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Catar no oculta su intención de convertirse en líder regional. Es uno de los países más ricos del mundo en renta per cápita a base de hidrocarburos, viene de organizar el Mundial de fútbol y cuenta con la influyente cadena Al Jazeera. Para ganar presencia también está mediando en conflictos, como el de Israel y Hamás. Incluso Estados Unidos y el Reino Unido han agradecido su labor tras la liberación de varios rehenes.
Para lograrlo, Catar ha hecho equilibrismo. Por un lado, apoya la causa palestina y ofrece ayuda a Gaza. En 2012, el emir Hamad I fue el primer jefe de Estado en visitar la Franja controlada por Hamás, y la organización islamista abrió una oficina en el país. Por otro lado, Catar e Israel han tenido choques. Tel Aviv bombardeó la sede de Al Jazeera en Gaza en 2021, y Doha le señaló como responsable de la guerra actual. Pero ambos países habían tenido relaciones comerciales en los años noventa y los 2000, y tienen vínculos extraoficiales. Además, Catar alberga la mayor base militar estadounidense en Oriente Próximo. Ese equilibrismo, no obstante, tiene otro objetivo: mantener su liderazgo en el mercado del gas.
La diplomacia del gas catarí
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