En el foco Geopolítica Asia-Pacífico

Asia-Pacífico en 2019

Asia-Pacífico en 2019

2019 obligará a seguir de cerca los acontecimientos en la península de Corea, las reformas económicas y constitucionales de Japón o los nuevos juegos de alianzas entre la ASEAN, China y EE. UU. La creciente represión en las redes o conflictos estancados desde hace décadas también serán de vital importancia para comprender una región que cada año que pasa tiene más relevancia para el resto de los habitantes del mundo.

La victoria del multilateralismo

Resulta imposible comprender las dinámicas que regirán Asia-Pacífico en 2019 sin atender al pulso entre China y EE. UU. por imponer su influencia en la zona, un combate que ya viene de lejos y cuyo ritmo y beligerancia se han intensificado a lo largo del último año en forma de sanciones comerciales cruzadas. A pesar de que Washington y Pekín han alcanzado una tregua, nada apunta a que Xi Jinping vaya a ceder ante la retórica de Trump de “Estados Unidos primero”, pues supondría un desgaste político que, en un momento de ralentización del crecimiento económico, no se puede permitir. El choque de trenes transpacífico amenaza con llevarse por delante cadenas de suministro ensambladas durante más de dos décadas y que han hecho del sudeste asiático el ojo del huracán de la economía mundial. Sin embargo, a pesar de la insistencia de Trump en retroceder en las dinámicas del libre comercio con el fin de defender los intereses estadounidenses, lo cierto es que todo apunta a que será EE. UU. el malparado.

Para ampliar: “No es solo una guerra comercial”, Eduardo Saldaña en El Orden Mundial, 2018

Es cierto que un menor crecimiento de China —que acumula gran parte de la demanda de productos manufacturados y materias primas del resto de los mercados regionales — aprieta las tuercas económicas de sus vecinos. Pero China lleva años ganando la batalla de la influencia económica y política en la zona y la Casa Blanca ha cometido un grave error de cálculo respecto al resto de los actores: los ha considerado meros peones. Tal vez la Administración Trump debería haber escuchado mejor las palabras del vicepresidente Pence cuando, en la reciente cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (más conocida como ASEAN), afirmó que “Estados Unidos primero” no significaba necesariamente “Estados Unidos a solas”.

La realidad es mucho más compleja, y así lo han demostrado las potencias regionales integradas en la ASEAN, que han sabido maniobrar en aguas turbulentas y convertir la crisis en oportunidad defendiendo sus intereses y que, frente al duelo entre los imperios, han elegido el multilateralismo. En este sentido, han propuesto un código de conducta para la resolución de disputas en el mar de la China Meridional gracias al cual 2019 será seguramente un año menos tenso. Con él reniegan de una beligerante postura estadounidense que no hacía más que encender el nacionalismo chino en detrimento de las relaciones de Pekín con los países de la región, e ignoran la propuesta mediadora de Trump como fórmula para resolver los conflictos territoriales en estas aguas. En otras palabras, frente a un expansionismo chino que amenazaba con convertirlos en meros Estados satélites de Pekín, los países de la región han preferido la negociación y el poder blando frente al enfrentamiento directo, lo que les permite aprovechar los beneficios —económicos y en seguridad— de mantener buenas relaciones con el gigante asiático.

Para ampliar: “Aguas revueltas en el mar de la China Meridional”, Arsenio Cuenca en El Orden Mundial, 2018

Estrechando el Pacífico

En 2019 seremos testigos de la puesta en marcha del Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico —rebautizado así después de que, un año antes de su firma, Trump abandonara las conversaciones destinadas a ultimar el Acuerdo Transpacífico o TPP—, un acuerdo de libre comercio que entrará en vigor el 30 de diciembre de 2018 y que hará desaparecer los aranceles existentes entre once países de tres continentes —América, Asia y Oceanía— que producen el 13,4% del PIB mundial y suman una población conjunta de 495 millones de personas. Asimismo, a pesar de los continuos aplazamientos, parece que 2019 será el año del nacimiento de la Asociación Económica Integral Regional, que incluye a toda la ASEAN y otras potencias regionales, un tratado de libre comercio que, si llega a término, integrará bajo su esfera a casi la mitad de la población mundial y el 30% del PIB y de los flujos comerciales internacionales. Las principales potencias del Pacífico no dejan de perseguir la integración de sus economías y las buenas relaciones. ¿Y quién queda fuera de ambos planes? Estados Unidos.

