobbies consiguió bloquear cualquier ayuda directa estadounidense a este país. Otra victoria llegó en 2019, cuando el Senado estadounidense reconoció por unanimidad el genocidio armenio. Además, Joe Biden prometió durante su campaña presidencial de 2020 extender este reconocimiento también a la Casa Blanca. 

La diáspora también es activa en otras regiones. El Consejo Nacional Armenio de Sudamérica representa a la población armenia que reside en el continente. En Rusia, la Unión Armenia también trabaja para consolidar y empoderar a la diáspora. En cambio, en Europa, la Federación Europea Armenia para la Justicia y la Democracia se centra en promover los intereses de Armenia en las instituciones europeas, principalmente el Parlamento Europeo. También hay organizaciones nacionales, tales como el Consejo Nacional Armenio de España o el Consejo de coordinación de organizaciones armenias en Francia

Kim Kardashian es una de las celebridades que promueven activamente el reconocimiento del genocidio armenio.

Otra manifestación de la diáspora armenia es la religión. La Iglesia apostólica armenia está presente en todos los continentes y apoya activamente a Armenia en el conflicto del Alto Karabaj. El poder de la diáspora también es económico: gran parte de su actividad consiste en la recaudación y el envío de fondos a su tierra ancestral. El Fondo Nacional Armenio ha recaudado desde 1992 más de 169 millones de dólares y financia proyectos de infraestructura y ayuda humanitaria en Armenia y el Alto Karabaj. Esto se suma a otro tipo de apoyo económico de la diáspora: las remesas, que constituyen el 11% del PIB armenio

La relación entre la diáspora y el Gobierno armenios no es unidireccional. En 2008 se creó el Ministerio de la Diáspora, que fue reestructurado en 2019 en la Oficina del Alto Comisionado de Asuntos de la Diáspora. Esta institución ayuda a los armenios que viven en el exterior a adquirir la ciudadanía o el permiso de residencia en Armenia, les facilita el acceso a los sistemas educativo y de salud e incentiva la creación de empresas en el país. También promueve la inserción de la diáspora en las instituciones públicas y en el Gobierno armenios

La diáspora contra el Gobierno: el genocidio y el Alto Karabaj

Los entonces presidentes de Armenia y Turquía Serzh Sargsyan y Abdullah Gül se reunieron en Ereván en 2008 con ocasión de un partido de fútbol. Era un acercamiento histórico después de veinte años de guerra en el Alto Karabaj, en la que Turquía apoya a Azerbaiyán. Este deshielo buscaba normalizar las relaciones bilaterales y abrir la frontera armenio-turca, cerrada desde 1993. Pero Turquía tenía una condición: la cuestión del genocidio de 1915 tenía que quedar fuera del acuerdo. La diáspora armenia se postuló en contra de estos términos y acusó a Sargsyan de traidor. Cuando el acuerdo fue revisado para incluir el reconocimiento del genocidio por Turquía, las negociaciones se suspendieron. La frontera entre Armenia y Turquía continúa cerrada. 

La diáspora tampoco respaldó en noviembre de 2020 las condiciones del acuerdo de paz para el Alto Karabaj aceptado por Ereván después de perder una breve guerra en el otoño de ese año. El acuerdo establece tres plazos para la retirada de los militares armenios de la zona disputada y la entrega a Azerbaiyán de tres regiones adyacentes al Alto Karabaj. Junto con los militares, abandonan la región los civiles, y algunos queman sus casas para que los azerbaiyanos que lleguen solo encuentren cimientos y cenizas. Para los que se van se abren dos caminos conocidos desde hace siglos por el pueblo armenio: regresar a Armenia o unirse a la diáspora. 

Solo el tiempo mostrará si el nuevo alto al fuego es el definitivo. Y es que tiene detractores tanto dentro como fuera de Armenia. Mientras que los manifestantes demandan en Ereván la dimisión del primer ministro Nikol Pashinián, al que llaman “traidor”, algunas asociaciones armenias en Estados Unidos y Europa se suman a estas voces y defienden que el acuerdo de paz es “desastroso” y nulo. La diáspora lleva años dedicando fondos y esfuerzos políticos al Alto Karabaj y se niega a aceptar la victoria de Azerbaiyán en esos términos. De momento, Pashinián no contempla presentar su dimisión. Dirigido por él o por un futuro sucesor, el Gobierno armenio tendrá que seguir lidiando con la presión de la diáspora.

A lo largo de su historia, la diáspora armenia ha sido un fenómeno en movimiento, que se expandía, diluía y desplazaba de unas regiones a otras, y su retrato actual tampoco es estático o definitivo. La diáspora es un rompecabezas para el Gobierno de Armenia: es mucho más numerosa que la población del país y queda fuera de su control. Pero también es su salvación: el apoyo económico y político de las organizaciones armenias en el exterior es indispensable para Ereván. A cambio, el Gobierno armenio tiene que aceptar la constante presión política en cuestiones que no siempre puede resolver. El nuevo acuerdo de paz en el Alto Karabaj es un ejemplo de ello, porque pondrá a prueba la relación entre el hogar de los armenios y los armenios fuera de su hogar.