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No es el fin del mundo

Cada semana el equipo de El Orden Mundial analiza los temas que mueven la política internacional para intentar desentrañar cómo funciona el mundo.

Del gas ruso a la revolución verde: los modelos energéticos europeos

El debate sobre los modelos energéticos de Europa se ha vuelto especialmente urgente desde la invasión rusa de Ucrania en 2022. El shock energético provocado por el corte de relaciones con Rusia obligó al continente a replantearse su dependencia de proveedores externos y aceleró las discusiones sobre qué fuentes de energía deben sostener el futuro europeo. Con Estados Unidos convirtiéndose en adversario geopolítico, la Unión Europea se enfrenta a un desafío estratégico: cada vez tiene menos proveedores energéticos que también sean aliados políticos.

Esta cuestión sobre los modelos energéticos adquiere dimensión crítica en el contexto actual. En el episodio de esta semana de «No es el fin del mundo», en colaboración con Moeve, analizamos las distintas visiones, intereses y estrategias que conviven en el continente europeo. Desde el carbón polaco hasta la energía nuclear francesa, pasando por las renovables nórdicas, Europa es un mosaico de aproximaciones energéticas que dificultan la convergencia hacia un modelo común. Como exploramos en el podcast, cada región ha llegado a priorizar unas fuentes sobre otras por razones históricas, geográficas y políticas.

La herencia histórica de los modelos energéticos de Europa

Para entender las estrategias energéticas contemporáneas es imprescindible mirar al pasado. Durante la Primera Revolución Industrial, el carbón fue el rey indiscutible y aquellos territorios con yacimientos se convirtieron en polos industriales: las Midlands inglesas, el valle del Ruhr alemán, Asturias en España o el sur de Polonia. Europa era entonces autosuficiente energéticamente, una ventaja competitiva enorme que sostuvo su hegemonía global hasta la Primera Guerra Mundial.

Con la Segunda Revolución Industrial llegó el petróleo, y con él, la dependencia externa. Europa Occidental no producía crudo en su suelo, salvo Reino Unido y Noruega cuando descubrieron yacimientos en el Mar del Norte. Las potencias coloniales pudieron compensar esta carencia extrayendo petróleo de sus colonias, pero tras la descolonización el panorama cambió radicalmente. Solo la Unión Soviética mantenía abundantes reservas, lo que eventualmente convertiría al gas ruso en la columna vertebral del desarrollo industrial alemán décadas después.

El periodo de posguerra configuró tres grandes modelos que aún perduran: la Europa del Este bajo influencia soviética apostó por el carbón y el petróleo ruso para alimentar su pesada industria; Francia desarrolló un programa nuclear ambicioso tras la crisis del petróleo de 1973 que hoy genera el 70% de su electricidad; y países como Alemania, España o Italia optaron por mix diversificados entre nuclear y combustibles fósiles. Los modelos energéticos de Europa actuales son herederos directos de estas decisiones históricas, lo que explica por qué resulta tan complejo alcanzar un consenso continental sobre el futuro.

El mapa de la energía nuclear en Francia

Tres visiones contrapuestas en los modelos energéticos de Europa

Las estrategias actuales reflejan estas trayectorias históricas pero también muestran las tensiones del presente. Los países nórdicos representan el modelo renovable aspiracional: Suecia, Finlandia, Noruega y Dinamarca producen el 90% de su energía con fuentes renovables o de bajas emisiones, como analizamos en detalle en el episodio. La hidroelectricidad es su gran baza gracias a su geografía montañosa, mientras Dinamarca compensa su terreno llano con energía eólica. Noruega, paradójicamente, es uno de los mayores productores de petróleo del mundo al tiempo que electrifica masivamente su economía.

En el extremo opuesto está la Europa del carbón, con Polonia como máximo exponente. El carbón supone el 40% del esquema energético polaco y genera más de 100.000 empleos directos. Aunque la Unión Europea ha reducido a la mitad el uso de carbón en tres décadas, Polonia y otros países de Europa Central siguen dependiendo de este combustible para sostener su industria pesada. El plan era sustituirlo por gas y luego por renovables, pero la invasión de Ucrania desbarató esta transición.

Alemania representa un tercer modelo problemático: el de la dependencia del gas. Durante décadas construyó su competitividad industrial sobre gas barato ruso mientras cerraba sus centrales nucleares. Este equilibrio explotó en 2022, cuando el corte del suministro provocó una crisis energética de la que todavía no se ha recuperado. Hoy consume un 15% menos de electricidad que en 2017. Como discutimos en el podcast, la búsqueda de autonomía energética europea se enfrenta a múltiples obstáculos: la falta de una hoja de ruta común, las limitaciones técnicas de cada fuente renovable y la dependencia de combustibles fósiles en sectores como el transporte.

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