En definitiva, parece que Estados Unidos sí se quedará “a solas”, y que las sanciones no harán sino empujar a China a profundizar en su proyecto de la Nueva Ruta de la Seda aumentando la inversión y las relaciones con sus vecinos, a la vez que los miembros de la ASEAN se benefician de ello y del traslado de las empresas asentadas en China a su territorio. Nada de ello implica que la influencia de EE. UU. en la región desaparecerá; especialmente en materia de defensa y seguridad, sigue siendo un aliado clave para países como Filipinas o Vietnam. De hecho, 2019 será testigo de las primeras maniobras militares conjuntas entre la ASEAN y EE. UU. tras las llevadas a cabo entre la ASEAN y China este año. A pesar de que esta decisión podría no sentar bien a Pekín, los Estados miembros de la ASEAN han subrayado su intención de que sirva para mejorar las relaciones con ambas potencias y que, ante todo, se respetará el código de conducta acordado con China a la vez que se incentiva la libertad de navegación en la zona.

El proyecto chino de la Nueva Ruta de la Seda constituye una de las iniciativas económicas más ambiciosas del mundo contemporáneo.

En resumen, los países de la región parecen haber encontrado la fórmula para defender sus intereses sin sacrificar alianzas y sin tener que pedir explícitamente ayuda a Washington. Si EE. UU. sigue obcecado en su línea más dura, quedará relegado a los márgenes del tablero, desactualizado frente a las nuevas dinámicas de poder en la zona.

Paz a pesar de todo

Si la batalla en el ámbito económico no es suficiente para ejemplificar este cambio de influencias en la región, nada mejor que dirigir la mirada al conflicto alrededor del paralelo 38. El último año ha sorprendido al mundo con un acercamiento inusitado entre las dos Coreas. Sin duda alguna, la reunificación es un objetivo todavía inalcanzable —y lo más probable es que no ocurra a la manera alemana, sino más bien al estilo Hong Kong— , pero en 2019 el principio del fin del conflicto intercoreano será más evidente que nunca. Seúl y Pionyang planean conectar su sistema de ferrocarril el próximo 26 de diciembre —una maniobra con la que la propia Corea del Sur contradice las sanciones impuestas a su vecino del norte—, los misiles norcoreanos llevan más de un año sin sobrevolar las aguas del Pacífico, se han destruido puestos militares a ambos lados de la frontera y parece que la declaración de paz de Panmunjom se ha impuesto al discurso estadounidense, que prioriza la desnuclearización frente a la paz.

Para ampliar: Cómo firmar la paz en Corea”, Andrea G. Rodríguez en El Orden Mundial, 2018

La situación —que es la tónica que guiará el proceso de paz a lo largo del próximo año— resulta paradójica. El líder surcoreano, Moon Jae-in, se encuentra de repente en la tesitura de que el mayor obstáculo para la paz y la reunificación no es el régimen de Pionyang, sino la Administración a cargo de la Casa Blanca, cuyos miembros han expresado quejas por decisiones tomadas a favor de la paz acerca de las cuales no se los ha consultado. Moon ya ha insistido a los líderes internacionales en que aminoren las sanciones a Corea del Norte en pro de la agilización del diálogo y es evidente que considera más peligrosa la beligerancia de EE. UU. que el armamento norcoreano. Seúl buscará convencer a Washington de que afloje los grilletes mientras busca comenzar a tejer las sinergias económicas a ambos lados del paralelo —buscando combinar, por ejemplo, los bajos costes de producción del norte con la tecnología del sur—, beneficiosas para ambos —Seúl podría, gracias a ello, aguantarle el pulso comercial a China— y que ayudarán a recortar algo de distancia en el aún largo camino hacia la reunificación.

