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Bolsonaro, Haddad y la sombra de Lula

Bolsonaro, Haddad y la sombra de Lula
Jair Bolsonaro en el aeropuerto de Recife. Fuente: Familia Bolsonaro (Flickr)

Puede que Bolsonaro no haya ganado esta primera vuelta de las elecciones brasileñas, pero sí ha conseguido algo que el resto no: ganar la política de Brasil. Los resultados de este domingo han dejado claro que los partidos tradicionales están en crisis y que Bolsonaro ha venido para quedarse, y con él sus ideas.

Los resultados no han permitido a Jair Bolsonaro hacerse con el Gobierno a la primera, pero ha quedado probado que Brasil se encamina hacia un arduo camino de cara a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales el 28 de octubre. El candidato del Partido Social Liberal ha conseguido un 46% de los votos frente al 29% cosechado por su próximo y único rival: Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT). Otros, como Geraldo Alckmin, tuvieron todas las oportunidades para conseguir un mejor resultado y no han sabido entender qué pedía el pueblo brasileño.

¿Qué supone que los brasileros vayan a unos segundos comicios? ¿Cómo se va a repartir el voto entre ambos candidatos? Todas las quinielas apuntan a que Bolsonaro podría hacerse fácilmente con un 53% de los votos si juega bien sus cartas. Si el candidato consigue mantener a sus votantes y atrae con su discurso a la mitad de la masa electoral de los candidatos que se han quedado fuera, Bolsonaro podría llegar a liderar Brasil. Los votantes de Alckmin, en concreto, apuntan a ser un nicho de mercado electoral para Bolsonaro: el candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña ha basado su campaña en definirse como la alternativa a los desastres políticos del PT. Aunque parte del electorado de Alckmin se decida por lo malo conocido y vote a Haddad, cabe esperar que Bolsonaro modere su discurso —sobre todo en el plano económico— para atraer votantes.

Para ampliar: “El Partido de los Trabajadores de Brasil y el lulismo”, Álvaro Conde en El Orden Mundial, 2018

El tercer candidato más popular, Ciro Gomes —quien ha conseguido casi un 12,5% de los votos—, es la veta electoral para el PT. Cercano al lulismo, Gomes fue ministro de Integración Nacional durante 2003-2016; es previsible que la gran mayoría de sus votantes basculen hacia Haddad y el PT. Entre los votantes del resto de los candidatos, Bolsonaro puede tener opciones con los seguidores de Meirelles —Movimiento Democrático Brasileño—, Amoêdo —Partido Nuevo— y Dias —actualmente en Podemos, formación antes conocida como Partido Laborista Nacional—.

El problema real del contexto electoral que nos han dejado las elecciones de este domingo es la falta de alternativas a la candidatura de Bolsonaro. Haddad ha demostrado no ser un candidato atractivo para los votantes que aglutinaba el PT de Lula o de Dilma. Más bien el candidato ha parecido un remiendo rápido a la crisis de liderazgo que ha vivido el partido con el encarcelamiento de Lula y su imposibilidad de concurrir a las elecciones. Este es un problema de difícil solución en las semanas antes de los siguientes comicios, especialmente si analizamos a quién tienen enfrente.

Bolsonaro es un tiburón de la política brasileña. Con una experiencia amplia en los partidos nacionales —ha cambiado varias veces de chaqueta—, no es realmente el perfil de político trumpista que se ha intentado vender. Pese a que tengan rasgos comunes, Bolsonaro difiere en su holgada experiencia política y su capacidad para conformar un mensaje que cale dentro y fuera de sus fronteras.

Para ampliar: “Jair Bolsonaro, el favorito de la derecha brasileña”, Adrián Albiac en El Orden Mundial, 2018

Uno de los errores que hemos visto repetidos estos días —y que probablemente sigamos viendo— es apelar a los clichés racistas, machistas y homófobos del candidato. No cabe ninguna duda de que Bolsonaro tiene un discurso diametralmente opuesto a los valores progresistas, de lo políticamente correcto y de la izquierda latinoamericana del siglo XX. Sin embargo, eso es lo que lo hace especial para sus votantes. Para entender ese 46% de votos que ha conseguido en la primera vuelta, debemos entender el contexto en el que ha crecido Bolsonaro.

Ante el caos político, económico y social en que se ha convertido Brasil, Bolsonaro ha apelado a dos perfiles de votantes. Por un lado, sabe que cae bien entre las clases altas que añoran la época de la dictadura y los años de bonanza en los que un poco de mano dura ponía firmes a los delincuentes. Son muchos los que han llegado a defender las torturas de este periodo como forma de lucha contra el terrorismo.

El otro modelo de votante —y el que es probablemente el más importante de cara a la siguiente vuelta— es la clase media-baja brasileña que se creó durante la etapa de Gobierno del PT. Estas personas han crecido bajo el amparo ideológico del lulismo, consiguieron acceder a la educación y vieron una mejora en su calidad de vida. Sin embargo, la corrupción que ha salpicado al PT y la crisis económica han hecho mella en este espectro electoral. Hay una brecha muy marcada entre los adultos que siguen viendo con buenos ojos al PT y que recuerdan la dictadura y los jóvenes que solamente tienen el recuerdo de la corrupción y la crisis que han originado el PT y la izquierda en América Latina.

Para ampliar: “Brasil: no solo duelen los golpes”, Inés Lucía en El Orden Mundial, 2018

Y es en ese punto de división donde Bolsonaro entra en juego. Lula es la única persona capaz de hacer que tanto esos jóvenes como los adultos de clase media-baja dejen de lado sus dudas y apuesten por el PT. Con él en la cárcel, son muchos los que ven en el PT de Haddad un partido salpicado de corrupción y perdido políticamente. Bolsonaro se convierte, así, en la única opción viable para salir del atolladero. A esto hay que añadirle el empuje que da a Bolsonaro el constante ataque mediático que recibe desde el exterior. Al referirse a sus votantes como “extrema derecha” lo que se refuerza es el sentimiento de grupo y de oposición a la izquierda corrupta del PT. Alguien que dude entre votar o no a Bolsonaro quizá prefiera que “la izquierda” lo catalogue como extrema derecha antes que “votar al partido corrupto que los ha llevado a la crisis”. Esta dinámica electoral no ha sido tan pronunciada porque en la primera vuelta había otros partidos que han servido como refugio de los votantes dubitativos.

Los astros se alinean a favor de Bolsonaro en la segunda vuelta electoral. Muy mal tendría que maniobrar para que no consiga superar los cinco puntos que lo alejan de la presidencia de Brasil. Haddad se enfrenta a un Bolsonaro que no va a dudar en utilizar sus cifras electorales y la maquinaria mediática y virtual para convencer a los votantes más perdidos. El candidato, que no había participado en los debates electorales durante la campaña, ha anunciado que estas semanas sí debatirá.

Los resultados están a su favor, maneja a la perfección la maquinaria mediática y su principal opositor tiene que intentar convencer a los votantes de que su partido sigue siendo la mejor opción aun cuando la expresidenta del país no ha conseguido siquiera entrar en el Senado. Haddad tendrá que luchar por hacerse fuerte frente a su rival directo y, a su vez, brillar lo suficiente para que la sombra de Lula no lo eclipsen a él y al Partido de los Trabajadores.