Cuando las que luchan son empresas, la gente tolera mejor las guerras

Las intervenciones militares en guerras extranjeras ya no generan el rechazo social de hace décadas, entre otras razones, por el creciente papel de las empresas militares privadas. El descenso del reclutamiento forzoso, la falta de transparencia y el cambio de percepción sobre estas compañías han contribuido a que algunas sociedades vean la guerra como algo más ajeno y muestren una mayor predisposición a que su país participe en ellas.
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Cuando las que luchan son empresas, la gente tolera mejor las guerras
Fuente: Pxhere.

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Las manifestaciones en contra de las intervenciones militares en el extranjero que pueden verse hoy son solo un pálido reflejo de los grandes movimientos antibélicos de la segunda mitad del siglo XX. Ha habido protestas por la participación en las guerras de Libia, Siria o Yemen, pero ni tan masivas ni tan continuadas como las de las guerras de Vietnam o Corea, o el movimiento Green & Common de mujeres británicas en los años ochenta contra las armas nucleares.
Varias razones explican esta mayor tolerancia social a la participación en guerras extranjeras, como la aparición de nuevos enemigos, como los grupos terroristas, o un cambio en la retórica de las intervenciones. Pero también hay una explicación clave que pasa más desapercibida: el aumento de la presencia de empresas privadas militares en los campos de batalla.
La guerra ahora la hacen las empresas
La invasión estadounidense de Irak en 2003 asentó un nuevo modelo de guerra: la privatización. Cerca de 160.000 empleados de compañías privadas militares participaron en la ocupación de Irak, uno por cada quince militares de las Fuerzas Armadas estadounidenses.
Evolución de la relación entre Fuerzas Armadas estadounidenses (puntos) y personal militar privado (barras). Fuente: Congressional Research Service
Las empresas militares privadas comenzaron a aumentar tras el fin de la Guerra Fría. El aumento de actores no estatales, la tendencia neoliberal de los años ochenta a privatizar servicios estatales, incluido el militar, y el fin de las hostilidades con el bloque soviético crearon un terreno fértil para que florecieran estas compañías. Más de seis millones de trabajos estatales del sector de la seguridad se destruyeron durante los años noventa en ambos bloques, y la mayoría de estos empleados fueron a parar a las nuevas empresas militares privadas, que llegaban a ofrecerles un salario hasta diez veces mayor.
Desde entonces no han dejado de proliferar las compañías que ofrecen servicios vinculados a la seguridad...

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