67 Gobiernos en 76 años y once en las últimas dos décadas. Son datos que pueden resumirse en dos palabras: inestabilidad política. Italia es ese país sobre el que alguien dijo, quizás Mussolini, que no era imposible de gobernar, sino que además era inútil hacerlo. El calendario del país transalpino está lleno de fechas marcadas en rojo, y el verano de 2022 no fue una excepción. Cayó Mario Draghi, quien parecía que nunca iba a caer. El hombre que salvó el euro no ha podido salvar a Italia de un mal que ya es endémico.
En la lista de responsables está Silvio Berlusconi, un nombre que ya representó una nueva era hace décadas y que ahora quiere un papel protagonista en el nuevo capítulo de la política italiana. El poder no entiende de edades, y a sus 85 años Il Cavaliere todavía cree tener mucho. Ya no ocupa tantas portadas y sigue envuelto en polémicas, como la acusación por abuso y prostitución de menores, pero aun así se ha convertido, quizás sin quererlo, en el padrino de quienes pueden ser sus herederos a los mandos de Italia: Matteo Salvini y Giorgia Meloni.
Berlusconi, pionero del populismo italiano
Empresario de éxito, limpio y ajeno a la política. Esa era la imagen que trasladaba Berlusconi cuando un seísmo sacudió Italia en los años noventa. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial la democracia cristiana había copado el poder en un país que también tenía el Partido Comunista más influyente de Europa Occidental. Hasta que en 1992 se destapó Tangentopoli, un círculo vicioso de dinero que los partidos otorgaban a empresas para que estas reinvirtieran en las formaciones. Fue el mayor escándalo de corrupción del continente, con 1.408 condenados, y acabó con los partidos italianos tal y como se conocían.
El baile político en Italia: así ha cambiado la Cámara de Diputados desde Berlusconi
El hastío ciudadano aupó a Il Cavaliere, capaz de inventar un nuevo estilo: el telepopulismo. Propietario de la futura Mediaset y del Milan, uno de los clubes de fútbol más import...