Por qué la mitad de los chinos usan batamanta en vez de calefacción

El Gobierno chino decidió en los años cincuenta que una vieja línea trazada por un geógrafo demarcaría hasta dónde iba a instalar calderas de calefacción central. Esa división ha llevado a una mayor contaminación en el norte y a buscar alternativas variopintas en el sur.
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Por qué la mitad de los chinos usan batamanta en vez de calefacción
Fuente: Francoise Gaujour (Flickr)

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China es tan grande como su variedad de climas. Desde el monzónico del sur hasta la zona árida del desierto de Gobi, que puede alcanzar temperaturas extremas de −40 ºC, pasando por un amplio abanico de regiones. Esta variedad y exposición tan diferente hace que gestionar el frío y el calor en el país se haya adaptado como el modelo de socialismo: “Con características chinas”.

Ahora que los meses más fríos ya están aquí, los chinos sacarán a relucir sus motomantas, los parches de calor para todas las zonas del cuerpo o las mantas eléctricas incluso para la mano que dirige el ratón del ordenador. Muchos hogares también prenderán sus estufas, pero en especial si están en la zona norte. La diferencia la marca una política del inicio de la China comunista que cada invierno divide al país en dos.

Calefacción hasta que dé el presupuesto

Tras la fundación de la República Popular China en 1949, Mao Zedong y el Gobierno se lanzaron a construir el nuevo Estado socialista. Colectivizaron los medios de producción e impulsaron servicios públicos básicos hasta entonces impensables en el país. Además de medidas más conocidas como la reforma agraria o el sistema educativo, hubo otras cuyo calado llega hasta nuestros días, como la instauración del sistema de calefacción central público en los años cincuenta. El objetivo era instalar calderas centrales en los hogares y garantizar el suministro de leña y carbón para los meses más fríos.

Pero un proyecto de semejante envergadura no iba a ser fácil. A mediados del siglo XX la población china superaba los 550 millones de habitantes y faltaban recursos tras veintitrés años de guerra civil y de conflicto con Japón. Ante el escaso presupuesto, el Gobierno decidió proporcionar calefacción solo a la población más expuesta a las gélidas temperaturas del invierno. Sin embargo, para ello no recurrió a mediciones climatológicas o parámetros sociales, sino al viejo trabajo de un geógrafo de principios de siglo.

El geógrafo de las calderas 

En su afán de crear una sociedad más justa, los comunistas tomaron como referencia el trabajo de un prestigioso geógrafo cuyas investigaciones, sin embargo, tenían casi cincuenta años de antigüedad. Zhang Xiangwen (1866-1933) fue uno de los primeros geógrafos modernos de China. Impulsó esta disciplina cuando las viejas concepciones imperiales se desmoronaban y brotaba la demanda de conocimiento racional y basado en la ciencia. Fue una suerte de Siglo de las Luces oriental. Zhang fundó la Sociedad Geográfica China y la primera revista académica que trataba estos temas desde una óptica innovadora.

No obstante, su aportación más trascendental fue establecer la línea Qinling-Huaihe, que divide China entre norte y sur. Zhang estudió los climas, la biodiversidad de las regiones y la composición geológica para determinar esa separación: Qinling hace referencia a una cordillera que se eleva en la China central y Huaihe significa ‘río Huai’. La barrera natural que conforman la cordillera y el río serviría como una separación que todavía es una referencia geográfica.

Lo que Zhang seguro no pensó es que el Gobierno de una China comunista se inspiraría en su línea para instalar calderas domésticas cuarenta años después. Es verdad que en las localidades del norte del país hace más frío que en el sur. Por ejemplo, la temperatura media en enero es de mínimas de −8 ºC de Pekín y de −24 ºC en Harbin, más al norte. Pero en ciudades debajo de esta línea, y por tanto no incluidas en la instalación pública de calderas, también se siente el invierno. En Shanghái, la mínima media en enero es de 1 ºC y en ciudades del interior como Wuhan de 0 ºC.

Desigualdad, contaminación y gas ruso

Aunque las políticas colectivistas se abandonaron en los años ochenta, la línea Qinling-Haihe todavía determina cómo calientan sus hogares los chinos. En el norte sigue extendido el uso de calderas de carbón, muy ineficientes y contaminantes. En el sur, los chinos ven más económico calentar el propio cuerpo que instalar calefacción privada para el hogar entero. Por ello han surgido desde calentadores de cuello a batería hasta mantas eléctricas de toda índole. También sábanas bajeras que calientan la cama para no pasar frío por la noche o la popular motomanta, una especie de edredón que se adapta a la forma de la moto para cubrir piernas y manos.

El Gobierno chino no ha impulsado políticas para instalar calefacciones en el sur. Por ello todavía es raro ver allí edificios que se calienten de manera centralizada . La implicación más evidente de esta frontera invisible es la desigualdad energética, además del impacto medioambiental. Un estudio publicado en 2009 en The American Economic Review sobre 76 ciudades del país evidenció una mayor concentración de partículas en suspensión generadas por carbón en las localidades del norte. Estas partículas, incluidas el dióxido de azufre o los óxidos de nitrógeno, son perjudiciales para la salud. De hecho, el 20% de las muertes prematuras por polución en China están relacionadas con el consumo excesivo de carbón en los hogares, que se da especialmente en el norte, según demuestra un estudio de Nature Communication.

La segunda implicación de este viejo modelo es el amplísimo nicho de mercado que se abre para Rusia, que en el último año se ha quedado sin sus compradores de gas europeos. Este proceso de gasificación de China está en desarrollo y puede suponer una gran alternativa para Moscú. En 2010, 170 millones de chinos, en especial los de la franja norte por su cercanía con Rusia, ya tenían acceso a la red de gas; en 2020 esta cifra alcanzó los 413 millones.

Los dos países firmaron en 2019 un acuerdo para que el gasoducto ruso Power of Siberia abasteciese a China y ya se está construyendo el Power of Siberia II. Ambos ganan con esta relación: Pekín consigue energía más limpia y eficiente, y Moscú burla las sanciones occidentales para vender su gas. Así, la frontera invisible que Zhang esbozó en 1912 perderá influencia con el tiempo para dar paso a un modelo energético que dibujará nuevas líneas: las de los gasoductos.

Jon Salvador

Donostia, 1998. Periodista, politólogo y máster en Política Internacional. Con la mirada siempre puesta en el Lejano Oriente: China, Corea y Japón. Me interesan los procesos de integración regional en Asia, los conflictos internacionales y los procesos políticos internos de estos países.