Tifones que llegan

En medio de estos cambios en los balances de poder regional, otra potencia será protagonista de un cambio radical en 2019: Japón. El primer ministro nipón, Shinzō Abe, no cesa en su retórica nacionalista y, si consigue los apoyos parlamentarios necesarios, en 2019 dejará su huella en la Historia en el país de los samuráis cambiando el artículo 9 de su Constitución, lo que permitirá a sus fuerzas armadas —actualmente confinadas a una función de “autodefensa” desde la II Guerra Mundial— participar en misiones ofensivas fuera de territorio japonés. Ello coincidirá con el ascenso al trono de un nuevo emperador, Naruhito, tras la abdicación de su padre, prevista para el próximo abril. Si bien los factores que han alimentado en los últimos años esta reemergencia de nacionalismo belicista —las maniobras amenazantes de Pionyang, concretamente— están en este momento en retroceso, existen enormes posibilidades de que el cambio triunfe. Esto transformaría radicalmente el papel de Tokio en la región, hasta ahora una potencia pacificada, a la vez que desaparecen los argumentos para mantener bases estadounidenses en territorio nipón.

Mientras tanto, el país continúa con sus reformas económicas. La última de ellas, que entrará en vigor en abril de 2019, la decisión de abrir el mercado laboral nacional a medio millón de trabajadores extranjeros no cualificados. Con ello Japón alivia algo la presión sobre una economía a la que le falta mano de obra. No obstante, otras reformas igualmente necesarias, como la inclusión de las mujeres en el mundo laboral o el fin de una cultura empresarial que ha arrasado con las tasas de natalidad del país, deben llevarse a cabo si Japón quiere mantenerse en la cumbre de la economía mundial.

Para ampliar: “El coste del envejecimiento poblacional”, Gemma Roquet en El Orden Mundial, 2018

Cielos que no se despejan

Asia-Pacífico será otro año más una región de conflictos enquistados. El principal seguirá siendo el de Cachemira —tal vez algo menos tenso si los nacionalistas de Modi pierden las elecciones del próximo mayo—, con una India donde los conflictos sectarios son cada vez más patentes. También Myanmar y los roginyás volverán a ocupar portadas, y nada parece apuntar a que la nobel de la Paz Aung San Suu Kyi vaya a virar algo en su política de negación de violaciones de los derechos humanos, a pesar de los toques de atención de actores regionales e internacionales.

Por otra parte, seguramente se produzca un acercamiento algo más blando de Pekín a la cuestión de Taiwán —lo que en ningún caso significa que abandonará las reivindicaciones sobre un territorio que considera propio—, especialmente tras la derrota del partido independentista en las pasadas elecciones municipales —cuyos líderes culpabilizan a China de los malos resultados— y con una China envalentonada por los crecientes apoyos regionales y del otro lado del océano.

Para ampliar: Cuando Taiwán se quede sin aliados”, Andrea G. Rodríguez en El Orden Mundial, 2018

En resumen, en 2019 veremos una Asia-Pacífico cada vez más autónoma políticamente y cuyo desarrollo económico no deja de avanzar, pero en la que los derechos humanos son los grandes perdedores, sacrificados a cambio de la estabilidad y la integración comercial. Las leyes dirigidas a regular el ciberespacio no dejan de reproducirse, con un mayor control de los flujos de información y la reducción de las libertades digitales de los asiáticos, lo que está configurando algunos de los espacios virtuales más restrictivos del planeta, como los de Tailandia, Myanmar y Vietnam. ¿La esperanza? Una sociedad civil cada vez más contestataria gracias a las posibilidades ofrecidas por la penetración de internet —en Myanmar se ha pasado del 2 a más del 30% en poco más de cinco años— y que sin duda será la que impulse, desde abajo, el avance de la democracia en el sudeste asiático.