En el foco Geopolítica Asia-Pacífico

China en 2020

China en 2020

En 2020, China se propone perseverar en su camino hacia ser una superpotencia terminando algunos proyectos clave a tiempo para el centenario del Partido Comunista, en 2021. Pero tendrá que hacerlo con una economía que crecerá al ritmo más lento de las últimas tres décadas, y con la guerra comercial y tecnológica con Estados Unidos y Europa todavía abierta. Además, las protestas en Hong Kong continuarán, dificultando la posición del Gobierno chino de cara al exterior.

La República Popular China sopló setenta velas este 2019 en medio de una situación agitada. Por un lado, la guerra comercial con Estados Unidos; por el otro, las protestas en Hong Kong. A pesar de ello, un descomunal desfile militar celebraba el hito histórico del país socialista más longevo. Para la ocasión, Xi Jinping reutilizaba las palabras con las que Mao Zedong inauguró la República Popular setenta años atrás: “la nación china ha llevado a cabo una transformación tremenda: se ha puesto en pie, se ha hecho rica y se está haciendo más fuerte”. El año 2020 en China será un año de transición hacia el segundo gran aniversario, el centenario de la fundación del Partido Comunista Chino en 2021. Será también el año de finalización de proyectos clave como el del sistema de crédito social chino y otros enmarcados en el programa espacial chino, o en lucha de Pekín contra la contaminación medioambiental y la pobreza. Cerca del 66% de los chinos vivían con menos de dos dólares al día en 1990; en 2015, la cifra rozaba el 0,7%.

Para ampliar: “China en 2019”, Andrea G. Rodríguez en El Orden Mundial, 2018

Estancamiento económico

La economía china ya no crece tanto como los años anteriores: si en 2010 el país crecía a un ritmo del 10,6%, se estima que en 2019 alcanzó la cifra más baja en los últimos veintiocho años, por debajo del 6,8%. De cara a 2020, Goldman Sachs augura un crecimiento del 5,9%; sería la primera vez desde 1991 que China crece por debajo del 6%. Esta cifra no es arbitraria: se estima que China necesita mantener un ritmo de crecimiento cercano a esos números para evitar que aumente el desempleo, seguir mejorando el nivel de vida de sus ciudadanos e invertir en sus planes de desarrollo.

Sin embargo, el estancamiento de la economía china no tendría por qué ser preocupante, al menos por ahora. China ha entrado en otra fase de su ciclo productivo: de ser la fábrica del mundo a hacer la transición a un país que exporta bienes elaborados, principalmente tecnología. Además, con uno de los mercados más grandes del mundo y una clase media cada vez más numerosa, la apuesta por el consumo es otro de los indicios de la modernización de la economía china.

El Gobierno de Pekín se caracteriza por sus planes a largo plazo, apoyado en su visión estratégica y en su sistema autoritario, que le exime de estar sujeto a un ciclo electoral. Desde el año 2006, China viene enlazando planes, como el “Made in China 2025”, para pasar de una economía basada en las manufacturas a una líder en las tecnologías más avanzadas. Además, el impacto de la guerra comercial no ha sido tan fuerte como el que se preveía, a pesar de que conviene prestar atención a la posibilidad de una nueva crisis económica mundial o al daño que le podría hacer a China el impacto de la guerra comercial en las cadenas de distribución globales.

Para ampliar: “China ante su primera gran crisis económica”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2019

El PIB de China es similar al PIB de los cinco países europeos más ricos juntos, pero la estrategia de crecimiento china no es sostenible sin una reconversión industrial de país manufacturero a país innovador. La apuesta por la tecnología es clave para hacer de la economía china una economía moderna y avanzada.

Precisamente, la transformación de la estructura industrial china es una de las cuestiones que subyacen a la guerra comercial: Estados Unidos recela de un mundo en el que la tecnología ya la diseña Silicon Valley, sino una incipiente industria Made in China. En 2020 veremos como las tensiones aumentan y con ello las divisiones: mientras Occidente se plantea desmembrar a sus gigantes tecnológicos para terminar con la inmensa concentración de poder de estos con el impuesto GAFA en Francia o propuestas como la de la candidata demócrata Elizabeth Warren, China sigue apoyando a sus empresas

En el plano tecnológico, el debate sobre el 5G va a seguir latente y 2020 será, de hecho, el año en el que se pondrá en marcha la nueva generación de tecnología móvil en muchos países de Europa. Pero también es muy posible que el término blockchain adquiera protagonismo en el contexto de la disputa tecnológica entre China y Occidente. La tecnología de la cadena de bloques es fundamental para las transacciones en criptomonedas, que rivaliza con el monopolio del dinero de los bancos centrales y que parece haber venido para quedarse. Dos días después de que libra, la criptomoneda propuesta por Facebook, fuera criticada en el Congreso estadounidense, China anunciaba un nuevo impulso a la investigación en estas tecnologías, abriendo otra fuente de conflicto en 2020.

