Las manifestaciones en contra de las intervenciones militares en el extranjero que pueden verse hoy son solo un pálido reflejo de los grandes movimientos antibélicos de la segunda mitad del siglo XX. Ha habido protestas por la participación en las guerras de Libia, Siria o Yemen, pero ni tan masivas ni tan continuadas como las de las guerras de Vietnam o Corea, o el movimiento Green & Common de mujeres británicas en los años ochenta contra las armas nucleares.
Varias razones explican esta mayor tolerancia social a la participación en guerras extranjeras, como la aparición de nuevos enemigos, como los grupos terroristas, o un cambio en la retórica de las intervenciones. Pero también hay una explicación clave que pasa más desapercibida: el aumento de la presencia de empresas privadas militares en los campos de batalla.
La guerra ahora la hacen las empresas
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