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67 Gobiernos en 76 años y once en las últimas dos décadas. Son datos que pueden resumirse en dos palabras: inestabilidad política. Italia es ese país sobre el que alguien dijo, quizás Mussolini, que no era imposible de gobernar, sino que además era inútil hacerlo. El calendario del país transalpino está lleno de fechas marcadas en rojo, y el verano de 2022 no fue una excepción. Cayó Mario Draghi, quien parecía que nunca iba a caer. El hombre que salvó el euro no ha podido salvar a Italia de un mal que ya es endémico.
En la lista de responsables está Silvio Berlusconi, un nombre que ya representó una nueva era hace décadas y que ahora quiere un papel protagonista en el nuevo capítulo de la política italiana. El poder no entiende de edades, y a sus 85 años Il Cavaliere todavía cree tener mucho. Ya no ocupa tantas portadas y sigue envuelto en polémicas, como la acusación por abuso y prostitución de menores, pero aun así se ha convertido, quizás sin quererlo, en el padrino de quienes pueden ser sus herederos a los mandos de Italia: Matteo Salvini y Giorgia Meloni.
Berlusconi, pionero del populismo italiano
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