Era el 10 de enero de 2019 cuando Nicolás Maduro volvía a jurar su cargo como presidente de Venezuela para un mandato de otros seis años. Los detalles de esa ceremonia ya vaticinaban el inicio de un panorama complicado en el país caribeño. El dirigente venezolano realizó su discurso no ante la Asamblea Nacional —controlada por la oposición—, como marca la Constitución, sino en la sala plenaria del Tribunal Superior de Justicia. Al acto solo acudieron cuatro jefes de Estado y de Gobierno de toda América Latina, sus más estrechos aliados: los mandatarios de Bolivia, Nicaragua y El Salvador y el dirigente de Cuba, Miguel Díaz-Canel.
El 23 de enero de 2019 el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, se autoproclamaba presidente encargado del país, con lo que daba comienzo a una crisis institucional sin precedentes en Venezuela. Dos líderes que proclaman la legitimidad de su autoridad buscan el reconocimiento internacional, el apoyo de la ciudadanía y, sobre todo, el respaldo de las Fuerzas Armadas. Casi un mes después, el futuro político venezolano es totalmente incierto. La pervivencia de Maduro en el poder se ha convertido en una prioridad de Estado para el Gobierno cubano, ya que el régimen bolivariano es uno de sus máximos aliados internacionales.
Para ampliar: “Guaidó y Maduro: las claves de un nuevo choque en Venezuela”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2019
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