En la RDC la guerra terminó en 2003, pero algunas dinámicas violentas siguen vivas, especialmente en regiones como Kivu, en la parte oriental del país, donde diferentes grupos armados continúan en conflicto por el control de los recursos minerales y atacan a las poblaciones locales y a las mujeres, como se hacía durante la guerra. ¿Por qué se utiliza la violencia sexual contra las mujeres como arma de guerra o como vía de disputa? A veces se perpetúa como el eslabón final de humillación al contrario vencido; otras veces, como venganza por actos parecidos, y otras, como estrategia para atemorizar a la población civil en un momento de conflicto.
Las mujeres han sido tradicionalmente las transmisoras de la cultura, quienes crean comunidad y fortalecen el sentimiento de pertinencia. Con unas mujeres vulnerables y atemorizadas, su fuerza se diluye y, con ella, la de la comunidad. Además de la voluntad de infundir el miedo entre la población, las pautas sociales que tratan a las mujeres como seres subordinados hacen que la violencia contra ellas sea invisibilizada. La impunidad, la corrupción y unas estructuras sociales e institucionales débiles crean un ambiente perfecto para que la violencia contra las mujeres tenga cabida.
Para ampliar: “La violencia sexual: un problema de guerra y paz”, Eduardo Saldaña en El Orden Mundial, 2016
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