Cambios en la sección de comentarios en EOM

Existen pocas frases más nocivas dentro de una organización que el razonamiento de «Es que esto siempre se ha hecho así». Vacas sagradas que permanecen a lo largo del tiempo sin que nadie sepa muy bien por qué y con un convencimiento más o menos generalizado de que quizá esa no sea la mejor manera de hacer las cosas. En los medios también existen, como es lógico, y nunca está de más plantear ciertos debates sobre si el trabajo que hacemos y lo que ofrecemos se hace por un convencimiento y una razón firme o es simplemente la inercia del tiempo quien lo guía. En concreto, uno de ellos reside en la sección de comentarios que podemos encontrar al final de las piezas de prácticamente cualquier medio digital.

Y como nunca debería haber miedo a hacer cambios si llevan detrás una reflexión larga y argumentos de peso, en El Orden Mundial hemos decidido que la sección de comentarios va a quedar accesible únicamente a los suscriptores de nuestro medio. Era una cuestión que teníamos en mente abordar desde hacía un tiempo, y en las últimas semanas medios como eldiario, por elección de sus socios, o El País, a raíz del lanzamiento de su muro de pago, han implementado este cambio, por lo que creemos que es un buen momento para sumarnos a este debate no solo con palabras sino también con hechos. Pero al ser una decisión que rompe con muchos esquemas prestablecidos, entendemos que también es importante exponer las razones que nos llevan a ello.

En primer lugar es que las secciones de comentarios han fallado completamente en el objetivo que se propusieron alcanzar hace muchos años. El razonamiento que guiaba la creación y pervivencia de los espacios de comentarios se fundamentaba en que estos lugares se convertían en secciones de debate, donde los lectores podían intercambiar impresiones sobre lo que acababan de leer, exponer sus planteamientos, contrastar y un largo etcétera de virtudes que no hacían sino mejorar la calidad del contenido del propio medio. Pero cualquier lector que se haya paseado por una sección de comentarios en cualquier medio digital de forma reciente habrá comprobado lo mucho que dista la teoría de la realidad. En la práctica las secciones de comentarios se han convertido en auténticos lodazales donde abundan los insultos, las descalificaciones, el acoso, los trolleos y los brochazos más gordos que podamos imaginar. Para colmo, los lectores que sí plantean cuestiones interesantes o enriquecedoras acaban siendo opacados por una mayoría de usuarios que reducen ese espacio pensado para el debate a una pelea de bar. Ante esta situación consideramos que la labor de nuestro medio va mucho más allá de moderar los comentarios inaceptables, por lo que debe crear espacios que incentiven de forma natural el debate y no la bronca.

¿Este planteamiento tiene contrapartidas? Sin duda. La más obvia es que pagan justos por pecadores; personas que realizan aportaciones de interés y que a partir de ahora, por ser un espacio reservado a suscriptores, se van a quedar fuera por no poder permitirse pagar. Somos conscientes de ello, y no nos gusta, y lo justo es tratar de ponerle remedio. Como ya hemos dicho en muchas ocasiones trabajamos para hacer lo más asequible posible nuestra suscripción al diverso público que tenemos, tanto en precio como en modalidades de pago. Y cuantas más personas nos apoyen económicamente, más podremos hacer en beneficio de todos nuestros lectores. De igual manera también asumimos que esa mejora en la calidad del debate redunda en un mayor valor de nuestro medio y de la suscripción para la comunidad de El Orden Mundial: quien tenga interés en comentar y debatir puede tener un aliciente extra a suscribirse si sabe que el espacio de debate es más sano; y lo mismo los lectores que deciden no participar en los comentarios, conscientes de que su lectura acaba en un corolario de descalificativos que no aportan absolutamente nada.

En tanto que muchos medios europeos o estadounidenses ya han adoptado esta política, los contrargumentos de parte de los lectores son más o menos los mismos: muchos se plantean si estos movimientos son una censura, y otros se preguntan si estas restricciones no van a fomentar la endogamia ideológica en el propio medio. Con todo, la respuesta a ambas cuestiones es claramente no. No existe censura en tanto que la restricción de los comentarios no se hace por el contenido o la opinión que contiene cada uno de los mismos, sino que se ponen unos determinados requisitos para poder hacerlo; si se cumplen, cualquier persona puede vertir las opiniones que considere. El requisito para poder comentar, en este caso, es estar suscrito, igual que en otros medios es estar registrado y en cualquier digital tener una conexión a internet —que no deja de ser otro tipo de barrera económica—. De igual manera tampoco creemos que hacer accesible la sección de comentarios únicamente a los suscriptores suponga una merma en la pluralidad del espacio; somos conscientes de que, afortunadamente, entre nuestros suscriptores existe una diversidad ideológica considerable, y que nuestros análisis y contenidos se leen y ven no para reafirmar prejuicios sino para encontrar reflexiones y perspectivas de valor, profundas, bien argumentadas y planteadas de la forma más objetiva posible. Así, al dificultar que buena parte de quienes hacían aportaciones de nulo valor o enfangaban las conversaciones aparezcan en la escena, queda incentivado comportarse de una manera civilizada, respetuosa y constructiva.

Con todo, sí que nos gustaría puntualizar que nuestra intención es que este paso solo sea una fase intermedia. Un posible camino es la desaparición total de los contenidos, como ocurre por ejemplo en la revista Quartz. Esta opción tiene pros y tiene contras, como es lógico. Otro hipotético futuro es que, como hace el New York Times —menuda pretensión por nuestra parte—, transitemos hacia un modelo de moderación activa, es decir, donde haya personas que no estén dedicadas solamente a eliminar insultos y reprender a usuarios sino que dirijan el debate de manera constante con preguntas y reflexiones; en definitiva, como hace el moderador de un debate. Esto también tiene considerables puntos a favor y también en contra, como el enorme coste que asume el medio para una tarea que quizá los lectores no valoran. A día de hoy este enfoque es inasumible para El Orden Mundial por carecer de los medios necesarios. El destino final, en buena medida, vendrá condicionado por el empleo que le den nuestros suscriptores.

La segunda razón tiene que ver con el uso que algunos medios hacen de esta sección de comentarios. Un uso del que nos negamos a participar, ya que creemos tiene una finalidad algo deshonesta. Nos explicamos: ¿qué ganaría exactamente un medio digital manteniendo los comentarios si muchas de estas secciones son una pelea constante? Pues en ese caos hay un beneficio, y es mejorar a los ojos de Google. El buscador que todos usamos reconoce entre los comentarios palabras clave relacionadas con la entrada, y su algoritmo asocia que si se está produciendo un debate intenso alrededor de esas palabras es que el contenido debe ser muy relevante, por lo que escala posiciones en el buscador y ese enlace se posiciona antes que otros. Por tanto, el medio se aprovecha de las algarabías en los comentarios para captar más visitas a través del buscador. Porque algo bueno tenía que tener. Sin embargo en El Orden Mundial consideramos que el precio a pagar por ese mejor posicionamiento no puede ser mantener una sección que muchas veces solo fomenta la polarización, la bronca y el insulto. Al menos para nosotros ese no es el camino para hacer mejor contenido y ser más valiosos para el lector.

Puede que estemos dando un paso en falso o puede que lo estemos dando en la dirección correcta, solo el tiempo lo dirá. Pero lo damos convencidos de que es la decisión adecuada en el momento correcto. Si hubiésemos estado cómodos bajo que esto siempre se hizo así no hubiésemos apostado hace más de dos años por un modelo de sostenibilidad e independencia que entonces era minoritario en España pero que hoy cada vez más medios abrazan.

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