Para ampliar: “«Made in China 2025» o la vuelta de la Gran China”, Eduardo Saldaña en El Orden Mundial, 2018

La diplomacia china en el mejor, pero en el peor momento

Por primera vez en la historia, China se ha convertido en 2019 en el país con mayor número de embajadas y consulados en el mundo, superando a Estados Unidos y haciéndose con el primer puesto en la lista de potencias diplomáticas. A ello ha contribuido el conflicto que China tiene abierto con Taiwán: en virtud del Consenso del 92 —conocido popularmente como de “Una sola China”—, solo uno de los dos países debe ser reconocido como la verdadera China, y recientemente dos países más, Kiribati e Islas Salomón, decidieron retirarle su apoyo a Taipéi para dárselo a Pekín. No obstante, aunque la diplomacia china parezca estar en su mejor momento, en 2020 todo puede dar un giro.

Las elecciones en Taiwán y en Estados Unidos en 2020 afectarán al ritmo de la política exterior china. Por una parte, en Taipéi todo apunta a la reelección de Tsai Ing-wen, quién previsiblemente adoptará una posición más radical con China para afrontar la creciente pérdida de aliados diplomáticos: solo le quedan quince a principios de diciembre de 2019. Por otra parte, una reelección de Donald Trump en Estados Unidos sería la mejor opción para China en las elecciones presidenciales de noviembre. La incertidumbre que rodea a las decisiones de la Casa Blanca, el deterioro de la imagen exterior estadounidense y la erosión de su influencia en Asia facilita las cosas a China para que siga para seguir apostando por su “ascenso pacífico”. A pesar de que la mayoría de los candidatos demócratas ven con buenos ojos la guerra comercial con China, algunos acusan a Trump de no haberla gestionado bien. El traer la protección de los derechos humanos a la mesa de negociación, como algunos candidatos demócratas han propuesto, o incluso un nuevo viraje a Asia en política exterior por parte de una Administración demócrata, darían dolores de cabeza a Pekín.

Para ampliar: “La apuesta de Estados Unidos por Asia-Pacífico”, Diego Mourelle en El Orden Mundial, 2019

Las protestas de Hong Kong continuarán probablemente hasta bien entrado 2020, pero es improbable que alcancen 2021. En esta guerra de desgaste, el escenario más probable no pasa por un final violento en el que las tropas de la República Popular entren en la ciudad para reprimir a los manifestantes. Con el fantasma de Tiananmen aún presente tres décadas después y la gran apuesta de diplomática de China para ser visto como una gran potencia pacífica, los costes reputacionales de una represión violenta serían demasiados. Por no hablar del daño económico o político en un mundo que parece estar debatiendo constantemente sobre si abrazar o no a China. Parece más fácil que la tensión se solucione con un cambio de Gobierno que sea más popular entre los hongkoneses, sobre todo a raíz del éxito de los manifestantes en las elecciones municipales de noviembre de 2019, pero que trabaje mano a mano con Pekín.

Así, los días de Carrie Lam al frente del Ejecutivo pueden estar contados. También la fórmula de “Un país, dos sistemas”, que da a la excolonia británica margen hasta 2047 para incorporarse plenamente a la República Popular. Si los hongkoneses siguen tensando la cuerda, Pekín puede plantearse reemplazar esa fórmula por otra que acelere la incorporación de Hong Kong a la China continental. El otro escenario, el de que se concedan a la ciudad mayores libertades políticas —como la capacidad de elegir a la totalidad de la cámara legislativa—, es improbable, ya que alejaría el control de la ciudad de las manos de Xi Jinping.

Las relaciones con Europa también podrían empeorar en 2020. A pesar de que Italia se haya sumado a la Nueva Ruta de la Seda, las sospechas estadounidenses de que China espía a través de su tecnología nunca terminan de marcharse del suelo europeo y han dejado a los países europeos oscilando entre aceptar o no el sistema 5G chino, a pesar de que muchas empresas europeas dependan de la tecnología china. El recrudecimiento de las protestas de Hong Kong y la posibilidad de que se repriman violentamente, así como la represión de los uigures en Sinkiang —a pesar de que no parece haber malogrado significativamente las relaciones exteriores de China—, complicarán también las relaciones bilaterales a lo largo de 2020.

Para ampliar: “Huawei y la geopolítica del 5G”, Andrea G. Rodríguez en El Orden Mundial, 2019

Sobrevivir a la tensión superficial

La única manera de que China siga avanzando como hasta ahora pasa por operar en un mundo sin cambios bruscos en el equilibrio de poderes, o que no cuestione mucho las acciones de Pekín: en un momento de extrema volatilidad internacional, cualquier pequeño cambio puede suponer un gran desastre. 2020 es un año de transición para la República Popular China en su camino para convertirse en una superpotencia y entre dos grandes aniversarios, pero no por ello es menos importante. La distancia entre el éxito o el fracaso de este doble aniversario, el de la República Popular en 2019 y el del Partido Comunista en 2021, depende de lo que suceda en el exterior y de cuánto sepa aprovechar China los doce meses del 2020.  

Para ampliar: “Así funciona el Partido Comunista Chino”, Alberto Ballesteros en El Orden Mundial, 2019