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No es el fin del mundo

Cada semana el equipo de El Orden Mundial analiza los temas que mueven la política internacional para intentar desentrañar cómo funciona el mundo.

El litio, el recurso del futuro

Bajo la corteza salada del desierto de Atacama se esconde lo que muchos llaman el oro blanco. El litio: el recurso del futuro que alimenta nuestros smartphones, ordenadores portátiles y, cada vez más, nuestros vehículos eléctricos. Este metal alcalino, el más ligero de su categoría y el que mejor almacena energía de toda la tabla periódica, ha pasado de ser un elemento secundario a convertirse en uno de los materiales más estratégicos del siglo XXI.

Conocido desde 1817, el litio permaneció en un segundo plano durante décadas. Su verdadero potencial se reveló cuando la industria tecnológica encontró en él la clave para desarrollar baterías recargables potentes y duraderas. Hoy, en plena era de la descarbonización y la transición energética, este elemento químico se sitúa en el centro de la geopolítica de los recursos naturales. En el último episodio de «No es el fin del mundo», analizamos por qué el litio se ha convertido en un recurso crítico, quiénes controlan su producción y qué desafíos plantea su extracción para el futuro del planeta.

De las baterías de Edison a los coches eléctricos: la revolución del litio

La historia del litio: el recurso del futuro está íntimamente ligada al desarrollo de las baterías. Aunque Thomas Edison fue pionero en incorporar hidróxido de litio a las baterías a principios del siglo XX, logrando aumentar su capacidad un 10%, el verdadero despegue de este material no llegaría hasta décadas después. El auge del petróleo relegó la investigación sobre baterías eléctricas a un segundo plano durante gran parte del siglo XX.

Sin embargo, la crisis del petróleo de 1973 marcó un punto de inflexión. El bloqueo de suministro por parte de los países árabes exportadores a los aliados de Israel disparó los precios y puso de manifiesto la vulnerabilidad de Occidente ante su dependencia energética. En ese contexto, empresas como ExxonMobil apostaron por explorar alternativas, lo que llevó al químico británico Stan Whittingham a crear la primera batería de litio recargable del mundo en los años setenta.

Los avances continuaron en las décadas siguientes. John Goodenough y Akira Yoshino perfeccionaron el diseño interno de estas baterías, haciéndolas más potentes y estables. Este trabajo, reconocido con el Nobel de Química en 2019, permitió que las baterías de litio se produjeran en masa desde los años ochenta y noventa. Primero alimentaron walkman y videocámaras, luego ordenadores portátiles y, finalmente, smartphones.

Pero el verdadero cambio llegó con la electrificación del transporte. Según la Agencia Internacional de la Energía, el 20% de los coches vendidos en 2024 fueron eléctricos, una cifra que podría alcanzar el 40% en 2030. China lidera esta revolución: uno de cada cuatro coches vendidos en el gigante asiático es eléctrico, fabricado por empresas como BYD, ya la mayor productora mundial. Este boom del vehículo eléctrico ha disparado la demanda de litio y ha convertido su extracción en una prioridad estratégica global. En el episodio profundizamos en cómo esta industria está redefiniendo la geopolítica energética.

El triángulo del litio, el salar donde se decide el futuro energético del planeta

El triángulo del litio y el dominio chino de la cadena de suministro

Las mayores reservas mundiales de litio: el recurso del futuro se concentran en Sudamérica. Bolivia, Argentina y Chile conforman el llamado «triángulo del litio», con más de la mitad de las reservas conocidas en salares como Uyuni, Atacama u Olaroz. Estas formaciones geológicas contienen salmuera rica en litio acumulada durante siglos bajo la corteza salina del desierto. La extracción consiste en bombear este líquido hacia piscinas donde se seca al sol, un proceso menos invasivo que la minería tradicional pero con su propio impacto ambiental.

A pesar de estas vastas reservas, el principal productor mundial es Australia, que extrae litio de roca mediante minería convencional. La mina de Greenbushes, en el sudoeste australiano, es la más grande del planeta. Sin embargo, Australia no procesa su litio: exporta las rocas a China, que domina el 80% del procesamiento global, la fase más contaminante que requiere moler, aplicar cambios térmicos y usar ácidos para aislar el elemento.

China ha construido una estrategia integral que abarca toda la cadena de producción del litio. Además de procesar el mineral australiano, explota sus propios yacimientos e invierte en proyectos en Argentina, Chile y Bolivia. Sus empresas, lideradas por CATL, fabrican el 80% de las baterías mundiales y proveen a gigantes como Tesla y Volkswagen. Por si fuera poco, China es también el mayor productor de coches eléctricos. Este dominio vertical coloca a Pekín en una posición hegemónica sobre la transición energética global.

Frente a esta concentración de poder, Europa y Estados Unidos buscan reducir su dependencia. Portugal produce cerca de 60.000 toneladas anuales en la mina Barroso, mientras España explora reabrir explotaciones en Salamanca y Cáceres. Sin embargo, proyectos como el del valle de Jadar en Serbia se han paralizado por el rechazo ciudadano ante el temor a la contaminación. En el episodio analizamos los retos medioambientales de la extracción de litio, desde el consumo de agua en los salares hasta los riesgos de contaminación en las minas de roca, y debatimos sobre el dilema que enfrentan las sociedades: ¿cómo equilibrar la transición energética con la protección del medio ambiente y las comunidades locales?

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