La nueva carrera espacial: ¿quién manda ahora en el espacio?
El cielo ha dejado de ser un escenario de cooperación pacífica para convertirse, de nuevo, en un tablero de competición entre potencias. Astronautas sobrevolando la cara oculta de la Luna, cohetes reutilizables chinos que imitan a SpaceX y misiones robóticas rumbo al polo lunar son solo algunos de los hitos que han marcado 2026 y que confirman que vivimos en plena nueva carrera espacial. Lo que antes parecía terreno exclusivo de la ciencia ficción es hoy una realidad que condiciona la seguridad, la economía y el poder de los Estados.
En nuestro último episodio de No es el fin del mundo repasamos cómo hemos llegado hasta aquí: desde la competición bipolar entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría hasta el actual escenario multipolar, en el que China desafía la supremacía estadounidense y las empresas privadas se han convertido en actores con agenda propia. Te contamos por qué esta nueva carrera espacial va a ser determinante para las próximas décadas y qué intereses hay detrás de la vuelta a la Luna, la mirada puesta en Marte y el auge de la economía en órbita baja.
De la competición bipolar al multilateralismo científico
La primera carrera espacial nació ligada al contexto bélico de la Segunda Guerra Mundial y se consolidó durante la Guerra Fría como una disputa por el relato: demostrar superioridad tecnológica, científica y militar sin llegar a una confrontación directa. La Unión Soviética se adelantó con hitos como el Sputnik o el vuelo de Yuri Gagarin, lo que empujó a Estados Unidos a responder con el discurso de Kennedy y, finalmente, con la llegada del Apolo 11 a la Luna en 1969. Aquella victoria simbólica marcó el final de una etapa, aunque no del interés por el espacio.
A partir de los años setenta, la inversión se redujo drásticamente y el enfoque cambió hacia la cooperación multilateral. Surgieron agencias como la ESA o la JAXA, y el gran símbolo de esta fase fue la Estación Espacial Internacional, un laboratorio compartido entre potencias antes rivales. Sin embargo, ese modelo de colaboración empezó a resquebrajarse con el deterioro de las relaciones entre Rusia y Occidente, acelerado por la guerra de Ucrania, y hoy se prepara su desmantelamiento en 2030. En el episodio explicamos con detalle cómo ese cierre de ciclo coincide con el nacimiento de una nueva carrera espacial marcada por actores muy distintos a los de hace sesenta años.
China, Estados Unidos y la privatización del espacio
El regreso de la competición tiene hoy dos grandes protagonistas: China y Estados Unidos. Pekín ha acelerado su programa espacial con hitos como el alunizaje en la cara oculta de la Luna, el desarrollo de su propia red de satélites y la construcción de la estación Tiangong, mientras prepara una misión tripulada lunar para 2030. Washington, por su parte, impulsa el programa Artemisa con el objetivo de volver a pisar la Luna, establecer una base permanente y usarla como trampolín hacia Marte. Analizamos en el episodio cómo esta rivalidad tecnológica reactiva ambiciones que parecían dormidas desde los años sesenta.
Pero la gran novedad de esta nueva carrera espacial es la irrupción de empresas privadas con capacidades y objetivos propios. SpaceX demostró que el espacio podía ser rentable gracias a sus cohetes reutilizables, abaratando el acceso a la órbita y abriendo paso a lo que hoy conocemos como la economía de órbita baja. Redes de satélites como Starlink, empresas de observación terrestre o estaciones espaciales privadas como la de Axiom Space son ya una realidad que convive, y a veces compite, con los programas estatales. En el episodio profundizamos en cómo esta privatización redefine el equilibrio de poder, qué riesgos plantea en términos de militarización y saturación orbital, y por qué la vuelta a la Luna es solo el primer paso de una carrera cuyo verdadero horizonte está en Marte. Te contamos todas las claves, con ejemplos concretos, en el episodio completo.
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