A finales del siglo XIX, España se subía al tren de la industrialización, en gran medida gracias al desembarco de capital británico en el país. Zonas como Andalucía, Galicia, País Vasco o Cataluña vieron proliferar industrias y colonias inglesas, algo que motivó la llegada de costumbres ya arraigadas en el Reino Unido. Una de ellas fue el entonces conocido como foot-ball. La actual localidad onubense de Minas de Río Tinto vio nacer el primer equipo español de balompié en 1878, creado por la empresa homónima que explotaba la mina, que hoy cotiza en el FTSE 100 de la Bolsa de Londres. No obstante, sería Huelva la que vería nacer en 1889 el primer club español: el Recreativo de Huelva —originalmente, Huelva Recreation Club—. Al principio, los integrantes de las plantillas eran británicos, pero conforme se fue popularizando las filas de los equipos empezaron a engrosarlas jugadores autóctonos, que incluso crearon sus propios clubs.
El Athletic Club es otro ejemplo surgido de la influencia británica en la Península. Su actual equipación es heredera de los colores que todavía luce el Southampton. Cuando nació, en 1898, su once era británico, pero durante los primeros años del siglo XX empezaron a integrarse jugadores vizcaínos. Para 1912 toda la plantilla era de Bilbao o sus alrededores y se inició la política de no incluir foráneos entre sus filas. Esto, a menudo explicado únicamente desde el naciente nacionalismo vasco, obedece a factores de mayor peso: en aquella época, Vizcaya era una zona económicamente potente al ser una región industrializada, por lo que tenía una demografía nutrida, algo que hacía factible proveer al club de recursos humanos. Además, al no estar aún profesionalizado el fútbol, era relativamente difícil que llegasen jugadores de más allá de Bilbao —menos todavía con un nivel futbolístico deslumbrante—. Tampoco conviene olvidar el factor identitario de aquellos primeros clubs, la inmensa mayoría relacionados con una empresa, barrio o ciudad concreto...