Lo que empezó el 18 de octubre de 2019 como una serie de manifestaciones de descontento de la población chilena hacia las desigualdades estructurales del país acabó por extenderse desde la capital, Santiago, a distintas ciudades del país, como Valparaíso, Iquique o Concepción. A partir de entonces, se desencadenó en Chile un período marcado por la protesta pacífica, la inestabilidad política, la caída de la economía y la violencia, que han expuesto las debilidades del llamado “oasis latinoamericano”, como se conocía hasta ahora a Chile.
A principios de 2020, este “estallido social” continuaba y se había convertido en uno de los ciclos de protesta más significativos de la historia contemporánea de Chile. El descontento social se ha reflejado en las multitudinarias manifestaciones pacíficas que han tenido lugar desde entonces. Sin embargo, también ha dado lugar a enfrentamientos violentos entre manifestantes y fuerzas policiales —con más de 10.000 detenciones entre octubre y febrero—, y al destrozo, quema y saqueo de infraestructuras y negocios.

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